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"No he avergonzado al niño que fui": Saramago

El escritor José Saramago recupera los recuerdos de su infancia en su más reciente libro Las pequeñas memorias
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El Universal
Miércoles 10 de enero de 2007

MADRID (EFE).- José Saramago tiene 84 años pero conserva muy nítidos los recuerdos de su infancia, tanto que los ha recreado en su más reciente libro, Las pequeñas memorias, en el que deja claro: "He intentado no hacer nada en la vida que avergonzara al niño que fui".

"Siempre he llevado dentro al niño que fui y, ahora, ese niño sigue teniendo para mí la misma importancia que tenía cuando se encontraba solo en la mitad del campo, mirando las cosas y descubriendo el mundo", afirma Saramago en entrevista.

Su nueva obra llegará a las librerías españolas, publicada por Alfaguara, el 24 de enero próximo y a las de Hispanoamérica hasta febrero.

Como en otros libros de Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, en éste también hay emoción, humor, ternura y fina ironía.

Pero, subraya, "no hay ninguna ficción", porque el autor ha procurado "definir los hechos con la mayor claridad posible" y ha hecho "lo posible para que la literatura no entrara en este libro".

"Todo lo que yo cuento ocurrió", asegura el escritor, que en este libro recrea sus primeros 15 años de vida.

"Es cierto que hay momentos de mi infancia que estaban un poco ocultos bajo las capas del tiempo, pero con la memoria sucede algo interesante: cuando uno se preocupa por recordar, uno se da cuenta de que sabía mucho más de lo que creía y situaciones que parecían totalmente olvidadas surgen con una nitidez como si hubieran ocurrido ayer", destaca Saramago.

El poder reconstructor de la memoria le ha permitido evocar su infancia en Azinhaga, el pequeño pueblo donde nació en 1922 y en el que echó raíces, pese a que sus padres emigraron a Lisboa cuando él tenía menos de dos años.

De niño y adolescente volvió con frecuencia a su pueblo natal y por eso le ha sido fácil recordar el paisaje que lo rodeaba, los largos paseos por los dos ríos más próximos, el Almonda y el Tajo.

Rememora, así, las horas que pasó pescando, a veces en vano, aunque quizá no lo fuera tanto porque, sin darse cuenta, iba "pescando cosas" que en el futuro serían importantes para él: "olores, imágenes, sonidos, brisas, sensaciones".

El poder de la memoria le ha permitido también evocar la relación que mantuvo con su familia y con sus amigos; sus primeros éxitos en el colegio, donde fue un niño aplicado hasta que se cansó de serlo; su iniciación en la sexualidad y la escasa afición que mostraba por la religión ya desde chico.

"Déjate llevar por el niño que fuiste". Con esa cita del Libro de los consejos, inventada por Saramago, como otras que menciona al principio de sus obras, comienzan Las pequeñas memorias, traducidas del portugués por su esposa Pilar del Río.

¿Y cómo era ese niño? "Era un niño muy tranquilo, que no tenía caprichos. He sido siempre eso que se suele llamar un niño bueno, que acataba lo que decían los mayores; no era humilde, pero era respetuoso y, por encima de todo eso, era muy callado, me gustaba estar solo", dice.

"Un niño que necesitaba amor, y no es que no lo tuviera, pero él necesitaba que se expresara más el amor que hay en la familia; cuando lo hay, claro".

Recordar no siempre es grato, y en más de una ocasión el escritor ha dudado si incluir o no en el libro algunas vivencias dolorosas, como el injusto bofetón que su padre le propinó en una ocasión o "los malos tratos frecuentes" que éste infligía a su madre.

Al futuro novelista, "atónito y asustado testigo de algunas de esas deplorables escenas domésticas", le sirvieron de vacuna. "Jamás he levantado la mano contra ninguna mujer", asegura.

Saramago sentía un gran cariño por sus abuelos maternos, Josefa y Jerónimo, que protagonizan algunas de las páginas más emotivas del libro.

Entre ellas destacan las dedicadas a su abuelo, que llevó una vida "difícil, de privaciones, de ignorancia" y, no obstante, era "un hombre sabio, callado, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto".

Y añade en la entrevista: "Si has tenido la suerte de tener un abuelo así, hay que agradecérselo a la vida", dice el escritor.



 

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