M ADRID.- El escritor colombiano Dasso Saldívar (Antioquia, 1951) ha dedicado más de 20 años de su vida a investigar la figura de Gabriel García Márquez. Cuando tenía 17 años vio en el tablón de anuncios del Liceo Antioqueño de Medellín en el que estudiaba, una crítica de un periódico alemán sobre Cien años de soledad . A Saldívar no le llamó la atención el que se dijera que era una novela de genio, sino una fotografía en la que aparecía García Márquez despeinado, sin corbata y muerto de la risa. La imagen que él tenía de los escritores era la de hombres hieráticos, bien vestidos, con el cabello engominado y escoltados por estanterías llenas de libros.El joven decidió comprar un ejemplar de Cien años de soledad, y fue tal el interés que se le despertó por saber más de aquel hombre que había redactado la que él consideraba la novela más hermosa y mejor escrita en lengua española, que comenzó a investigar sobre su vida. Para ello viajó a Aracataca, localidad natal de Gabo, y más de 20 años después, en 1996, publicó El viaje a la semilla (Alfaguara), la primera biografía del novelista colombiano traducida a 12 idiomas, entre ellos, el chino y el mandarín.
Residente en España desde hace más de 30 años, Saldívar habla con EL UNIVERSAL de la figura de Gabo antes y después de publicar Cien años de soledad; de México, "el país en el que encontró el tono para escribir la novela"; de lo que le influyó la obra de Juan Rulfo, y hasta de la amistad entre el colombiano y Fidel Castro, una relación en la que, según Saldívar, "hay una trasmigración vocacional, y el escritor desearía ser el político y el político el escritor".
-Usted ha dicho que Cien años de soledad es la novela más importante y universal de la lengua española después de El Quijote. ¿Por qué?
-Cualquiera que se mueva en una dimensión mínimamente cosmopolita sabe esto. Hace poco un grupo de 120 intelectuales, entre los que están Stephen King y Salman Rushdie, escogió los 20 libros de ficción más importantes de la historia de las letras, y El Quijote y Cien años de soledad son las dos únicas obras de nuestra lengua que aparecen en lista. Inmediatamente, el diario La República de Italia quiso saber cuál era el orden de preferencia de las obras escogidas entre sus lectores, y la novela de García Márquez quedó en primer lugar por delante de La Odisea, Crimen y castigo, La guerra y la paz y El Quijote. Según me cuentan mis traductores y editores chinos, el periódico Lectura China hizo una encuesta en 2003 entre escritores e intelectuales chinos, y salió que Cien años de soledad es la novela más leída en China del siglo XX.
-García Márquez ha dicho que en México sintió la inspiración definitiva para escribirla. ¿Qué encontró en ese país?
-A diferencia del cuento o de la poesía, la novela no es una cosa de inspiración momentánea, sino de inspiración lenta, o, como dijo Faulkner, es un proceso de 90% transpiración y 10% inspiración. Cuando García Márquez llega a México, en julio de 1961, ya llevaba 13 años intentando escribir Cien años de soledad, lo que quiere decir que esa obra él la hubiera escrito estuviera en el país que estuviera. Lo que le hacía falta era un marco apropiado y terminar de atar o de encontrar algunos cabos sueltos, y esto es lo que le proporcionan México, su cultura y sus escritores e intelectuales. Los hechos más importantes en este sentido fueron el haber podido trabajar en el cine mexicano con destacados escritores y cineastas, como Carlos Fuentes y Luis Alcoriza, y el encuentro con la obra de Juan Rulfo.
-Gabo tuvo que estudiar a fondo la obra Pedro Páramo para escribir un guión, lectura que le inspiró para escribir Cien años de soledad. Pero, ¿qué fue lo que le inspiró exactamente de esa obra?
-Creo que más que una influencia, se trata de una coincidencia de tono y de concepción. El tono que encuentra García Márquez en Rulfo es el mismo que él había visto en Sherezada, en Kafka y en su abuela, Tranquilina Iguarán Cotes, pues todos ellos cuentan las cosas más increíbles con absoluta naturalidad, con "cara de palo", como le gusta decir al escritor colombiano. Pero, el problema del tono, que García Márquez definió como el problema mayor para escribir su novela, ya él lo venía resolviendo de forma natural en sus novelas, cuentos y reportajes anteriores. Desde el punto de vista de la concepción, él venía buscando a tientas, como sólo es posible hacerlo en la creación, un modo de hacer que los muertos se pasearan por el mundo de los vivos como Juan por su casa. Así, cuando lee que en Pedro Páramo todos los personajes están muertos, que son muertos vivientes, esto debió de ser una conmoción muy positiva. Pero entonces, da otra vuelta de tuerca, y concibe un mundo no sólo donde los muertos viven, sino donde estos conviven de forma natural con los vivos.
-¿Qué cualidades tiene Cien años de soledad para que haya logrado influir de manera tan determinante a los escritores de su generación e incluso a las posteriores?
-Toda gran novela, toda gran obra de arte, refunda el género en que se inscribe, de tal manera que recoge la tradición de ese arte y a la vez formula nuevas aperturas para el mismo. Ocurrió con El Quijote, ocurrió con Moby Dick, con La guerra y la paz, con En busca del tiempo perdido, con Pedro Páramo. María Luisa Elío me contó que cuando ella y su marido Jomí García Ascot le hablaban a sus amigos de la novela que estaba escribiendo su amigo Gabo, decían: "Gabo está escribiendo el Moby Dick de América Latina". Para otros es La Odisea, el Amadís o El Quijote de América Latina.
-¿Cuándo nace y en qué se basa la relación tan estrecha que ha mantenido hasta ahora García Márquez con Fidel Castro?
-Creo que basa en una fascinación mutua. Siempre he pensado que en esta pareja de amigos ha ocurrido lo mismo que entre Charles de Gaulle y Malraux, es decir, se trataría de un caso de transmigración vocacional, en el que el político desearía ser el escritor y éste, el dirigente político. No me cabe la menor duda. Luego, hay una infinidad de paralelismo y coincidencias en sus vidas: los dos son del Caribe, los dos descienden de gallegos, los dos son grandes patriarcas en su propio terreno, los dos son los personajes más famosos de América Latina, los dos son grandes lectores, les encanta la culinaria, son muy sentimentales, etcétera. Una vez Álvaro Mutis, que está en las antípodas de Castro y que no aceptó una invitación de su amigo para conocer a El Comandante, me dijo: "Ponle cuidado a esa amistad, que ese par de amigos se quieren de veras, independientemente de la cosa política".
-¿Cómo cree que le gustaría al escritor celebrar los varios aniversarios que se conjugan este año en su vida?
-Teniendo en cuenta lo que sé de él, puedo aventurar una respuesta: creo que le gustaría celebrarlo entre su familia y algunos amigos. El no es de grandes multitudes y de celebraciones públicas, pues su timidez se lo impide. El es un escritor muy feliz al saberse leído por millones de lectores en todos los idiomas, pero siempre ha preferido que el protagonismo sea de sus obras, para él poder permanecer en un segundo plano, cosa muy difícil dada la resonancia universal que tiene todo lo que hace y dice o deja de hacer y de decir.