NUEVA YORK.- Un atardecer de nubes rosas, plateadas, color naranja y verde limón provoca fascinación en la audiencia de una galería de Chelsea. Acostumbrados a lo monumental y grandioso, los neoyorquinos parecían tocados por la simplicidad de la instalación montada por la artista mexicana Gabriela Galván en la exhibición Simple Magic, que se presenta en Manhattan."Esto es bello, inspiracional y divertido", dijo una de las asistentes levantando los brazos, como si abrazara el atardecer que Galván construyó en una pared con piezas de plástico. "Encuentro en estas obras mucha energía y poder", juzgó otro asistente al observar una serie de dibujos, un conjunto de líneas horizontales y llenas de color.
Galván explica el motivo de sus obras con una experiencia personal: ella, que siempre ha dibujado, no había podido terminar un trazo desde hace tres años. Entonces llegó a Nueva York y la percepción de los rascacielos y los ejércitos de gente que se mueve sin parar en las calles la llevó a poner los ojos en los detalles minúsculos que pueden pasar inadvertidos en esta ciudad. Galván comenzó a observar los atardeceres y el reflejo que la luz formaba por las mañanas en su ventana. La simplicidad de lo cotidiano le permitió volver a dibujar. "Lo más sutil y cotidiano que se vuelve poético y fuerte por estar ligado a la vida cotidiana puede resultar sorprendente", aseveró Galván, que recorría los pasillos de la exhibición metida en un simpático vestido color rosa mexicano ajustado con un cinturón chino formado con cierres y corbatas.
Galván (ciudad de México, 1974) estudió artes en La Esmeralda y sus obras se han exhibido en museos y galerías de Italia, España, Estados Unidos, Japón, Alemania, México, India y Suecia.
El año pasado vino a Manhattan invitada por la residencia artística del Instituto Cultural Mexicano de Nueva York y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Al término obtuvo otra residencia del Artist Network que le permitió continuar viviendo aquí.
Galván llegó a Nueva York con la idea de replantear su trabajo de artista y el proceso que la lleva a crear piezas. Dice que la ciudad le ha permitido sintetizar su trabajo y encontrar definiciones mucho más concretas a partir de la exposición diaria a la energía y la gran movilidad de La Gran Manzana.
"Deseaba someter el proceso de mi trabajo a otro ritmo y Nueva York, una ciudad llena de energía donde todo ocurre con frenesí, fue el lugar ideal".
En la exposición Simple Magic, que se presentará hasta el 16 de mayo, Galván pudo convertir la galería Haydeé Rovirosa de Chelsea en lo que los curadores han observado como "un realismo fantástico donde cada ángulo y espacio ofrece una nueva experiencia". En sentido contrario a Yo pequeño bajo una gota, una de sus anteriores exhibiciones (un cuarto con una pieza de siete metros de un animal parecido a un venado o un perro Chihuahua), en Simple Magic Galván se ha ocupado de llenar paredes y cuartos de la galería con piezas diminutas: un holograma en blanco y negro formado a partir de las sombras que la luz formaba en sus pies; unos cuadros de acrílico con círculos de color y reflejos que simulan burbujas, y la pieza más celebrada, el atardecer con nubes de colores en un muro desnudo.
"En esta exposición he querido hablar del tiempo. He intentado una metáfora a partir de la percepción de la luz y el paso del Sol y ese momento efímero en el que todo se transforma", dijo Galván.