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Da la vuelta al mundo el arte en barro de Juan Quezada

Pionero en el rescate de una técnica milenaria, logra que el pueblo ?Mata Ortiz?, en Chihuahua, viva de la cerámica
Sábado 11 de diciembre de 1999 Patricia Velázquez Yebra | El Universal

ue sus obras se coticen en miles de dólares es motivo de orgullo para el ceramista Juan Quezada Celado, principalmente porque su pueblo Juan Mata Ortiz, en Chihuahua, "que antes vivía de milagro", ahora puede vivir de la alfarería.

Con rasgos característicos de su identidad norteña como su acento, su sombrero, sus botas y su sonrisa franca, Juan Quezada, con 37 años dedicado a la cerámica, tiene un sueño: la creación del museo "Juan Mata Ortiz", aunque por el momento, se siente satisfecho de que sus obras recorran los grandes museos de Estados Unidos, Europa y Japón.

Ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el rubro de Artes y Tradiciones Populares, que recibió de manos del presidente Ernesto Zedillo, Quezada Celado es reconocido por la recuperación de la técnica utilizada hace 600 años por los habitantes de la antigua ciudad de Paquimé.

Después de un largo viaje en autobús desde su pueblo hasta la ciudad de México, durante más de 20 horas, acompañado de cerca de 40 alfareros de su pueblo, Juan Quezada se fue desde temprano a recorrer los canales de Xochimilco y a pasear por el Centro Histórico de la ciudad de México, sin manifestar el menor cansancio.

Aparte de su vigor, resalta su sencillez y el amor por su tierra, su pueblo y sus raíces. "¿Por qué sigue en Mata Ortiz?", se le pregunta, y responde de inmediato. "Me encanta la montaña, el pueblo, no me interesa vivir en una casa grande, para qué. Me han ofrecido trabajo como maestro en talleres de Estados Unidos y de otros países, pero no aceptaría. Sólo he dado algunos cursos, pero prefiero que la gente venga a nuestro campamento en la llamada ?cueva de la olla?. Ahí acampamos y hacemos las ollas con barro rojo."

Al volver más de 30 años atrás, cuando sus manos comenzaron a trabajar el barro, Juan Quezada enfatiza que descubrir la técnica que ahora utiliza en el pueblo le llevó cerca de diez años, "porque aprendí líricamente buscando la pintura, el barro, la quemada, todo el proceso. Fue un trabajo muy lento porque nunca vi un alfarero. Me basé en la antigua técnica utilizada por la gente de Paquimé hace 600 años, examinaba las piezas que encontraba y comprobé que conservaban la dureza original, estaban intactas, igual que cuando las enterraron".

El empleo de minerales, manganeso, óxido de cobre y barro negro, "para que amarre", es la base de su técnica, cuya cerámica está hecha a mano. Sin usar torno, modela el barro sobre un molde y pule las ollas con piedra. Los dibujos son hechos con pintura natural, a pulso, sin pasar por bosquejo previo en el papel.

"Desde que tenía siete u ocho años me gustaba hacer cosas con mis manos, una pintura o una escultura. Cuando cumplí 14 años tenía que trabajar en algo, entonces me fui a la montaña para cargar leña y encontré mis primeras piezas en unas cuevas. Las examiné y vi que eran obras de arte, al menos para mí. Empecé a realizar algunas piezas similares, pero las mandé a Estados Unidos porque aquí en México no gustaban. Regalé algunas piezas a comerciantes y las vendieron con éxito, comenzaron a pedirme más y más. En una ocasión llegó el antropólogo Spencer MacCallum, a quien le habían impactado las obras. Preguntó quién las hacía y dónde, y le respondieron que únicamente sabían que era alguien de México".

Al llegar a Casas Grandes, Chihuahua, preguntó a algunos habitantes si sabían quién hacía las piezas y, por casualidad, había uno que conocía a Juan Quezada. Al llegar con él, después de comprobar que era el autor de las piezas, le propuso pagarle una cantidad mensual para que hiciera una o dos piezas.

Cuando tuvo cerca de 30 piezas en su poder, le mostró una lista de los museos que estaban interesados en exhibirlas, pero había que reunir cerca de 80. Una vez creadas, comenzó su itinerario por diversos recintos de Estados Unidos. En San Francisco participaron en una subasta y una de sus piezas, de seis pulgadas, se vendió en 600 dólares. Esa fue la base para ponerle precio a las demás.

Entusiasmado, propuso al pueblo dedicarse a la alfarería y puso a todos a hacer ollas. "Ahora, vivimos muy bien de eso, no necesitamos salir afuera para vender nuestras piezas."

Una magna exhibición con las mejores piezas creadas por todo el pueblo de Mata Ortiz, recorrerá durante tres años museos de Estados Unidos y luego viajará a Europa.

De su aceptación en México, comenta que en Nuevo León y Chihuahua es donde más se vende su obra, aunque a raíz de una exposición presentada en el museo "Franz Mayer", gente de la ciudad de México y de otros estados han manifestado interés por su trabajo.

Debido a la buena fortuna en la comercialización de su obra, Juan Quezada Celado nunca ha aceptado "regateos", para él es una ofensa que alguien le ofrezca menos dinero al precio establecido. "He enseñado a la gente que lo correcto es que nunca se baje del precio."

Con reconocimientos como la placa conmemorativa otorgada por el gobierno del estado de Chihuahua en 1998 y el homenaje organizado por el Museo de las Culturas del Norte, del INAH, Quezada Celado, padre de ocho hijos, se pregunta divertido: "¿Qué hará Estados Unidos con tanta olla?" Y es que es un pueblo de 800 familias dedicadas en su mayoría a la alfarería.

En el Museo del Hombre de California presentará también su obra, exposición que le entusiasma particularmente porque participarán otros tres ceramistas, ya fallecidos, que al igual que él, han rescatado técnicas antiguas.

Justamente en este museo, se abrirá en breve una sala permanente dedicada a la alfarería de Mata Ortiz, con materiales, piezas, pinceles, moldes y otros elementos utilizados a lo largo de su vida por Juan Quezada Celado, los cuales estaban en poder del antropólogo MacCallum y fueron vendidos a dicho recinto.

Respecto de qué hará con el premio que ha recibido, comenta: "Soy una persona que vive el presente, no me gusta juntar dinero, porque mucho dinero echa a perder a uno. Gasto el dinero que recibo, no me gusta juntarlo."

Aclara que en Mata Ortiz hay piezas para todos los bolsillos, no todas se venden en miles de dólares. Sin embargo, las piezas de Juan Quezada son tan cotizadas, que difícilmente se encontrará una por debajo de los mil dólares.



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