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Cien años , un libro liberador: Ramírez

Sorprendido por el homenaje que García Márquez recibió en esta ciudad, el literato define al escritor colombiano como "un hombre que tiene la oportunidad de verse a sí mismo como clásico. "Hay escritores que tardan un siglo en volverse clásicos, y él, en cambio, está presenciando su coronación", apunta
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Héctor de Mauleón
El Universal
Viernes 30 de marzo de 2007

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.- Con el ensayo, Atajos de la verdad, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez (1942) acompaña la edición conmemorativa de Cien años de soledad. Se trata de un texto que rastrea la historia de lo maravilloso en el Caribe, territorio al que pertenece Macondo. "La maravilla -dice- comenzó cuando los conquistadores españoles oyeron hablar de gigantes más altos que los árboles, y de razas con lóbulos de las orejas tan grandes como para que cupiera en ellos un huevo de gallina. Hoy ese mundo sigue siendo patrimonio anónimo de los marginados de la riqueza, aventados al fondo de una sociedad injusta".

Sorprendido por el homenaje que García Márquez recibió en esta ciudad, el literato define al escritor colombiano como "un hombre que tiene la oportunidad de verse a sí mismo como clásico. "Hay escritores que tardan un siglo en volverse clásicos, y él, en cambio, está presenciando su coronación", apunta.

Ramírez, vicepresidente de Nicaragua tras el triunfo de la revolución sandinista, considera a Cien años de soledad como una de las novelas más importantes de su vida. Tanto, que se ha consagrado a apartarse de ella.

"Me di cuenta de que tenía en las manos un veneno mortal. Traté de buscar los antídotos necesarios para ese veneno, y el primero fue no volver a leer a García Márquez".

De hecho, no volvió a saber de este escritor hasta 1975.

"Estábamos conspirando contra el régimen de Anastasio Somoza y lo fui a buscar a Bogotá para pedirle una gestión que había que hacer frente a Carlos Andrés Pérez. De ahí que nuestra amistad haya surgido de una conspiración".

-¿Gabriel García Márquez fue un conspirador?

-Siempre ha sido un conspirador muy gustoso. Entró inmediatamente en la conjura. Yo le dije que teníamos mil 200 hombres sobre las armas y no era cierto. No había ni 60. Creyó, y nos ayudó. Más tarde me reclamó mi mentira. Le contesté: "A ti te creímos también cuando nos dijiste que eran 30 mil los muertos por la represión del ejército".

-¿Qué ocurrió después?

-¡Que ganamos! Y en el año de 1979 intregré la Junta de Reconstrucción Nacional.

-¿Se reconcilió con los libros de García Márquez?

-Vi cómo ese libro perdía a una generación entera de escritores latinoamericanos, que fueron destruidos por su poder, y cayeron en la burda imitación. Pero tiempo después lo leí, ya más seguro de mi propio camino, y descubrí la condición liberadora que tiene Cien años de soledad.

-¿Qué opina ahora?

-Que sigue vigente, que el ámbito del mundo rural no ha fenecido en América Latina, y es precisamente el que le da su grandeza. Frente a la pretendida modernidad, podemos leer esa novela y reconocer a América Latina, tal como sigue siendo: esencialmente rural en su cultura.

-Sin embargo, hay en nuestro tiempo una reacción contra el boom.

-La reacción es natural, pero imposible: inauguró formas nuevas de escribir en América Latina, donde la literatura estaba cercada y reprimida. Toda la modernidad de la literatura anglosajona entró a través del boom. Por otro lado, la literatura latinoamericana sigue regada por el mismo río secreto, porque está ligada con la historia pública. Primero fueron las dictaduras, las represiones, las guerrillas. Hoy es el narcotráfico, las grandes migraciones, la corrupción gubernamental. Entre nosotros siempre está presente la historia pública: no veo la posibilidad de una escena intimista, porque una escena de alcoba está teñida por los ruidos de la calle, los ruidos, los balazos, la explosión pública. Es parte de la anormalidad de nuestra historia.



 

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