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| Tintero económico |
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Alejandro Villagómez El Universal Jueves 12 de junio de 2008 |
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Menudo debate provocó el comentario del Presidente sugiriendo al Banco de México que disminuyera su tasa de interés con la finalidad de contribuir a estimular la demanda en las complicadas circunstancias actuales. Las reacciones no se hicieron esperar entre aquellos que secundaron la posición del Ejecutivo señalando que está en su derecho y muestra su posición a favor del crecimiento, y aquellos que la vieron como una intromisión y violación a la autonomía del instituto central. Creo que en ambos casos habría que evitar posiciones fundamentalistas en donde se desgarran las vestiduras. En las economías modernas en donde existe una clara separación entre el ejecutivo y la autoridad monetaria, este tipo de intercambio de visiones entre una y otra autoridad son situaciones relativamente normales, sobre todo cuando el banco central guía su política bajo un solo objetivo, generalmente el de estabilización de precios y control de la inflación. En este caso es más clara la contraposición que suele ocurrir en el corto plazo entre la inflación y el crecimiento económico. En su libro La Era de las Turbulencias, Alan Greenspan narra con bastante detalle las diversas ocasiones en las que el presidente en turno, Bush padre, Clinton y Bush hijo actuaron de igual manera sugiriendo que disminuyera las tasas de interés para lograr alcanzar mejores resultados en términos de crecimiento en el corto plazo, generalmente en años cercanos a elecciones. Hay que recordar que en el caso de la Reserva Federal, su política obedece a un objetivo dual, inflación y crecimiento. Y también documenta cómo estas presiones no pasaron a más. La Reserva decidió sus acciones a seguir, y sobre todo, Greenspan fue ratificado varias veces en el cargo por propuesta de los mismos presidentes a los que ignoró en esas ocasiones. Esto es, el tema se manejó en un nivel de mucha mayor madurez. Expresar preocupaciones opuestas en el corto plazo (no en el largo plazo), pero al final respetar los ámbitos de acción de cada autoridad. En estos momentos, el gobierno del presidente Calderón enfrenta serias preocupaciones en torno a los ritmos de crecimiento que se están obteniendo, y sus efectos sobre el empleo, el ingreso y la población de menores ingresos. Aún no quedan claros los impactos derivados de sus acciones fiscales recientes y desde luego quisiera ver una política monetaria que actuara en el mismo sentido (en el corto plazo). Por su parte, el Banco de México está enfrentando posiblemente el mayor reto en sus años más recientes. El aumento en los precios de alimentos claves en el mercado mundial está generando serias presiones en los precios internos y en la medida que es un fenómeno mundial, agravado por el aumento en los precios de los combustibles, ya no cuenta con un entorno externo favorable que en el pasado ayudó mucho para alcanzar mejores resultados en cuanto a sus metas de inflación. Ya el año pasado había mencionado que la convergencia a la meta de 3% en inflación no se alcanzaría en 2008 y habría que esperar otro año más. Pero considerando la evolución más reciente de los precios y de las expectativas inflacionarias, existe la preocupación que tampoco se logre el resultado esperado para el próximo año. Es claro que, en estas circunstancias, la preocupación central de la autoridad monetaria es orientar sus acciones de política para evitar perder control de la inflación y por lo tanto, una disminución en las tasas de interés sería muy arriesgada. Es importante señalar que ambos lados cuentan con argumentos y fundamentos para mantener sus posiciones, y de nuevo, la decisión no es asunto de corazonada, sino que debe fundamentarse en cuestiones técnicas. Estamos frente a un caso típico ampliamente documentado en la teoría macroeconómica en donde existe una contraposición entre los objetivo de inflación y crecimiento en el corto plazo, y en donde no existe respuesta sencilla. Es cierto que algunos países en algunas ocasiones han permitido mayores tasas de inflación para alcanzar mayor crecimiento, pero también es cierto que otros, intentando lo mismo, han perdido el control y se han visto inmersos en una complicada espiral inflacionaria. Nuestro conocimiento y manejo de la variable “expectativas inflacionarias” es más bien limitado, y este es un factor que juega un papel central en las actuales circunstancias. Ni siquiera podemos decir con total certidumbre si esta variable realmente se adelanta a la inflación o es seguidora de ésta, por lo que la cifra que se publica en varias encuestas es poco confiable como indicador de política. Es por eso que digo que esta es una dura prueba para nuestro banco central autónomo, y en la medida que no obedece a un objetivo dual, sus resultados podrán ser evaluados de manera más directa en el los próximos meses. Así las cosas, creo que debiéramos de evitar desgarrarnos las vestiduras por cualquier tema y ubicarlo en el contexto justo del debate constructivo. La autoridad monetaria puede expresar sus posiciones respecto a la política fiscal y el ejecutivo puede hacer lo mismo respecto a la política monetaria, siempre en el marco del respeto a sus ámbitos de acción y la prudencia. alejandro.villagomez@cide.edu
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