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La Lagunilla, designada sede de los anticuarios

Más de 50 piezas antiguas con valor histórico serán presentadas hoy en el Museo de la Ciudad de México
Miércoles 01 de diciembre de 1999 Adriana García | El Universal

La Lagunilla, lugar conocido por científicos, actores, políticos, turistas, propios y extraños como el centro mundial de las "chácharas" y lo inencontrable, es también la sede de los anticuarios hombres en su mayoría que se dedican a buscar cualquier objeto valioso para revestirlo de un carácter histórico y luego "mercarlo" a fin de que su valor se transmita.

¿Pero quiénes son estos hombres que pasan horas y horas caminando por las regiones de nuestro país, e incluso fuera de nuestras fronteras, casi husmeando por las casas para encontrar una pieza de rancio abolengo o que perteneciera a alguna figura pública?

Para saberlo, el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez 30, Centro) invita a la primera "Exposición de anticuarios del tianguis dominical de La Lagunilla", que abre hoy miércoles a las 19:00 horas.

La muestra reúne alrededor de 50 piezas con distintos orígenes y materiales entre las que se encuentran una caja darwiniana, que perteneciera al autor inglés creador de la "Teoría del origen de las especies", un manguillo que fuera del pintor Salvador Dalí, y un radio de bulbos de 1928 que todavía funciona, y pretende simplemente "hacer cultura".

"Esto es sólo una mínima muestra de lo que tenemos, y es el inicio para crear el museo de La Lagunilla", dijo Humberto Rodríguez, presidente del Club Mexicano de Coleccionistas de Plumas y fundador del Museo de la Pluma.

"Apenas estamos reuniendo donaciones de piezas para después hacer una clasificación y así abrir un espacio para convencer a las nuevas generaciones que todo es coleccionable y que no es tan difícil hacerlo."

De acuerdo con Francisco Carrillo, presidente de la Asociación de Comerciantes de Antigüedades del Mercado de La Lagunilla, AC misma que se constituyó en 1961 y cuenta con aproximadamente 660 miembros, lo que hacen los anticuarios del tianguis es ofrecer piezas originales, raras y baratas.

"Incluso el tianguis de La Lagunilla es mejor que el de Pulgas en París o El Rastro en Madrid", apuntó Carrillo, quien también señaló que estos comerciantes son como una gran familia en la que no existe el egoísmo o las envidias, sino la camaradería y el respeto. "Nos dedicamos al trueque tanto de piezas como de clientela, y en tantos años siempre nos ha funcionado muy bien porque todos somos gente buena y trabajadora."

Respecto de las piezas falsas que a veces se pueden encontrar en algunos puestos callejeros, Carrillo aceptó que existen falsificadores, pero enfatizó que ninguno de los anticuarios de La Lagunilla es deshonesto.

"Si alguna de las piezas no es original se le dice al cliente, pero si de antemano quieren engañar, entonces el comerciante está obligado a devolver el dinero y puede recibir una sanción por parte de la asociación", explicó.

Andrés Méndez, cuyo puesto es básicamente de piezas de bronce, dijo que en el tianguis se puede vender y comprar objetos inimaginables, pero que tienen prohibido vender piezas religiosas y arqueológicas.

"Si alguno de los comerciantes tiene alguna pieza arqueológica, sin duda se trata de una reproducción", apuntó, y agregó que no existe un parámetro definido para fijar precios en las piezas. "Los precios son estimativos, pero se busca ser razonable y tratar de sacarle provecho a la pieza, aunque muchas veces uno vende creyendo que hizo la gran venta y resulta que la pieza valía mucho más."

Según estos anticuarios y coleccionistas binomio indisoluble el tianguis dominical es también un buen lugar para encontrarse con restauradores.

"Para aquellas personas que sí tienen la suficiente cultura y educación sobre su patrimonio y no quieren deshacerse de él en cuanto pasa el ropavejero, el lugar cuenta con expertos en pinturas, porcelana, muebles de madera y orfebrería", aseguró Méndez, "y a menos que sea un desastre total, todo tiene remedio porque es de buena calidad". Por su parte, Conrado Tostado, director del Museo de la Ciudad de México, comentó que se entusiasmó mucho cuando este grupo de personas se acercaron a él para solicitarle un espacio para presentar una selección de sus colecciones y antigüedades que poseen, "puesto que lo que se busca es que la gente que vive en los barrios se organice y ello sean los protagonistas de sus propias actividades".

"Creemos que el museo es una función de la sociedad que implica fomentar la relación entre la gente", comentó Tostado en entrevista. "El Museo de la Ciudad de México debe ser entonces la ciudad misma, y no sólo un edificio, por eso el proyecto de un museo de antigüedades nos parece excelente y estamos interesados en apoyar esta idea y otras similares a esta."



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