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| Vocación teatral a prueba de balas Desde hace cinco años la policía Alejandra Álvarez recrea en una obra la lucha contra la intolerancia que a diario padece en su oficio
Sandra Licona Pero un día se convirtió en actriz y el próximo miércoles celebrará en el Teatro Helénico cinco años de protagonizar el monólogo De poli a diva... y de regreso, escrito y dirigido por Arturo Morell. La obra, que se ha presentado en los más variados escenarios, desde una oficina de gobierno hasta otros agrupamientos de la policía en el interior del país, narra de forma tragicómica la historia de esta mujer, prototipo trabajadora y luchadora, que ha sufrido discriminación, acoso e intolerancia desde su casa y en otros ámbitos de la sociedad. Alejandra Álvarez, quien tiene el grado de sargento en el Agrupamiento Femenil de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del Distrito Federal, no es una actriz que esté representando el papel de una mujer policía, es una policía que está siendo actriz y que está hablando de los derechos de las mujeres, de anécdotas reales que le permiten una mayor identificación con el público. "Detrás del uniforme de policía, el cual porto con mucho orgullo, hay un ser humano que ante los problemas de la vida siempre ha creído que existe una posibilidad de cambio y que nunca ha perdido la alegría de vivir", cuenta en entrevista. Mamá de cuatro hijos y abuela de dos nietos, la sargento Álvarez participó en un taller de teatro en el Agrupamiento Femenil de la SSP. Hace más de un lustro montó una pastorela junto con sus compañeras y participaron en el Festival Hispanoamericano de Pastorelas, ahí conoció a Arturo Morell, que dirige este encuentro, y lo cautivó con su sencillez y espontaneidad. "Después de varias participaciones Arturo me invitó a hacer esta obra sobre los derechos de las mujeres, luego que le conté varias anécdotas de mi vida me dijo que encontraba algo en mí para esta pieza". De cómo se siente representada en esta obra, Alejandra Álvarez cuenta que "he sido pisoteada en todos mis derechos, de niña mi padre decía que para qué estudiaba si me iba a casar, que no tenía sentido gastar, decía que era una inversión que nunca iba a recuperar. "Además, mis hermanos y yo éramos testigos del maltrato hacia mi madre cuado él se tomaba varias copas, en fin, toda esa violencia intrafamiliar la viví muy de cerca." Ingresar a la policía también le costó trabajo porque recibió toda clase de insinuaciones: "Pasar por ese pantano, por llamarlo de alguna manera, no fue nada fácil." Por "pura ilusión" Álvarez decidió hacerse policía. Eran los años 70 y a ella no le gustaba el comportamiento de los uniformados de entonces. "Yo quería ser policía para demostrar que se podía ser un buen elemento: responsable y amigable. Fue un sueño, nunca me imaginé que un día existiría el Agrupamiento Femenil, cuando vi la convocatoria dije hoy o nunca, me costó mucho trabajo". Sus primeros años en el Agrupamiento fueron muy difíciles, no eran bien vistas por la sociedad, sobre todo por los hombres. Las insultaban en sus cruceros, "nos gritaban María´s, que nos fuéramos a nuestras casas, que habíamos nacido para atender al marido". En el Agrupamiento Femenil, Alejandra se ocupa del control de marchas, de tránsito y a veces participa en programas de seguridad para escuelas. "Son 30 años en la policía, ahora me toca regresarle al Agrupamiento todo lo que me dio para sacar adelante a mis padres y a mis hijos, porque yo fui una mujer abandonada, recibí golpes, prohibiciones, pero eso me daba más fuerza para salir adelante. "Voy a celebrar todos estos años trabajando y seguiré luciendo mi uniforme de policía y actuando en la obra De poli a diva... y de regreso porque sigue habiendo muchos casos de mujeres que son vejadas en sus derechos".
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