aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Savater: la riqueza en México está mal repartida

El autor de "A caballo entre milenios" habla en exclusiva para EL UNIVERSAL. En dos años dará a conocer sus memorias
Jueves 19 de julio de 2001 Luz María Rivera | El Universal

Una carrera veloz, imparable contra el tiempo, en el lomo de la memoria personal y de un país es A caballo entre milenios , de Fernando Savater, quien admite pensar en la vejez y en la muerte, en este momento de su vida.

Para el filósofo español México es un país "potencialmente riquísimo y mal repartido", diría en el transcurso de una entrevista vía telefónica con EL UNIVERSAL. Reconoce estar contento, pero con un dejo de nostalgia, después de terminar este libro raro ?mezcla de géneros donde resalta la crónica?, y que retrata una de sus aficiones en la vida: las carreras de caballos.

Se dio el gusto, dice, de escribirlo el año pasado. Ahora se ocupa en una pequeña biografía de Jorge Luis Borges. Su voz, vibrante y sonora, trasmite los matices de lo que por momentos llega a ser risa de tono socarrón, asentimientos: dice que sí, que este reciente libro ofrece mucho de lo que sería una autobiografía. Adelanta, "si Dios quiere en un par de años" entregará lo que sí serán sus memorias.

Mientras, A caballo entre milenios editado por el Grupo SantillanaAguilar les reserva una sorpresa a los fieles a Savater: al cabalgar sus páginas, se encontrarán en la competencia propia de un derby y la apuesta por compartir los íntimos miedos y reservas ante la vejez y la muerte, así como la certeza de que, después de los 50 años, la gente se torna selectiva, en amistades, lecturas y afectos.

Texto que revela a Savater el niño, el hombre y el adulto mayor y que no sólo es escritor, sino hijo, compañero y amigo: un personaje que trepa "a pelo" ?desensillado?, en una yegua que es su memoria pródiga en lecturas y anécdotas; en visiones de países y culturas ?en la descripción de Dubay el lector compartirá los gritos en lenguas quizá nunca oídas?, y en sus preocupaciones lógicas y simples de la vida. En febrero o marzo del próximo año, visitará nuestro país y está abierto, confirma, a todas las invitaciones de universidades o centros educativos.

Aquí la conversación.

¿Cómo está? Lo oigo muy animado...

Muy bien, pues sí; animado tampoco se puede decir, pero en fin, no me puedo quejar...

Muchas de las preguntas que se le podrían formular ya usted las responde en este libro, la apreciación de la vida, incluso la referencia "al poco tiempo" que le queda de ella y otros detalles, ¿se podría tomar "A caballo entre milenios" como una inicial autobiografía de Savater?

Algo de eso hay. Se puede decir: hombre, al menos es una autobiografía de un año. Es la forma en que yo viví el año 2000; por supuesto, centrado en el tema de los caballos, pero también en el cine, la literatura, la política, y la reflexión sobre el tiempo, ¿no?; porque en el fondo, sí, creo que es verdad que en ese libro hay una reflexión sobre el tiempo, sobre el paso de éste, sobre la memoria, y todo eso tiene mucho que ver, claro, con lo autobiográfico.

Por algunas reiteraciones del texto, ¿tiene miedo del paso del tiempo, le tiene miedo a la vejez?

¡No!, bueno (su risa es corta, apenas insinuada), yo tengo asombro ante la rapidez y la aniquilación que el tiempo supone de todas las cosas que a uno le gustan, que ha conocido: las relaciones, las personas, en fin. No es un sentimiento muy original. Supongo que la idea de lo fugitivo, de la vida, y de cómo pasan las cosas, cómo desaparecen, pues es uno de los sentimientos más antiguos, está en la poesía, desde las coplas a "La muerte de un padre", de Jorge Manrique, hasta Francoise Millon. "Y todo esto, es sincero; realmente no creo tener más o menos miedo que otros al paso del tiempo. Pero sí soy muy consciente del paso del tiempo. No he ido nunca pensando exclusivamente en el futuro, para mí el momento presente, y cómo se desvanece, pues es algo muy vívido..."

Pasando la mitad de la lectura de "A caballo entre milenios" surge la imagen de que es la carrera entre milenios del escritor, del filósofo, de quien admite y escribe que algunas de las cosas en su vida las ha echado a perder, ¿no?

Sí claro, ¡también hombre! No sé si he tenido la suerte o la desgracia de que quizá el cambio de milenio también me ha pasado un poco de ese cambio de la vida, en torno de los 50 años. Que es también una especie de Ecuador vital y por eso, para mí, el año 2000 se ha convertido un poco en algo que podía servir para hacer una reflexión, sobre mi vida y sobre el mundo en que vivía. Porque tampoco se trata, simplemente, de hablar de la vida de uno como si fuera algo inusual, ¿no? Todos tenemos nuestra vida. He querido hablar de mi vida de tal modo, que el lector pueda ser llevado a pensar sobre la suya. No es simplemente diciendo: fíjese usted que vida tan asombrosa tengo yo (risas), sino fíjese usted qué asombroso que cada uno tengamos una vida...

En una parte de su libro habla de una actitud, que usted como intelectual tuvo en una época y reflexionaba sobre eso y la postura de otros más acerca, por ejemplo, de las acciones terroristas de ETA...

Sí, claro. Mira, yo había estado, durante los años universitarios, mezclado en las luchas contra la dictadura franquista, estuve en la cárcel, en fin; había tenido un poco ese paso de militancia, digamos, durante la dictadura. Cuando Franco murió y llegó la democracia, entonces pensé: bueno yo ya no voy a continuar en esta vida política, me voy a dedicar a mis cosas, al lado más solar y personal de la vida y olvidar lo demás. Y mira por dónde, la historia, los acontecimientos, me han llevado otra vez a tener que adoptar una actitud como de militancia, como aquella que yo había creído que había dejado atrás.

Usted retrata una situación y habla de los artistas ocupados en "su gran obra", ajenos, ¿sigue esta situación?

Al menos en lo que respecta al País Vasco desde luego. Yo hablaba ahí, en concreto, del problema del País Vasco. La gente, en algún momento, pues hace la reflexión en un periódico, firma un papel, pero claro, salir a la calle y ponerse en una esquina, con un cartel, con la gente y eso, pues la mayoría de los intelectuales que yo conozco, artistas de cine, pintores, músicos, cocineros, en fin, todas esas personas relevantes que hay en el mundo público, no. Dicen: yo estoy en otras cosas y sí, siento mucho que haya muerto alguien, que haya violencia, pero no voy a perder mi tiempo, mi tiempo es importante para que se pierda en esas cosas. Eso sigue así, por supuesto.

Usted escribió que no vivimos en una época de gran preocupación cívica, ¿sigue entonces así como actitud?

Sí, sí, por supuesto. Estoy contando cosas que han pasado hace muy pocos meses. De modo que no creo que esas cosas cambien de un día para otro.

En el capítulo "Nostalgia del tiovivo" usted es un poquillo más, si me lo permite, el Fernando hombre, con muchísima ternura, muy emotivo y la mención del poco tiempo. Ese pensar en la propia muerte, con todo respeto, porque a lo mejor no quiere hablar de ello, ¿ha pensado mucho en su muerte, en cómo va a ser?

Como muchas personas yo pienso, naturalmente, en la muerte. Pienso relativamente: decía Pascal que es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte. Lo más duro de la muerte es soportar el pensamiento de la muerte. Pero en fin. Es verdad que cuando uno es joven se siente como mucho más eterno. Invulnerable. Cuando era joven nunca tuve la sensación de estar perdiendo el tiempo, me daba lo mismo porque me parecía que yo tenía millones y millones de días y de horas por delante, y me daba lo mismo emplearlo en una cosa que en otra, porque habría muchas más. Pero claro, cuando ya eres mayor, entonces empiezas a darte cuenta que no hay tantos ya, que no quedan tantos, no hay tantas tardes, no hay tantos veranos, que en fin la cuenta atrás ha comenzado en muchos casos. Tiene así más mérito, digamos, que una tarde la pierdas porque dices, bueno a lo mejor esta es la última tarde buena que voy a tener. O por lo menos es una de las pocas que quedan.

En ese proceso uno se vuelve selectivo, ¿no?

A mí me impresiona que en esas concentraciones contra el terrorismo, la mayoría de las personas éramos personas mayores. Mayores que yo. Es curioso que las personas que de alguna manera tenían que ser más avaras ya con su tiempo, porque les queda menos, éramos los que estábamos ahí. Y a lo mejor los jóvenes estaban en la playa tomando el sol.

Por último, ¿cuál es la percepción, que tiene como escritor, que se tiene en España respecto de México actualmente?

Son dos cosas diferentes. Desde hace 30 años voy seguido a México y por lo tanto conozco México. Creo mucho mejor que la mayoría de los españoles. La mayoría de los españoles tiene una visión un poquito más externa y folclórica. Yo como he ido tanto y conozco tanta gente, tengo otra vinculación y una visión más documentada. Pero creo que todos nos damos cuenta que México está viviendo un gran cambio. Una gran transformación, difícil porque se está pasando de un sistema digamos muy patrimonialista, de sistema prácticamente de partido único a una democracia más abierta. Eso lógicamente es un proceso que costará hacer. Hay que sustituir personas, modos de pensar, modos de actuar, y eso es un compromiso grande. Hay ahí varios problemas: la relación con Estados Unidos, la desigualdad social, que México es muy grande, un país potencialmente riquísimo y mal repartido. Pero ahí hay un gran potencial de justicia y de colaboración entre todas las capas sociales. Creo que es un país en transformación. Eso impresiona realmente: ver un país tan grande, tan poblado, tan variopinto, tan lleno de pujanza, pues entrar en una fase de transformación. Es impresionante.

TRAYECTORIA Nace en San Sebastián, España, en 1947.

Ha sido catedrático de Ética en la Universidad del País Vasco y actualmente lo es de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.

Autor de más de 45 libros, entre ensayos filosóficos, literarios, políticos, narraciones, novelas y obras dramáticas.

Entre sus obras se encuentran "Ensayo sobre Cioran", "Invitación a la ética", "Ética para Amador", "El jardín de las dudas", "Sin contemplaciones", "Libre mente".

Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, noruego, holandés, sueco, portugués, italiano, polaco, rumano, alemán, chino, japonés y coreano



PUBLICIDAD