Aprendí a comprender a Diego y Frida en sus casas de San Ángel, cerca de Coyoacán, en la ciudad de México, después de convivir por 15 años con sus objetos, pinturas, documentos. Me tocó la fortuna de participar en el rescate de las casas y abrirlas como museo abierto al público. Fui fundadora y la primera directora del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, además de permanecer como titular desde el inicio del centenario del nacimiento de Diego Rivera, en 1986, hasta el año 2001.Descubrí obra olvidada, perdida y nunca documentada de Rivera en México, en su estudio, en colecciones particulares y en muchos países en el extranjero que ni la misma Raquel Tibol ni Teresa del Conde conocían. Hallé el mural extraviado Gloriosa victoria en el Museo Pushkin de Moscú y muchísimas obras y colecciones más, tanto de Rivera como de Kahlo.
Recibí la visita de cientos de personas que llegaban diciendo que habían encontrado obra en el closet o que le habían regalado obra a su abuelito y que querían saber cuánto valía. No querían vender su obra. El 99 % de los poseedores de obras nuevas de Diego y Frida, eran falsos. Lo comuniqué en su momento al INBA.
¿Cómo es posible que en Bellas Artes haya obra falsa de Frida?
Después de las declaraciones tanto del comité curatorial como de la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) se ha decidido no eliminar dichas obras ya que se confía en los co-curadores.
Considero necesario hacer las siguientes observaciones: cada vez que se organizan exposiciones en las que intervienen obras de autores considerados Monumento Artístico entre los que se encuentran Diego Rivera y Frida Kahlo, aparecen obras falsas.
Una duda razonable
El Retrato de Alejandro Gómez Arias es de buena factura. Dibujo cuidadoso en el que resalta que el manejo del color no se corresponde con las obras de la misma época de la Kahlo, así como tampoco corresponde la composición. El contraste entre la figura y el fondo plano es totalmente atípico. El manejo cromático de esta obra no coincide con la obra de esa época. Estos son elementos suficientes para dudar de la autenticidad de la obra.
Cabe la pregunta: ¿por qué Raquel Tibol, que es tan puntillosa, cuando la Galería Arvil cumplió su 25 aniversario en 1994 y presentó por primera vez el gran descubrimiento de una obra desconocida de Frida y elaboró un catálogo de la obra con el Retrato de Alejandro Gómez Arias con un texto del doctor Gerardo Estrada, en aquel entonces, director general del INBA, no hizo una oportuna llamada de atención?
En la sala dedicada al dibujo se encuentra el Retrato de Isolda. Esta obra presenta un rostro inclinado de una joven que mira de frente al espectador y que apoya la cabeza sobre su mano izquierda. Cabe aclarar que es un bosquejo, es decir, apenas iniciaba el dibujo, en el cual sólo aparece un trazo sumamente elemental sobre la cual esta apoyada la cabeza. El desdibujo de la mano llama la atención. Es tal su falta de consistencia como forma, que hace dudar que sea de una pintora que ya ha desarrollado toda una trayectoria en el dibujo. Independientemente de que ostente una firma, a todas luces es incoherente con el dibujo, ya que este es a lápiz y la firma fue hecha con tinta. Curiosamente con la misma pluma con que fue firmado el Retrato de Arcady Boytler. Estos también son elementos suficientes para dudar de la autenticidad de la obra.
*Historiadora del arte