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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Lunes 07 de abril de 2008 |
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Los pleitos PRI-PAN buscan “caldear” el espectáculo Harán pública la iniciativa sólo hasta haber pactado E ntramos al segundo mes de discusión mediática sobre ese intangible que todos conocen como reforma energética —y que no será otra cosa que un cambio en los modelos de dirección, operación y manejo fiscal de Pemex—, y aún abundan quienes insistenen en que la tardanza en la aparición de la iniciativa respectiva, por parte del gobierno, es algo así como la mejor muestra de que la gestión de Felipe Calderón da tumbos y que está muy lejos de lograr sus objetivos. Bueno, existen quienes incluso quieren creer que la citada reforma ya fracasó, que el Presidente se dio por vencido y que todos debemos olvidar la posibilidad de un cambio importante en Pemex. Y sin duda que esas versiones entran bien entre amplios sectores sociales, sobre todo porque es cierto que existe un error en los mensajes del gobierno a los ciudadanos sobre la reforma —en realidad una grave deficiencia de comunicación—, y que todos perciben en los gigantescos hoyos negros entre los objetivos del gobierno de Calderón y la percepción ciudadana sobre la reforma. No resulta descabellado señalar que, incluso, existe la percepción de que el gobierno está entrampado y vive el peor de los mundos; que no será capaz de sortear una dificultad del tamaño de la reforma petrolera. Pero lo que en realidad desconoce una buena parte de la opinión pública —los ciudadanos de pie—, es que esa reforma se cocina en dos hornos muy diferentes —si queremos usar la jerga circense debemos decir que se exhibe en dos pistas—, y que los ciudadanos sólo presenciamos una de las partes; ese espectáculo mediático con tintes de telenovela. Todo eso lo presenciamos en capítulos diarios, en horario estelar y, sin duda, con la participación de los más afamados de la farándula política. En realidad vemos la parte lúdica de la reforma —porque no deja de ser un espectáculo—, cuando en realidad lo grueso de la negociación que se lleva a cabo por lo bajo, es manejado de manera directa por el presidente, y está muy lejos de lo que vemos bajo los reflectores mediáticos. Así, por ejemplo, cuando vemos a reputados legisladores como Manlio Fabio Beltrones, o su fiel escudero Emilio Gamboa Patrón, lanzar dardos certeros y con apariencia de misiles contra la reforma, contra el PAN o contra Calderón, en realidad estamos ante un amago público —con una buena dosis de espectacularidad mediática—, que en los jaloneos privados pretende debilitar a los negociadores en tal o cual parte de la disputa. Cuando vemos que los jefes del PRI insisten, por ejemplo, en que sea el Presidente y no el PRI quien presente la iniciativa, el mensaje que mandan es que ellos, los dueños del PRI, no van a pagar los costos de esa reforma, sino que el “pagano” será sólo Calderón. En el fondo, el supuesto retraso en la presentación de la iniciativa, la presunta guerra al interior del gobierno, o los aparentes choques entre priístas y panistas, priístas y calderonistas, no son más que supuestas escaramuzas para “caldear” el espectáculo. En el fondo, poco o nada tienen que ver con la negociación dura. Va un ejemplo contundente. Todos recordamos la encerrona entre legisladores del PRI con la secretaria de Energía, Georgina Kessel, y con el director de Pemex, Jesús Reyes Heroles. ¿Se acuerdan qué pasó? Pues sí, les dieron una tunda. Bueno, esa no es más que una parte de la negociación, la parte del espectáculo y la presión. ¿Pero qué es lo que en el fondo quieren el PRI, el PAN y una parte del PRD? La respuesta a esa interrogante la tendremos cuando se presente la iniciativa. Y no, no se trata de que nos digan qué les gusta o no, qué quieren o no de la reforma, qué se debe quitar o incluir. No, lo que veremos una vez presentada la iniciativa es el porcentaje de acuerdo al que habrán llegado PRI y PAN —y acaso un sector del PRD—, respecto a la reforma. Los conocedores de la negociación política, y sobre todo de la “miga” parlamentaria, dicen que la presentación pública de la iniciativa —lo que podrá ocurrir entre hoy y el viernes próximo—, será la señal de que los dos grandes partidos han llegado a un acuerdo en por lo menos 90% de la reforma. Es decir, si no existe un acuerdo previo, si no se logra planchar la reforma entre el PRI y el PAN en por lo menos 90% —antes de ser presentada—, simple y llanamente no se presentará. ¿Y eso significa un error, una falla o una deficiencia? Por supuesto que no. Al contrario, es una muestra clara, contundente, de que en la casa presidencial la reforma es operada por un experto en los intríngulis de la negociación política y parlamentaria. Aquí vale recordar que Felipe Calderón fue presidente del PAN —por tanto jefe de los jefes parlamentarios en el Congreso, en tiempos de la gran reforma electoral de 1996—, y que fue coordinador parlamentario del PAN en la primera mitad del gobierno de Vicente Fox —casualmente tiempo de los grandes fracasos de Fox—, y que por tanto, algo sabe de negociaciones políticas y legislativas. Calderón sabe bien que uno de los grandes errores del entonces presidente Vicente Fox, en cuanto a reformas legislativas, fue presentarlas al Congreso como si aventara un jamón crudo a una jauría. Y también sabe que una reforma que debe pasar por el cedazo de una partidocracia sedienta de cuotas de poder, debe ser negociada con cuidado, paso a paso, palabra por palabra. Y sabe que si no se hace de esa manera, corre el riesgo de perder la partida en los reflectores mediáticos. Por eso Felipe Calderón no ha cedido a presiones, por eso no ha caído en provocaciones y por eso mantiene bajo su estricto control la reforma. Y sí, no aparecerá en público ninguna iniciativa, si antes esa iniciativa no está planchada. Y Calderón algo sabe de eso. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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