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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Miércoles 23 de abril de 2008 |
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El PRD, una tercera versión de la derecha mexicana Todo indica que el “legítimo” impondrá a sus leales No sólo es una burla. También es un fenómeno digno de carpa. Bueno, hasta es un récord mundial. Y no, no es la hidra mitológica, porque en este caso el PRD sólo tiene dos cabezas. Pero el problema rebasa esa dualidad, porque si bien los amarillos mutaron a ese bicho de dos cabezas en que terminó su partido, lo cierto es que también son dos partidos, dos mundos, dos concepciones políticas, dos liderazgos, dos intereses políticos-económicos distintos y, por si hubiera duda, dos maneras de engañar a los militantes, simpatizantes y electores. En realidad el partido amarillo vive una situación extrema. En los años recientes la elección de sus dirigencias había terminado mal —desde 1996 cuando llegó el propio AMLO a la cabeza del PRD—, pero siempre había logrado llegar a un punto de negociación política que, bien o mal, en todos los casos fue aceptada por todos. Pero en esta ocasión el desaseo y el autoritarismo por imponer al jefe del partido fue de tal magnitud, que los eternos derrotados, Los Chuchos, tomaron la decisión de no permitir un nuevo lineazo y montaron un dique que bloqueó toda posibilidad de que por cuarta ocasión le arrebataran el partido. “No más”, habrían dicho Los Chuchos, en tanto que en el otro extremo habrían respondido algo así: “¡Cómo que no!”. A la competencia por descubrir cuál de los dos bandos era el más sucio en materia de elecciones internas, cuál de las dos marranas resultaba más trompuda, las partes reaccionaron con la salida bicéfala. Y nadie cedió, nadie dio su brazo a torcer, nadie se rindió. Y el asunto llegó al extremo de una solución bicéfala; dos presidentes interinos del partido, confirmación de lo que todos saben, todos entienden, todos sienten, pero que muy pocos quieren reconocer; que en su forma primigenia el PRD murió y que en una suerte de división celular sin control, en un cáncer, estalló en pedazos. Hoy son dos cabezas visibles, pero debajo de esas cabezas al partido amarillo lo destruye el cáncer de la ambición y la antidemocracia, de la corrupción y la lucha del poder por el poder. Todos lo sabían, el PRD no son sólo dos grupos en pugna, no son sólo dos proyectos en disputa, no son dos visiones de esa nebulosa que se nos quiere vender como la izquierda, sino que son dos partidos, dos proyectos, dos visiones y, lo más grave, dos grupos políticos antagónicos; uno que se aproxima a la izquierda, el de Los Chuchos, y el otro que francamente es pariente muy cercano a los enemigos históricos de esa izquierda, la derecha más conservadora. Y en efecto, les guste o no a los fanáticos del “legítimo”, el derrotado candidato presidencial representa a la derecha más conservadora. Y ese, les parezca o no, es el origen de la destrucción del proyecto más exitoso que ha tenido la izquierda, el PRD. Y engañan a todos, a militantes, simpatizantes y votantes: y ellos mismos se engañan, cuando hablan del partido como un todo, del PRD como una fuerza identificada con el estandarte de la izquierda, del partido amarillo como proyecto democrático. Engañan a todos y se engañan ellos mismos porque en el fondo todos saben que uno es el partido amarillo y otro el partido negro. El primero se dice revolucionario, mientras que el segundo se reclama democrático. Pero la realidad es que ya no son partido ni son proyecto ni representan la doctrina de izquierda y menos son una alternativa frente a la derecha del PAN y menos ante la derecha del PRI. Son una tercera versión de las dos expresiones clásicas de la derecha mexicana. Y por eso los dinosaurios de la vieja izquierda, los nostálgicos del conservadurismo revolucionario y de los símbolos patrios de antaño enfurecen cuando se propone la posibilidad de la izquierda moderna. “¡Dios nos libre!”, dicen, se santiguan y se van. Como hemos dicho aquí en repetidas ocasiones, el PRD de Los Chuchos y el de los “legítimos” son como esas parejas irreconciliables, que ya viven en recámaras separadas, que saben de la deslealtad uno del otro, que pelean los amores y las caravanas de los hijos, que riñen por pagar los gastos de la casa, pero que se enfrentan a muerte por las rentas de la franquicia familiar. Eso si, viven en la misma casa familiar, porque uno espera que el otro se largue, y el segundo hace todo por que salga huyendo por cansancio el primero. ¿Cuánto vale el PRD?, interrogamos aquí hace no muchas semanas. Y sí, vale su peso en oro. Bueno, en poder político. ¿Quién dejará la casa familiar primero? ¿Serán Los Chuchos? ¿Será el “legítimo”? Los dos bandos se resistirán, porque los dos reclaman la herencia familiar. Y como en toda herencia, ya es posible ver la reedición de las guerras entre Caín y Abel. ¿Quién destruirá a quien? No es muy complicada la respuesta. Ya vimos un parricidio político entre 2000 y 2006. ¿Qué es lo que viene en el PRD? La aduana siguiente es la dirigencia del partido. Como están las cosas, es difícil un pronóstico, pero todo apunta a que por la fuerza el demócrata “legítimo” logrará imponer a sus leales. Lo que viene, luego del asalto al Congreso, será el asalto al PRD, con el aval de todo el aparato del partido, porque pocos se han percatado que desde el 16 de marzo, hasta hoy, lo que hemos visto es un manoseo de las instituciones del partido, de las boletas electorales, de la vida interna del partido. Y se ha decantado la institucionalidad, al grado de que sólo quedan los leales a AMLO, los que en cualquier momento darán el golpe. La siguiente aduana, acaso la verdadera aduana, está en julio de 2009. Allí sabremos de qué están hechos los dos bandos. Conoceremos los escombros del partido. Y claro, sabremos quién es quien entre el electorado. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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