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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Jueves 10 de abril de 2008 |
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PRI y gobierno sabían del cambio vía leyes secundarias Pese a los gritos y sombrerazos la reforma se aprobará Hace cinco meses, el 27 de no- viembre de 2007, el Itinerario Político de esa fecha llevó el siguiente título: “Si privatizas lo haces presidente…”. El título aludía a una conversación entre Felipe Calderón y un grupo de dirigentes del PRI, entre los que Manlio Fabio Beltrones llevaba la voz cantante y fue el autor de la advertencia al Presidente: “Si privatizas Pemex, haces presidente a López Obrador”. Así lo dijimos en esa fecha: “A pocos meses de asumir el cargo de presidente de los mexicanos, Felipe Calderón mostró interés en una profunda reforma al artículo 27 constitucional, al tiempo que en el Congreso el tema también era parte de la agenda del primer año. Conocedor de los tiempos del Congreso —espacio en el que no pocos ven una de las fortalezas del nuevo Presidente—, Calderón pulsó los escenarios, mandó los mensajes respectivos a congresistas y gobernadores y —según las versiones consultadas— finalmente convocó hace algunas semanas a un grupo de líderes del PRI para hablar del tema. “El motivo del encuentro era precisamente conocer la posición del PRI respecto al tema energético en general, sobre el petróleo en especial y en forma específica lo que hace a Pemex y alternativas de financiamiento a través de la privatización. El priísmo convino con el Presidente en que era urgente rescatar Pemex, impulsar políticas financieras para su saneamiento, revertir la carga financiera por la importación de gasolinas y gas para el mercado nacional y conseguir recursos para iniciar la explotación de yacimientos en el golfo de México, que se localizan en aguas profundas. “El grupo de líderes del PRI que acudió al encuentro con Calderón hizo una primera evaluación de los distintos escenarios que se presentaron, pero al final de la reunión, uno de ellos atajó la discusión y soltó un sonoro: ‘Si se trata de una reforma constitucional para privatizar, no cuenten conmigo’, dijo. Contrariado, el Presidente quiso saber la razón de esa postura, y rápidamente recibió una muy breve explicación: ‘Si vamos por la reforma constitucional y si privatizas Pemex, en ese momento haces presidente a López Obrador’. Ahí terminó la reunión. “Unos días después aparecieron signos de un cambio de estrategia en la casa presidencial —que mostraron un viraje a la pretendida privatización de Pemex—, en tanto que en el PRI se empezó a trabajar en un proyecto de reforma energética, de manera especial, en su vertiente petrolera, que no pasará por la reforma al artículo 27 constitucional. En términos generales, resulta que un sector del PRI elabora una propuesta que pretende hacer llegar al Presidente, que incluye modalidades de financiamiento privado para la explotación de los yacimientos en aguas profundas, la instalación en México de refinerías y hasta intercambios con empresas estatales como Petrobras. Y todo ello sin llegar a las reformas constitucionales, sino mediante ajustes en leyes reglamentarias”. Hasta aquí la cita. Desde hace cinco meses, como queda claro, en el PRI y en el gobierno de Calderón tenían claro que no transitarían por la reforma al artículo 27 constitucional, y que los cambios que requiere la industria petrolera se harían a través de las leyes secundarias. Y también desde hace cinco meses un sector del PRD, sobre todo aquel cercano a López Obrador, se preparó para convertir la reforma petrolera en el mejor vehículo para engordar su campaña presidencial rumbo al 2012, por un lado, y para cobrar venganza contra Calderón. Desde hace cinco meses, toda la clase política sabía que no habría reforma al 27 constitucional, que más que privatización, lo que propondrían PRI y PAN —no porque quisieran una reforma limitada, sino por elemental supervivencia política— era regularizar y ponerle nombre y apellido a lo que ya se lleva a cabo en la relación de Pemex y la iniciativa privada. Como se puede ver, desde hace cinco meses vivimos un circo político que llevó a miles o millones de mexicanos al clímax de la polarización —y en algunos casos a la esquizofrenia—, gracias al otro espectáculo: la concurrencia mediática en la que de tanto en tanto aparecieron lo mismo payasos, trapecistas, enanos, maromeros, domadores de fieras, que magos, forzudos, malabaristas y uno que otro cuentacuentos. Así, para alimentar el espectáculo, un sector de la oposición radical del PRD montó todo un teatro en rechazo a la dizque privatización de Pemex —montaje que no cuesta tres pesos, nadie sabe quién financió ni de dónde salió el dinero para ello—, cuando todos sabían que no habría tal privatización, en tanto que en el otro extremo, en el del gobierno de Calderón, se dieron tumbos mientras que se alimentó la expectativa mediática tramposa de que “un tesoro” petrolero estaba a la espera de ser descubierto. Puro circo. Pero en esos cinco meses no apareció una sola voz sensata que sin amor, odio o pasión respondiera si realmente con una reforma como la que ya hoy conocemos están en juego el patrimonio y la soberanía nacionales. Ni políticos, ni analistas, ni intelectuales, ni periodistas parecieron capaces de plantear, exponer y advertir que en el fondo, el asunto del petróleo no es un tema de soberanía y menos de privatización, sino una pelea política de venganza y revancha. En el fondo lo que está detrás del espectáculo —además de que nadie puede negar que Pemex requiere un cambio radical— no es otra cosa que un capítulo más de esa delirante guerra política, de odio y sed de venganza emprendida por el derrotado Andrés Manuel López Obrador contra Felipe Calderón, a cuyo gobierno pretende derribar a través de las peores artes de la política: venganza, revancha, polarización, odio, manipulación y engaño. Al final y a pesar de jaloneos, gritos y sombrerazos, la reforma será aprobada por el PRI y el PAN, y será avalada por un grupo de los amarillos. Y, si no, al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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