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| Artes Visuales |
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Mónica Mayer El Universal Viernes 18 de abril de 2008 |
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Desde hace años, mi interés por la educación artística me ha llevado a acercarme a diversos sistemas didácticos. Uno de los más interesantes a nivel preparatoria es el que ofrece el Bachillerato Internacional (BI). Se trata de una organización global surgida en los años 70, con sede en Suiza, cuyos cursos se imparten en más de 2 mil escuelas en 127 países. En México cerca de 60 escuelas ofrecen este programa que es reconocido por las mejores universidades del mundo. Pensado para un entorno global y complejo, el programa de BI está basado en seis pilares: ciencias sociales, ciencias experimentales, lengua materna, segunda lengua, matemáticas y arte. Para ellos las artes no son una materia extra. El programa de artes visuales de BI es complejo porque de entrada reconoce que el arte se da en todas las culturas y por lo mismo abarca todo tipo de manifestaciones que pueden ir desde las artes tradicionales hasta las electrónicas. También lo consideran como un campo que requiere un alto nivel cognitivo, tanto en lo emocional como en lo intelectual, ya que desde éste se entiende la condición humana y se fomenta el sentido de identidad individual y cultural. Diseñar un programa de esta naturaleza es complejo, ya que imponer un conjunto de conocimientos sería atentar contra de la naturaleza de la materia. Por ello, el BI traza objetivos y guías, para después pedirle a cada maestro que desarrolle su curso de acuerdo a su especialidad y cultura. Pero, como el arte es un espacio de libertad, también les ofrece a los alumnos la posibilidad de definir el tema sobre el que quieren trabajar, obligándolos también a responsabilizarse de su aprendizaje. El resultado de este método —y me consta porque he hablado con muchos alumnos— es que, además de recibir una formación artística, se da un conocimiento verdaderamente significativo: los jóvenes aprenden a pensar, a expresarse y a ver al otro. El Bachillerato Internacional le da tanta importancia al arte, que en los últimos años ha subido cada vez más su nivel de exigencia y hoy en día es una de las materias más difíciles de aprobar. Como examen, los alumnos presentan una exposición con una selección de al menos 12 obras relevantes y una bitácora en la que tienen que documentar el desarrollo de sus obras, así como las investigaciones históricas y visuales que las han nutrido. Un examinador externo los entrevista durante media hora y evalúa su creatividad, sus conocimientos sobre diversos aspectos formales y técnicos del arte, la relevancia cultural que tienen sus obras y el compromiso de cada alumno con su trabajo. Incrementar el nivel de exigencia a la materia de arte ha hecho que los alumnos mexicanos, aunque trabajan con mucho empeño, creatividad y entusiasmo, cada vez tengan peores calificaciones porque es evidente que carecen de bases. Pocas escuelas mexicanas toman al arte en serio. Si ofrecen la materia en primaria y secundaria, casi siempre es la clase que se suspende por cualquier motivo, rara vez se cuenta con instalaciones adecuadas y los planteles carecen de programas sólidos. No esperaríamos que un alumno aprobara matemáticas en prepa sin haber aprendido aritmética, como no esperaríamos que aprobaran literatura, sin saber leer. Pero seguimos creyendo que el arte es un don divino y los alumnos no necesitan preparación. La educación se está globalizando y cada vez es más exigente. Si en México no entendemos que el arte es una materia fundamental desde los primeros años, además de desperdiciar nuestro talento y limitar la educación de los jóvenes, jamás podremos competir académicamente a nivel internacional. pintomiraya@yahoo.com
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