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Juárez, icono controversial Los historiadores José Manuel Villalpando y Salvador Rueda hablan de la actualidad del ideario juarista
Sandra Licona Sin embargo, el especialista en temas históricos José Manuel Villalpando, quien publica en estos días el libro Benito Juárez (Planeta, 2006), plantea una visión crítica del ex presidente de México y asegura que es un personaje también controversial porque si bien salvó la Independencia nacional, "la arriesgó cuando buscó el apoyo de Estados Unidos; defendió celosamente la Constitución pero quiso reformarla a su antojo y se perpetuó en la silla presidencial". Abogado de profesión y catedrático en la Escuela Libre de Derecho, Villalpando plantea cuatro ensayos sobre Juárez que tienen como denominador común la intención de verlo con ojos del siglo XXI. El autor ofrece una biografía política del prócer oaxaqueño, algunos pasajes de su vida íntima, un recorrido por las explicaciones que se han dado a los niños mexicanos y un análisis de su liberalismo y hasta dónde lo llevó este ideal. El especialista advierte que Juárez se ha vuelto un icono intocable, que ha servido incluso para abanderar causas distintas y hasta contrarias a las suyas, y pone como ejemplo que Juárez nunca fue un indigenista, que al contrario, fomentó la ciudadanización de los indios y su incorporación al mundo moderno a través de la igualdad; o que tampoco tuvo tiempo de ser un defensor de las causas humildes porque "confiaba en combatir la pobreza mediante el desarrollo económico del modelo liberal". Juárez, cita Villalpando en su libro, tampoco fue un enemigo de la globalidad, "creyó en ella y desde mediados del siglo XIX intentó involucrarnos con la mayor potencia económica que ha conocido la historia: Estados Unidos". Tampoco, dice, fue un demócrata, "no lo consideró necesario, ya que más bien tuvo que imponer su proyecto modernizador empleando métodos autoritarios y hasta dictatoriales, incluyendo en ellos su eternización en la silla presidencial". Por su parte, el historiador Salvador Rueda dice que es evidente que tanto políticos, candidatos y ciudadanos retomen en algún momento de su vida el ideario juarista porque él consolidó la República en que vivimos y porque con él a la cabeza, la Constitución de 1857 le da los derechos a los individuos como personas. "Además, difícilmente las generaciones del siglo XX y las que vienen vamos a alcanzar a entender la magnitud de lo que constituyó la separación entre Iglesia y Estado, es decir, la creación del Estado laico, y la secularización" (proceso histórico de gradual autonomía de la cultura respecto a la tutela religiosa).
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