NUEVA YORK.- El mito de Martín Ramírez, un mexicano nacido en los Altos de Jalisco que emigró a Estados Unidos en los años 20, ha vivido en Manhattan el último de sus capítulos: la exhibición de 97 de los dibujos que realizó en un hospital siquiátrico de California rompió récords de asistencia en el Folk Art Museum y llevó a los críticos más rigurosos de Estados Unidos a calificarlo como uno de los artistas más importantes del siglo XX."Ramírez -quien según los estudiosos de su obra nació en 1885 y murió en 1960- es simplemente uno de los artistas más importantes del siglo pasado", comentó Roberta Smith, crítica de arte para The New York Times. "Pertenece a ese grupo de genios irresistibles que incluye a Paul Klee, Saul Steinberg y Charles Schulz".
La revista The New Yorker también le otorgó una elogiosa crítica. Después de todo eso, el Folk Art Museum continuó recibiendo hordas de visitantes para ver la obra de Ramírez, cuya muestra se inauguró hace un par de meses.
"La de Ramírez es la exposición más visitada en la historia del museo. Ha roto récords de asistencia. Nunca nos visitó tanta gente", declaró Susan Flamm, encargada de comunicaciones en el Folk Art Museum, un importante espacio para el arte popular americano situado a unos metros del Modern Art Museum de Manhattan.
El éxito de Ramírez en Nueva York llevó al museo a extender la exhibición hasta mediados de mayo.
La vida de Ramírez es un misterio que con los años mutó en un mito que en Estados Unidos disparó el interés de los especialistas en su obra.
"Ahora mismo, cualquiera de sus dibujos es vendido en un cuarto de millón de dólares", comentó Víctor Espinosa, un profesor mexicano que ha dedicado una década a seguir las pistas de la vida de Ramírez en Jalisco y California.
Se sabe que llegó a Estados Unidos en 1925, en busca de trabajo para pagar un crédito con el cual compró una parcela en Jalisco, pero es un misterio la forma en la que fue recluido en un hospital siquiátrico, donde le fue diagnosticada una esquizofrenia catatónica sobre la cual Víctor Espinosa tiene dudas fundadas.
Pero después, todo se vuelve misterioso, cómo lograba esos trazos perfectos y obsesivos, esas curvas y líneas sucesivas que en su obra conforman escenarios que rodean a sus jinetes, vírgenes, trenes y mapas, los cuales pintaba con lo que podía reunir en su celda de enfermo mental: pedazos de crayones, lápices, carbón que obtenía de las puntas de fósforos quemados y hasta tinta para pintar zapatos que consiguió de un bolero negro que trabajaba en el DeWitt Hospital de California. Pintaba debajo de las mesas, escondiéndose de los enfermos mentales, y pasó años sin pronunciar una sola palabra.
Tarmo Pasto, un médico interesado en estudiar el arte en personas con desequilibrios mentales, fue quien lo descubrió. Convenció a las autoridades de no destruir sus dibujos, que eran quemados, porque los médicos pensaban que podían contagiar tuberculosis, enfermedad que sospechaban padecía Martín Ramírez.
Los temores de los doctores tenían origen en la técnica que el artista utilizaba para formar los pliegos en los que dibujaba: con una mezcla de saliva y papa pegaba memorandos médicos, hojas de cuadernos y láminas de papel para cubrir sillas de médico.
El mito que lo rodea fue creciendo con los años, alimentado por algunas versiones y circunstancias extrañas y sorprendentes: en Estados Unidos se le consideraba un outsider, uno de esos artistas que definen su obra sin influencias de las corrientes importantes de arte. En los año 80, sus dibujos fueron incluidos en una gran exhibición de arte hispano, pero el movimiento chicano lo vetó, incómodo por el éxito alcanzado por Ramírez, que había sido elogiado en un ensayo por el Nobel mexicano Octavio Paz.
"En México, Ramírez era en esa década, como hasta ahora, un artista mexicano casi desconocido", apuntó el especialista Espinosa. El mito creció después de una exhibición en ciudad de México que superó la asistencia de los visitantes a unas exhibiciones simultáneas de Picasso y Dalí, también en la capital del país.
De acuerdo con Espinosa, en Estados Unidos, en el mundo del arte, ahora es perceptible una fascinación por los dibujos del artista nacido en los Altos de Jalisco. El Museo Guggenheim de Manhattan posee 10 de sus obras, el resto de su producción está en manos de coleccionistas privados y dos dealers de arte neoyorquinos.
Después del éxito alcanzado por la exhibición del Folk Art Museum de Nueva York, la obra de Ramírez será presentada en Milwaukee Art Museum en junio, y en septiembre en el San José Museum de Sacramento, en donde Espinosa está tratando de reunir más de 100 dibujos para montar un altar de muertos en homenaje del misterioso Martín Ramírez.