Los bebés pueden diferenciar entre su propio idioma materno y una lengua extranjera con tan sólo mirar la cara de quien está hablando, según reportan investigadores de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá.Los científicos encontraron que los rostros que gesticulan al hablar son unos de los estímulos más importantes disponibles para los bebés, según reporta un artículo recientemente aparecido en la revista especializada Science, donde se estableció que los pequeños pueden discernir cuando una lengua diferente a la materna es hablada, mirando las formas y el ritmo de los movimientos de la boca y de la cara.
Con el fin de determinar si los bebés pueden diferenciar lenguajes con base en los movimientos faciales únicamente, Whitney Weikum, quien encabezó el estudio, mostró una serie de videoclips mudos que mostraban a franco-anglo parlantes bilingües recitando oraciones tomadas del libro El principito en cada lengua. Las imágenes duraban como máximo 16 segundos y se detenía su reproducción en caso de que el bebé dejara de interesarse durante más de dos segundos.
A cada grupo se le presentó una serie de videos sin sonido de tres locutores bilingües, que recitaron oraciones primero en inglés o francés, y después cambiaron a la otra lengua.
Sus resultados sugieren que los bebés de cuatro y seis meses prestan más atención cuando hablaban en su lengua materna.
Weikum indicó que el estudio comprueba que los bebés están preparados para identificar su idioma a través de la información visual.
Los investigadores hicieron pruebas en tres diferentes grupos de edades, de cuatro, seis y ocho meses, en hogares monolingües de habla inglesa, y dos grupos de edades de los infantes seis y ocho meses de hogares bilingües.
Los resultados indican que en el periodo comprendido entre los cuatro y los seis meses, los pequeños pueden discriminar visualmente su lengua madre de otra lengua que no es familiar.
Pero esta habilidad se deteriora alrededor de los ocho meses, que es cuando otras habilidades relacionadas con la percepción también disminuyen de alguna forma.
Los autores también descubrieron una excepción muy interesante: los pequeños bilingües notaron el cambio de lenguaje aún a los ocho meses.
Aunque existían diversos estudios sobre el papel que tienen los sonidos en el reconocimiento de una lengua por parte de los bebés, poco se sabía sobre el impacto de los estímulos visuales en este proceso, por lo que los resultados arrojados por estos estudios abren nuevos horizontes en el campo del entendimiento de la evolución cognoscitiva de los humanos a lo largo de su vida.