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José Carreño Carlón
El Universal Jueves 05 de junio de 2008 |
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Hacer inviable el Estado fallido ante el narco, la carta frente a Washington Escenarios de destrucción estilo Líbano y Colombia, en análisis de EU Con la nueva defensa que hizo el presidente Felipe Calderón de su estrategia contra el narcotráfico y el rechazo de su gobierno a las condiciones impuestas por el Congreso de EU —a cambio de un mínimo de financiamiento— quedaron sobre la mesa del debate los retos de fondo que enfrenta nuestro país en la guerra de alta intensidad abierta contra las bandas criminales. Los términos de Calderón se acercan a los utilizados por algunos de los análisis globales más inquietantes de las últimas semanas. Lo que está en juego es si el Estado mexicano pasará a la lista de los estados fallidos —o fracasados por un largo tiempo— a manos de fuerzas irregulares o criminales, o saldrá con bien de esta prueba. De ello dependerán las condiciones de la vida pública del país para ésta y las siguientes generaciones. El Presidente hizo hincapié en que se trata de “un proceso muy largo de recomposición del orden y, en algunos casos, de recomposición de la autoridad y de la sociedad misma” en los territorios ganados en años por las bandas criminales. Y en su reporte titulado Mexico: on the road to a failed state? (México: ¿en ruta a un estado fallido?) publicado en mayo por Strategic Forecasting, George Friedman define ese “Estado fallido” como la situación en que el Estado se ve impedido de cumplir las funciones estatales básicas del mantenimiento de la paz y el orden públicos. Ejemplifica el analista con Líbano, Colombia y el Congo en los años recientes, a escala nacional, y con el Chicago de los años 20, a escala local. A ese riesgo pareció responder el mensaje presidencial en el sentido de que el gobierno “no se va a replegar” y de que “es ingenuo pensar que el Estado renunciará a su obligación de hacer cumplir la ley”. México no ha llegado a esos extremos, pero puede estar en esa ruta ante el desequilibrio de recursos que parece expresarse en favor de los cárteles. El editorial de The New York Times de ayer, “Mexico at the brink” (algo así como México en el filo del precipicio), señala la disparidad entre la enorme riqueza y poder de fuego de los barones de la droga y las debilidades de las policías mexicanas. Y el coordinador operativo de la Fuerzas Federales de Apoyo de la Secretaría de Seguridad Pública dijo apenas la semana pasada que en la reciente emboscada de Culiacán sus fuerzas fueron derrotadas porque las bandas criminales tuvieron mejor dotación de parque y armamento. Más venta de drogaque de petróleo Mensajes como éstos tienden a generar percepciones de ventaja de los cárteles en su relación con el gobierno. De allí suele seguirse —según el informe de Friedman— que los efectivos gubernamentales empiezan a considerar inútil la resistencia y la pérdida de vidas y terminan por ser instrumentos —activos o pasivos, comprados o intimidados— de los narcos. Esta situación no ha sido infrecuente en los lugares más apartados del país, pero puede extenderse a los corredores del poder nacional —continúa este análisis— como ha ocurrido en otros países en el momento en que agentes gubernamentales muestran lealtad (por temor o corrupción) a alguno de los grupos criminales y el Estado se convierte en un campo más de batalla entre esos grupos y en instrumento usado por unos contra otros. Friedman pone por delante la lista de bajas recientemente infligidas por el narco a la fuerza pública, incluyendo a varios jefes de las agencias federales de seguridad en la capital de la República, así como la lista de bajas infligidas por el gobierno a las bandas criminales en los santuarios del narco. De allí establece que hay un patrón de intensificación de la guerra en que ambos lados están actuando audazmente en sus respectivos “territorios enemigos” y han cobrado víctimas de alto rango en las filas contrarias. Los golpes del gobierno han logrado, en efecto, dividir a los cárteles. Pero ese logro ha conducido, de acuerdo con este reporte, a enfrentar ahora a múltiples grupos todavía muy bien armados y muy bien fondeados con la parte que les toca de los 40 mil millones de dólares en que se estima el dinero involucrado en el narcotráfico en nuestro país. Esta cifra rebasa en mil millones los 39 mil millones de dólares de nuestras exportaciones petroleras: la caja grande del Estado mexicano para hacer frente a todos sus gastos. Pero, además, esos fondos del narco sobrepasan en más de 110 veces la cooperación para combatirlos —por 350 millones de dólares— aprobados por el Congreso estadounidense bajo condiciones inaceptables para el gobierno mexicano. En estos términos hay que analizar el actual diferendo surgido con EU. Pareció, en buena hora, concertado que, al rechazo anunciado en México por el secretario de Gobernación a las condiciones estadounidenses, siguiera la propuesta de la secretaria de Relaciones en la reunión de la OEA en Colombia, de llevar la guerra contra el crimen organizado a los esquemas de cooperación regional, basados en la corresponsabilidad en pie de igualdad y no en la unilateralidad, conceptos en los que insistió ella, ya aquí, en su comunicación oficial al gobierno estadounidense. Son estas las cartas de México en este nuevo frente de la guerra. Pero tiene otras, además de la oportuna reacción de las autoridades antidrogas del gobierno de EU contra su Congreso. Si cae México... “digo, es un decir” El mencionado editorial de The New York Times de ayer estableció que EU tiene un claro interés en el problema y una clara obligación de cooperar con México en esta guerra. Señaló al respecto hechos por los cuales nuestro país es acreedor de esa cooperación, al criticar el recorte a esa ayuda —y la forma de condicionarla— y al llamar a los dos gobiernos a poner a salvo la cooperación ante el peligro real que enfrentan los dos países. Más explícito es el mismo informe de Friedman sobre el riesgo de la caída de México en la lista de estados fallidos. Con un énfasis que recuerda al César Vallejo de “si cae España” —ante las bandas golpistas de Franco— el informe alerta repetidamente con un “si falla México” (“if Mexico fails”) ante las bandas criminales. Para empezar, esto rebasaría la materia simplemente criminal, dice. Y enseguida enumera las graves repercusiones geopolíticas de un Estado fallido en un país de las dimensiones de México, con más de 100 millones de habitantes, la economía número 14 del mundo y con una larga frontera con el único poder global. Si México falla, apunta, el mismo proceso que ahora vemos en marcha en México se extendería a EU, que se pondría así en ruta también a un Estado fallido, con la violencia de los cárteles primero en los estados fronterizos, en competencia directa por la principal fuente de dinero que les ofrece el mercado de aquel país. Esta es la carta fuerte de negociación de México en este nuevo frente: la que haría geopolíticamente inviable el triunfo del narco en los campos de batalla mexicanos. jose.carreno@uia.mx
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