Ma. Elena Matadamas
El Universal
Martes 28 de noviembre de 2006
GUADALAJARA, Jal.- En el homenaje al decano de los escritores andaluces, Francisco Ayala, el poeta José Emilio Pacheco dijo que llegamos a la era de la novela Nescafé, la Mac-Novel y la Kentucky Fried Novel, por lo que el XXI va a ser el siglo de la novela corta, donde el escritor granadino "es el gran maestro hispánico".Fue un encuentro de amigos y lectores de la obra del ensayista y novelista español de 100 años de edad, quien no pudo viajar a México para asistir a la FIL, que tiene a Andalucía como invitada de honor. La que sí estuvo presente fue su esposa, Carolyn Richmond, además del premio Nobel de Literatura José Saramago y Luis García Montero.
Ante un auditorio masivo, Pacheco habló de la supremacía de Ayala en ese territorio de la literatura que se expresa desde sus primeras obras. De tal manera, libros como Los usurpadores y La cabeza del cordero no son cuentos, "son conjuntos de novelas cortas, un género absolutamente maravilloso que ha producido obras maestras. Pero hay otra supremacía de Ayala en la literatura, según Pacheco, "es uno de los maestros de la prosa, de los mayores prosistas del español moderno".
Pacheco destacó que Los usurpadores y La cabeza del cordero sean de 1949, comienzo de la llamada "nueva literatura hispanoamericana", cuando aparecieron El Aleph de Borges, El reino de este mundo de Carpentier, Varia invención de Arreola y Libertad bajo palabra de Paz.
José Emilio Pacheco agradeció la bondad extraña que tuvo el mismo Francisco Ayala de presentarlo como "uno de sus más antiguos amigos", y a lo que él correspondió diciendo "su obra y figura han sido decisivos en mi vida y en mi trabajo".
Pacheco reconoció a Ayala como un autor con 81 años de producción incesante, desde su primer libro hasta El Jardín de las delicias, que es nuestra tradición viva y recoge la vida del siglo y la aventura de la narrativa en nueve décadas.
Se trata de un escritor precoz y a la vez tardío que rompe con varias leyendas: como que la carrera del novelista dura 12 años y las obras maestras se escriben a los 28 años; que los escritores no deben ser científicos ni profesores, pues ello les resta espontaneidad; que la literatura española es pobre en memorias y autobiografías, y que el exilio puede ser bueno para los poetas, pero se sostiene con los novelistas.
El mexicano concluyó su intervención al declarar a Francisco Ayala "es el más granadino de los granadinos, el más andaluz de los andaluces, y el más español de los españoles, y al mismo tiempo hispánico".
En su momento, Luis Montero, moderador de la mesa, recordó que en 1942, Francisco Ayala había publicado en México El problema del liberalismo en el FCE, y poco después, en El Colegio de México, El ensayo de la libertad, y consignó que en la abundante correspondencia entre el autor y Max Aub en los 50, los amigos hablan de un joven poeta mexicano, José Emilio Pacheco, como el que mejor está reseñando y mejor ayuda está prestando a los exiliados españoles, mención que agradeció con modestia el mexicano.
La evocación afectiva de Saramago estuvo dirigida a subrayar la lucidez con que el homenajeado mira al mundo y la forma en que el tiempo, las circunstancias y el lugar siempre se encontraron en su obra y en su vida literaria, no sin lamentar que en el homenaje "no hemos podido disfrutar la presencia, palabra y figura juvenil de Ayala".
"Ayala regresó a España en el 76, tenía 70 años, era joven, pero se encontró en una situación inmerecida: teniendo su obra la importancia que tenía, el reconocimiento internacional y mérito literario, en ese lugar fue valorado muy por debajo de lo que justo".
El andaluz Carlos Castilla del Pino habló de cómo el fenómeno del exilio marcó a Ayala y se expresa en aspectos como su desapego de los objetos y a no querer ligarse afectivamente con las personas.
Saramago destacó el pudor de Ayala, esta actitud de "lo mío es para mí y no para darlo en las calles o como fruto del chismorreo. Esto se demuestra también en su libro La cabeza del cordero, que podía ser un buen pretexto para que hablara de su exilio, pero prefiere hacerlo del de los moriscos de España. En este punto reiteró que "nos equivocamos cuando hablamos de ex exiliados, porque no los hay. Quien regresa de un exilio seguirá siendo exiliado".
La esposa de Ayala, ubicó su comentario en ese contexto, cuando dijo que el exilio provocó una especie de encantamiento, por lo cual, durante dos décadas, el escritor no pudo publicar en su país, lo hizo en Argentina y México . "Luego vino un proceso de recuperación, pero el alfiler todavía está puesto, es el sino de los exiliados que se separan de su país. Pero este año, 2006, ha sido el de la oportunidad, el de descubrirlo para la mayor parte de los lectores, pues es más conocido en su país por salir en la tv que por sus libros. Ahora la gente comienza a leerle y el encantamiento, pienso yo, está deshaciéndose finalmente".
Al respecto, Saramango apuntaría "el presente está preparando un futuro mucho mejor para Francisco Ayala. Es una justicia que llega tarde, pero mejor tarde que nunca. Los venideros disfrutarán de un gran escritor y de una gran obra, que es la de él, que debería estar aquí".