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Desprotegido, patrimonio prehispánico

Los habitantes de San Antonio Tezoquipan, buscar rescatar más de 90 pinturas rupestres de 800 años de antigüedad
Viernes 28 de diciembre de 2001 El Universal

ALFAJAYUCAN, Hidalgo.? Los habitantes de la comunidad de San Antonio Tezoquipan buscan conservar más de 90 pinturas rupestres y petroglifos de al menos 800 años de antigüedad que permanecen a la intemperie y en peligro de desaparecer.

El patrimonio cultural de San Antonio Tezoquipan en Alfajayucan es un tesoro que permanece oculto, incluso para muchos de los habitantes del mismo municipio hidalguense.

Conscientes de la importancia de su legado, vecinos de este lugar se han organizado con apoyo del ayuntamiento para establecer un comité de preservación.

Ubicado a 100 kilómetros de Pachuca y en pleno valle del Mezquital, Alfajayucan es uno de los municipios con mayor patrimonio cultural de origen prehispánico del estado.

El secretario municipal del ayuntamiento de Alfajayucan, José Romero Serna, reconoció que hasta hace poco no había interés por parte de las autoridades para preservar este patrimonio; sin embargo, dijo, en el ayuntamiento hemos tratado de dar atención a ello con la formación de un comité de preservación.

Romero Serna aseguró que desde hace años han venido especialistas de diferentes dependencias federales, pero las pinturas continúan exactamente igual: expuestas a los elementos, e incluso al vandalismo.

Por esa razón, a partir de la presente administración municipal se estableció un programa de conservación en el lugar, que tiene como detonante de la difusión de las pinturas, hacer visitas guiadas a los sitios para obtener recursos que sean aplicados ahí mismo, además de beneficiar a las familias que viven en San Antonio Tezoquipan.

En Alfajayucan hay otras tres comunidades donde existen pinturas rupestres: San Francisco Sacachichilco, La Cañada y El Zapote, cada una con características propias pero seguramente relacionadas entre sí.

Los primeros datos sobre el arte rupestre en nuestro país datan de la época de la Conquista (1500-1530) y se deben a los primeros evangelizadores españoles y a viajeros que buscaban fortuna por todo el nuevo territorio.

Estos mensajes del pasado contienen información sobre la diversidad étnica y regional, el comportamiento, cultural e incluso la concepción del mundo y el universo de sus autores.

En México, las pinturas rupestres localizadas en Baja California y Sonora son las que más se han estudiado, quizá por sus dimensiones y estado de conservación; sin embargo, se caracterizan por ubicarse en zonas desérticas y ausentes de cualquier vestigio de asentamientos humanos.

En Hidalgo hay pinturas rupestres en los municipios de Actopan, Alfajayucan, Juárez, Metztitlán, Xochicoatlán, Tecozautla, Cardonal, Ixmiquilpan, Zimapán, Huicapan, Tlahuiltepa, Tepeji del Río, San Salvador, San Agustín Tlaxiaca, El Arenal, Zempoala, Tepeapulco, Epazoyucán, Cuautepec y Tulancingo. Asimismo, en Metepec, Agua Blanca, Ajacuba, Tezontepec de Aldama, Tepetiltán, Santiago de Anaya, Tulantepec, Atotonilco de Tula y Progreso de Obregón; todas ellas asociadas a un ambiente de agua y asentamientos humanos.

El estudioso Peter Gerhar se refiere en su Geografía histórica de la Nueva España (1519-1821) a las pinturas rupestres de Hidalgo y destaca que muchas de ellas cuentan con una antigüedad mayor a mil años, mientras que otras datan de la época de la conquista española.

Los antiguos habitantes de lo que hoy es México expresaron sus ideas, relataron hechos históricos, ceremoniales o simbólicos principalmente de dos formas: en petroglifos o petrograbados, es decir, labrado en piedras o pintando sobre ellas, lo que conocemos como pinturas rupestres.

Existen también casos de asociación como en Huapalcalco, municipio de Tulancingo y la Peña en Ajacuba, donde hay una relación entre pinturas y petrograbados.

San Antonio Tezoquipan es la comunidad más apartada del centro de Alfajayucan y para llegar hasta donde se ubican sus pinturas rupestres hay que recorrer cuatro kilómetros de una carretera asfaltada, 12 kilómetros de empedrado y finalmente caminar unos 30 minutos entre una seca cañada.

Sabedores del valor que tienen estas expresiones artísticas, los habitantes de San Antonio no permiten que cualquier persona entre al lugar; antes hay que pedir permiso al delegado municipal, Domingo Loredo Chávez, y al comisariado ejidal, Catarino Torres Cortés. (Notimex )



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