Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Viernes 02 de mayo de 2008



Jalisco, gobierno de púlpito

El verdadero jefe es Sandoval Íñiguez

El ‘góber piadoso’ exhibió sus compromisos

En Jalisco una interrogante se extiende como —diría el clásico— “reguero de pólvora”: ¿quién gobierna el estado?

A pesar de que la respuesta está a los ojos de todos, algunos ingenuos se aferran a la versión de que el mandato sigue bajo el control del motejado góber piadoso, en tanto que otros tienen claro que el cardenal Juan Sandoval Íñiguez es no sólo el “mandamás” en Jalisco, sino jefe político de Emilio González Márquez, el que se ha convertido en el más ferviente proveedor de “macrolimosnas” a la causa de los católicos de Jalisco.

En realidad el de Jalisco es un “gobierno de púlpito”, en donde el verdadero jefe del grupo en el poder es jerarca de la Iglesia católica local, el locuaz y lenguaraz purpurado Sandoval Íñiguez, quien desde su lujosa casa de la capital tapatía atiende no pocos asuntos que compete resolver al gobierno panista de Emilio González Márquez, verdadero mandatario de caricatura.

Y es que el de las millonarias limosnas piadosas del gobernador de Jalisco a la jerarquía católica son apenas la “punta de la madeja” de un escándalo que viene de lejos y de muy profundo —en realidad es mero combustible para el escándalo mediático—, ya que el arribo de González Márquez al poder fue un proyecto de largo tiempo en cuya conclusión intervino de manera directa el cardenal Sandoval.

Como todos recuerdan, en los últimos 14 años el PAN ha mantenido bajo su influencia político-electoral el estado de Jalisco, pero el poder no ha estado siempre en manos de los mismos azules. El primer gobierno, el de Alberto Cárdenas, fue posible gracias al eficaz empuje de una potente extrema derecha que prácticamente aplastó al panismo doctrinario, que había sido el grupo fundacional de la influencia de los azules en Jalisco. Concluido el cuestionado gobierno de Alberto Cárdenas, en Jalisco se vivió el fenómeno pendular, no por el regreso del PRI, sino porque volvió el control del PAN doctrinario, vinculado de manera estrecha al equipo de Felipe Calderón. Así apareció un político de derecha moderada, bravucón y hablantín, que, sin embargo, adivinó que Calderón podía llegar a la candidatura presidencial por el PAN.

Ese gobernador se llama Francisco Ramírez Acuña quien, como se recuerda, se “aventó el tiro” de destapar a Calderón como precandidato presidencial, lo que desató la ira del entonces presidente Fox. Pues bien, Ramírez Acuña fue un político visionario en torno a la candidatura de Calderón, pero incapaz de impedir que lo sucediera en el gobierno de Jalisco la extrema derecha confesional que representa Emilio González Márquez.

Y precisamente a manera de equilibrio entre los dos fuertes grupos del panismo que dominan Jalisco —entidad de fuerte influencia entre los azules—, el presidente Calderón llevó a su gabinete a los dos ex gobernadores: Cárdenas y Ramírez Acuña. Pero apenas transcurría el primer año de su gobierno cuando despidió al segundo, lo que rompió los equilibrios que desde Bucareli tenía el gobierno ultraderechista de Jalisco, que desde entonces entró a ese nada selecto grupo de los gobiernos feudales; en donde el mandatario en turno hace lo que le plazca, sin rendir cuentas a nadie.

De esa manera, cuando Calderón despide a Francisco Ramírez Acuña —quien entre sus responsabilidades tenía la de garantizar la gobernabilidad de los estados, pero que a título político mantenía a raya a su sucesor—, le deja las manos libres al timorato González Márquez, quien sabedor de que tenía para sí el feudo llamado Jalisco no hizo más que entregar todo ese poder a su jefe político real, el cardenal Sandoval.

Así, en medio de una escandalosa violación al concepto y la práctica de Estado laico que ordena la Constitución, el góber piadoso de Jalisco exhibió sin pudor los compromisos con su grupo político y fue víctima del “síndrome del poder”. Es decir, le pasó lo que a no pocos gobernadores de Acción Nacional: se creen el cuento del cacique de horca y cuchillo, claro, sin olvidar la buena dosis de bohemia. ¿Qué va a ocurrir de ahora en adelante? No es un asunto menor lo que provocó el góber piadoso al PAN y al gobierno de Calderón con su naciente y cuestionado gobierno. ¿Por qué? Porque ese gobierno le entregó al PRI instrumentos de alto valor político. Los priístas, como todos sabemos, son maestros en el arte del “toma y daca”. Y claro, el góber piadoso es un bombón con cara de moneda de cambio.

Veamos el asunto a través de una hipótesis. Está claro para todos que el gobernador priísta de Oaxaca, Ulises Ruiz, no tiene seguro su cargo. Bueno, existen indicios de que ahora sí, con la ayuda del gobierno federal, se podría dar forma a un escenario para empujar su caída. Pues resulta que frente a esa eventualidad, el gobierno de Jalisco también estaría en una situación similar. En el extremo estaríamos ante la eventual caída de uno u otro gobierno. Así es la política. Por lo pronto, el góber piadoso es un manjar para el desprestigio del gobierno de Calderón. Y entre los opositores no dejarán que se escape ese pollito.

En el camino

Dicen los que saben que todo está listo para empezar el “trasvase” del grupo que todos conocen como Los Chuchos del PRD a lo que queda de Alternativa, hoy Partido Socialdemócrata. Pero además, entre el mismo grupo de Los Chuchos se piensa colocar un monumento a los radicales de AMLO, ya que gracias a ellos se consolidó uno de los liderazgos más emblemáticos de los últimos años —liderazgo femenino, claro—, el de Ruth Zavaleta… Por cierto, siguen jalando la hebra de una supuesta fortuna inmobiliaria de otra lideresa, Alejandra Barrales.

aleman2@prodigy.net.mx



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