![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
Es perfectible iniciativa de Ley del Libro
Sandra Licona La promotora del programa para Leer en Libertad, Paloma Saiz, habló de que si la ley todavía no está votada de manera definitiva "es posible hacerle modificaciones para que realmente sirva". Mencionó que sería importante que contemplara "apoyos para las traducciones", así como un mecanismo que impidiera la destrucción de miles de libros que las editoriales conservan como saldos e implementar ferias de descuento, "entonces podremos tener una Ley del Libro en serio". Y mientras Inti Muñoz habló de promover a nivel legislativo la exención cultural, y Pérez Motta insistió en que "los países con precio libre registran precios al consumidor más bajos para los libros", el editor Jorge Velasco se refirió a uno de los puntos más controvertidos de la ley. Habló de que el precio único para el consumidor debió tratar el descuento único para el librero, que es la manera de conseguir equidad, así el librero pequeño y el grande venderían el libro al mismo precio. Por su parte, Alberto Ruy Sánchez reconoció que tanto el precio único como el sistema de precios inflados, "son instrumentos igualmente perfectibles, que tienen sus defectos y ventajas". Pero agregó que "desde que se dio la guerra de descuentos, los grandes almacenes piden hasta el 70%; entonces, para un libro que estaba en el mercado a 100 pesos, los editores empezaron a inflar su precio para complacer el gran descuento y lo pusieron a la venta en 300 pesos, incluyendo a las pequeñas librerías, y luego hablan de un 50% menos. Entonces, un libro que costaba 100 al público, con ese descuento, aparece a 150 pesos por una inflación artificial". "Nuestra amiga Consuelo Sáizar -directora del Fondo de Cultura Económica- me dijo que si Sanborns le pide 52% en lugar del 30% que piden todas las librerías, ella tiene que fijar el precio en función de ese 52%. Es la práctica del mercado libre, no está regulado en la ley. Es una práctica que se ha vuelto viciosa". Por revertir el veto En este sentido, Marcelo Uribe, editor de Era, apuntó que la situación actual de las librerías es crítica, "semejante a la del acceso a la educación superior", y que esta medida es perfectible, siempre y cuando se pueda sacar adelante: "Si no rompemos el veto vamos a pasarnos mucho tiempo más con la misma situación". En este orden de ideas, Eduardo Pérez Motta insistió en que la Cofeco tiene la obligación de hacer cumplir la promoción de la competencia en los mercados y la libre concurrencia, y explicó que la propuesta de precio único del libro, "más no la ley, con la que coincidimos prácticamente en todo", va contra el artículo 28 de la Constitución, que concretamente prohíbe acuerdos entre productores y ventajas exclusivas, "porque ambos dañan a los consumidores, en este caso a los lectores. "Por otra parte, al prohibir los descuentos a los consumidores se reducen los incentivos de los editores y de los libreros para eficientar sus operaciones y para ofrecer mejores condiciones a los lectores, al final del día los grandes distribuidores van a seguir teniendo mayores márgenes, negociarán mejores condiciones que los libreros pequeños, desde el punto de vista económico no se resolverá el problema". El artículo 28 El editor Tomás Granados, aclaró que "quienes apoyamos la ley no estamos promoviendo acuerdos entre particulares, como ocurrió en Inglaterra, donde había un acuerdo entre productores y vendedores, aquí no se trata de que cada editor llegue a un acuerdo con los libreros, queremos que sea una ley para no violar el principio constitucional del artículo 28, que establece una excepción a los derechos de autor, aventurémonos a un camino cuya evidencia empírica en otros países es auspiciosa". Alejandro Sandoval agregó que el artículo 28 dice que no se considerarán prácticas monopólicas los privilegios que se les otorguen a creadores y científicos. Además agregó que estamos ante una "técnica jurídica" mal empleada, y que "el precio único está anclado en la Constitución". Aunque Humberto Musacchio reconoció la "buena voluntad de los interesados en promover esta ley para aumentar los índices de lectura en nuestro país", aseveró que el problema está en de qué manera se beneficia al consumidor si ahora el libro va a tener el precio máximo, si no habrá más descuento, si no hay la posibilidad de comprarlo más barato. "Ese precio único será el que se fije desde la editorial, sin descuento algunos, para el consumidor último, pero sí para el librero, para las grandes cadenas libreras, sobre todo, el descuento será diferenciado, las pequeñas librerías seguirán recibiendo las migajas como hoy y en cambio las grandes cadenas, las más eficientes, van a seguir recibiendo un descuento mucho más grande". Diferentes lectores María Ortega, del Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, dijo no estar de acuerdo en que se ponga como ejemplo la viabilidad del precio único en países como España, Alemania y Francia, porque "nuestras realidades en el número de población y geográfica son abismalmente distintas. "Las diferencias son enormes -explicó-, empezando por los lectores: Francia tiene 92% de lectores y su provincia es muy diferente a la nuestra, sobre todo en distancia y vías de comunicación, no obstante el gobierno de ese país subsidia en 5o% el transporte de libros, cosa que nosotros no tenemos, además que tiene establecidas en su ley tarifas preferenciales para el transporte y envío de libros impresos. "Nosotros estuvimos hablando con productores de la industria gráfica, litógrafos, todos ellos no fueron consultados para determinar esto y son parte importante de la cadena del libro. "El precio fijo es parte de una estrategia que tiene muchas otras cosas; por ejemplo, gozan de tarifas de impuestos preferenciales para la producción de la industria del libro nacional, es el caso Colombia y España; ellos tienen tarifas preferenciales postales, cosa que tampoco tenemos." Agregó que en esas naciones "hay todo un conjunto de acciones y de políticas favorables al libro. Ellos revisaron sus legislaciones en materia de derechos de autor y el propósito de estas leyes del libro es impulsar la producción nacional, porque le dan un estatus distinto al que puede tener cualquier otro producto." Jorge Velasco se sumó a la opinión de Ortega y agregó que él conoce muy bien esta ley porque la han promovido desde la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana desde 1996, "cuando la echó abajo la diputada María Rojo desde el Congreso de la Unión. "Ahora también tenemos una muy buena ley, sólo que con un pequeño defecto: el precio único, con el que los grandes libreros seguirán siendo más grandes, y los pequeños libreros se harán mucho más pequeños". Reformas fiscales En el tema de las exenciones fiscales, Alejandro Sandoval opinó que es prácticamente imposible incluirlas en esta ley porque la desecharían de inmediato, que los incentivos fiscales tienen que darse por otras legislaciones, como sucedió en la industria cinematográfica, modificando distintas leyes. Sobre los márgenes de las librerías que hoy tienen más descuento, Marcelo Uribe explicó que en el sistema inglés actual el diferencial de descuento va desde el 70% hasta 35% después de la liberación (del precio único), "en el sistema francés el promedio es 38% y va de 35% a 40%, es decir, en el sistema de precio único el margen de descuento tiende a aplastarse porque se elimina el precio como elemento de competencia y entran en juego otros factores, lo cual en el mediano plazo genera una baja de precios al público. "La tendencia es democratizadora, nosotros tenemos un sistema hoy que discrimina a 90% de la población que paga una multa por no comprar en Gandhi, al eliminar ese diferencial de descuentos de los grandes y apretar las diferencias de descuento que se dan, se genera una democratización", insistió. En una ronda de reflexiones finales, el ex legislador perredista Inti Muñoz habló de que "tenemos que apostarle a medidas de excepción que alienten el crecimiento del desarrollo cultural construido por los ciudadanos". Mientras, Eduardo Pérez Motta señaló que "sería prudente promover esta ley de inmediato, quitándole el apartado de precio único y sacarla y entrar después a la discusión de dicha medida. "Los países donde está libre el precio los costos son más bajos. Es cierto que en países como España, Alemania y Francia los precios están por debajo de la inflación, pero están mucho más abajo en Estados Unidos y Canadá, y en el caso de Inglaterra están en el mismo nivel". Como director de la revista Artes de México, Ruy Sánchez advirtió que "el primero que aceptó mi política de precio único fue Mauricio Achar, de Gandhi, y Artes de México cuesta lo mismo en todos los puntos de venta del país. Mi ganancia es mínima, pero tengo un círculo de lectores en todo el país. "No me importa tener razón, debemos hacer algo para solucionar la situación actual, yo no sé, a nosotros se nos ocurrió el precio único, tuvimos muchas asesorías, nacionales, internacionales y de todo tipo... es un instrumento. Si no sirve hay que buscar el adecuado, no tratemos de tener razón". Finalmente, Humberto Musacchio aseguró que lo más prudente sería "abandonar esta Ley de Libro y elaborar una nueva, perdónenme ustedes; pero creo que tiene demasiados agujeros, y ese nuevo proyecto debe incluir, por supuesto, los beneficios a la industria editorial, a los libreros, desde luego que a los lectores, pero también a los autores porque ocurre que somos los escritores los que hacemos los libros y somos los únicos que no estamos incluidos en esta ley".
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V. | ||