Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Viernes 11 de abril de 2008



AMLO: golpismoy fascismo

Todo el mundo pretende tener un debate a su antojo

El ‘legítimo’ busca destruir nuestra naciente democracia

Como siempre, menudearán los insultos de la fanaticada lopista, pero más allá de amores y pasiones, lo cierto es que nadie puede negar que la mal llamada “resistencia civil” contra la reforma petrolera arrancó como un simpático chascarrillo, una buena puntada y, si nos apuran, como el mejor ejemplo del humor político negro. Pero en el fondo, más allá de comedias y comediantes, se abre paso un golpe de Estado fascista.

De igual manera, todo aquel ciudadano que respete el pensamiento libre —ajeno a la doctrina única—, estará de acuerdo en que esa “resistencia civil” no es otra cosa que una tramoya, una farsa. Y en efecto, todos sabemos que la farsa no se produce por generación espontánea, sino que, para hacerla realidad, se requiere del operador, del farsante. ¡Y claro! Del mesías que pretende que el Estado se someta a sus deseos. Pero vamos por partes.

Primero recordaremos aquella vieja estampa del político del PRI que en plena campaña para alcanzar un puesto de elección popular ofreció a los votantes “construir el puente que siempre han reclamado”. No concluía su mensaje cuando un oyente le recriminó que no les interesaba el puente. ¿Por qué? “Porque no tenemos río”. Habilidoso y simpático, el político en cuestión reforzó su promesa: “Tá bueno, entonces les ponemos el río”.

Todos sabemos que sin más elementos que su resentimiento por la derrota electoral, el legítimo gritó por todo el país que la perversa derecha y sus inmorales aliados del PRI pretendían privatizar Pemex. Al final de cuentas, cuando llegó la iniciativa al Congreso —al Senado—, por ningún lado apareció la cacareada privatización. Más aún, en un lance que parece un intento por ridiculizar el estandarte privatizador, Felipe Calderón se aventó la puntada de “socializar” Pemex. Y como el político priísta del cuento, AMLO gritó: “Ah, si no hay privatización, también se las invento”.

¡Y claro! Habrá algunos a los que no les guste la estampa. Pero hay muchas otras. ¿Qué argumentaron los lopistas para tomar las tribunas de las cámaras de Senadores y Diputados? Sí, aunque no lo crean, reclamaron un debate de meses. Y tienen razón en cuanto al debate, porque sin duda un asunto como el de la reforma petrolera requiere una discusión amplia.

¿Pero qué creen? Sí, que los lopistas quieren un debate a su antojo. Y eso tampoco tendría nada de extraño, ya que el PAN y el PRI también quieren un debate a su modo.

El problema está en que los políticos y dirigentes del partido que ha sido incapaz de resolver sus guerras internas, el cochinero de la elección de su nuevo presidente, y que cometió toda clase de trapacerías entre los suyos, que es incapaz de dialogar para detener el desprestigio de la izquierda, son los mismos políticos y dirigentes que reclaman diálogo y honestidad.

Bueno, los simpatizantes de AMLO —que no el PRD—, los mismos que pretenden imponer a Alejandro Encinas como dirigente del partido mediante toda clase de ilegalidades y deshonestidades, son los mismos que llevaron a cabo la toma de tribuna, sin haber consultado a los suyos, sin tomar en cuenta a Los Chuchos, excluyendo hasta a los mismos del PRD. Y son los que piden diálogo y que se tomen en cuenta todas las voces. ¿Y qué significa eso? Sí, no es otra cosa que la fractura definitiva del PRD, porque si bien los delirios de AMLO ya no son aceptados por todos, la verdad es que AMLO arrasó al PRD. Y en efecto, seguramente otros tampoco querrán ver esa simpática farsa. Pero hay más. Todos sabemos que el responsable del discurso que disparó “la resistencia civil”, fue el senador Ricardo Monreal. Sí, el mismo que en 1997, en calidad de priísta, se negó a reconocer la mayoría de la oposición en la Cámara de Diputados, con lo que se desbancó la hegemonía del PRI en el Congreso. ¿No es de risa que Monreal ahora se presente como adalid del diálogo y la democracia? Y aquellos que tengan dudas, pueden consultar la memoria del Congreso en 1997. Podrán ver que el papel de Monreal, ayer en el Senado, es el mejor ejemplo del humor negro de la política mexicana. Políticos de risa. Y otro ejemplo, el de la diputada Layda Sansores. ¿Saben quién es? Sí, hija de uno de los más siniestros dirigentes del PRI nacional.

¿Y qué tal con la manta gigante de “clausurado” que los lopistas —entre otros la diputada Sansores—, colocaron en la tribuna de San Lázaro?

Sí, es un golpe de Estado, calca del que el PRI pretendió operar contra los partidos opositores en 1997, Ricardo Monreal entre ellos. ¿No es de risa que en 1997 el PRI pretendiera dar un golpe de Estado a la Cámara de Diputados, y que hoy el partido que pretende ese golpe de Estado sea el PRD, el partido que dice representar a la izquierda? ¿No es una clara expresión de fascismo que los seguidores de Andrés Manuel López Obrador pretendan bloquear el ejercicio democrático?

¿Qué argumentan los lopistas para bloquear el Congreso? Entre otras razones, según ellos, toman el Congreso “porque ya hay un acuerdo entre el PRI y el PAN para aprobar la reforma petrolera”. ¿Qué no saben que en congresos y parlamentos esa, la de los acuerdos y alianzas, es la práctica democrática? ¿No saben que las mayorías en el Congreso son la expresión de la democracia? ¿No es de risa que en gobiernos del PRD, en donde los amarillos tienen mayoría, hacen lo que quieren sin consultar ni tomar en cuenta a nadie, y ahora se quejen de eso? Si esa es la democracia, entonces la historia está de cabeza.

En el fondo, lo que estamos viendo no es otra cosa que un golpe de Estado promovido por el legítimo, político delirante que busca venganza, que siembra odio y que pretende destruir no sólo al gobierno de Calderón, sino a la naciente democracia mexicana. Esa historia no es nueva. El golpismo es propio de la derecha fascista. ¿Dónde estará la izquierda mexicana?

aleman2@prodigy.net.mx



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