PORTADA | AVISO OPORTUNO | MINUTO X MINUTO | DISCUSIÓN | TU DINERO | MULTIMEDIA |GUIA DEL OCIO
   El Mundo  |   México  |   Elecciones 2006  |   Los Estados  |   DF   |   Finanzas  |   PyMES  |   Deportes  |   Espectáculos  |   Cultura  |   Estilos  |   Computación 
Cultura
Búsqueda en:

La censura en México es falsa: Elena Garro


El Universal
Miércoles 07 de diciembre de 2005

La primera vez que Elena Garro tomó la pluma y publicó un texto fue allá en el año de 1941, en calidad de reportera de la Revista Así, dirigida por Gregorio Ortega. El periodismo fue su tribuna y la manera de cuestionar el poder.

Aquí dos ejemplos.

Fragmento de 1965:

"Se diría que en México existe una censura estricta que impide que se publiquen las verdaderas noticias y que se las sustituye con chismes para distraer al pueblo de sus verdaderos problemas. Esta aparente censura es falsa. Cualquiera que quiera escribir sobre la situación del país puede hacerlo, ya que ninguna censura se opone a que lo haga, excepto la propia censura individual y el temor a no cobrar la propina obtenida con el silencio. Lo que sucede en México no sólo es la culpa de unos cuantos funcionarios corruptos y unos terratenientes ávidos. No, es una culpa colectiva provocada por la actitud vergonzosa de la llamada clase intelectual. Cada silencio tiene un precio y las presiones para obtener ese silencio son amables y persuasivas."

A mí me ha ocurrido todo al revés

A mí me ha ocurrido todo al revés. De niña era indiferente a las muñecas y amaba a los soldados y a un tebeo que vía en las páginas de Pinocho. El tebeo se llamaba: De cómo pasan el rato Currinche y Don Turulato, además me apasionaba el "revés de las cosas". Pasé muchas horas examinando los resortes de las camas, el fondo de los sillones, las vueltas de las cortinas y los trajes y desarmando juguetes. El hecho de que hubiera "un revés y un derecho" me procupaba y tanto, que cuando por fin logré aprender a leer, lo hice aprendiendo a leer "al revés" y logré hablar un idioma que sólo entendía mi hermana. Las monjas teresianas estaban sorprendidas ante mi necedad: "Ofendes a Dios", y para mostrarme mis ofensas debía clavar una espina de rosal en un Sagrado Corazón que estaba colocado sobre el pupitre de la monja. Yo clavaba la espina y me quedaba tan campante. "¿no tienes remordimientos?", me preguntaba mi padre con aire preocupado. "No, no tengo remordimientos". Al final, cuando ya mi padre era muy viejo, continuaba asombrado: "¿Todavía no tienes remordimientos de nada?". Era penoso, ¡no tenía remordimientos! Más bien, todavía no los tengo...

Mi amor al teatro nació justamente del enorme revés y derecho que existe en él.

 
El Universal| Directorio| Contáctanos| Avisos Legales| Mapa de sitio
© 2005 Copyright El Universal-El Universal Online, México.