Una acusación absurda
Las acusaciones que recientemente se han dirigido hacia Francisco Toledo en relación con la creación del Centro de las Artes de San Agustín (CASA) no tienen fundamento.
Tiene razón el escritor Da Jandra cuando dice que esta acusación es fruto del clima que vive el estado de Oaxaca. Yo diría que el país.
En otro contexto, local y nacional, esta iniciativa debiera estar valorada, apoyada y proyectada como prioridad cultural y económica, dada su reconocida trascendencia ya no digamos local, sino nacional e internacional.
Acompañé y colaboré con Francisco Toledo durante más de cuatro años en el diseño, restauración y creación de ese proyecto. Conozco los procesos internos y externos por los cuales se creó dicha iniciativa y también los pendientes, uno de los cuales -y tal vez el más importante- es el ordenamiento jurídico de la entrega de los inmuebles y otorgar personalidad jurídica al Centro, para dar certeza del destino de ellos, lo cual hasta el momento no está resuelto dada la conflictiva política en el estado y los vaivenes por los que ha pasado el Centro Nacional de las Artes, situación por fortuna ya en perspectiva de solución.
Decidí escribir estas líneas más que limitarme a firmar la carta de apoyo al pintor -que está circulando-, porque consideré que era una obligación ética contribuir a la clarificación del asunto.
La importancia del CASA
En España, Holanda, Estados Unidos y otros países que he visitado en el tiempo que tengo fuera de la administración pública, ese centro es reconocido como un modelo digno de seguir porque está definido bajo nuevas orientaciones de política cultural y artística. Ese centro tiene el potencial de transformar el municipio y la región, a partir de una estrategia de relación entre el arte, la comunidad y el medio ambiente, en un proyecto de gestión de la cultura y del arte que privilegia su vínculo con el desarrollo sustentable. ¿Habrá la comprensión de ello algún día en México?
Desde sus inicios, la creación del CASA tropezó con diferentes obstáculos de orden administrativo y de gestión por parte de los gobiernos estatal y federal, los cuales, a pesar de la buena voluntad de los titulares, no siempre estuvieron en condiciones de responder en tiempo, forma y cantidad al desarrollo del proyecto. En más de una ocasión, el CASA avanzó más por la entereza y la convicción -especialmente de Francisco Toledo y de quienes trabajábamos en la concepción y desarrollo del proyecto- que con las aportaciones económicas de ambos gobiernos.
Primero San Agustín
Nunca hubo alguien más preocupado que Francisco Toledo respecto de la orientación del proyecto. Desde la primera vez que hablé con él para discutir el destino del inmueble, él subrayó la condición fundamental de que ese centro no contaminara el agua que nace en esa región fundamental para la biodiversidad de Oaxaca. Fue esa postura del artista, ampliamente conocida internacionalmente, la que me hizo abrir en el Centro Nacional de las Artes una investigación que duró más de dos años, para buscar alternativas no contaminantes para la fotografía blanco y negro y la gráfica tradicional. En ella participaron muchos artistas mexicanos y extranjeros.
En una ocasión visité San Agustín acompañada por un asesor del secretario de Medio Ambiente para que esa secretaría se involucrara en el proyecto. El funcionario, bien intencionado, habló de la necesidad de declarar la zona como fábrica de agua para recibir incentivos, y también de que había que sustituir los eucaliptos por especies nativas. El funcionario nunca regresó porque lo despidieron. El proyecto durmió en esa secretaría el sueño de los justos, en manos del sucesor, pero a mi siguiente visita, Toledo ya había comenzado a sembrar los árboles con sus propias manos.
También fue el primero en subrayar la importancia de involucrar a la comunidad en la restauración y en que no se trajeran trabajadores de otras zonas para la prolongada restauración que encabezó Claudina López, la arquitecta quien, como obra de tequio (colaboración comunitaria), trabajó durante varios años sin recibir un salario.
*Antropóloga