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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Viernes 04 de abril de 2008 |
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Hay quienes ven en la crisis del partido la confirmación de un “mal congénito” Terminó exhibiendo sus verdades: las de un puñado de vividores de la política En sólo 19 días, un puñado de políticos irresponsables, ambiciosos y nada escrupulosos le dio la “puntilla” a 19 años de vida del partido político más importante que haya tenido la izquierda mexicana. Y les guste o no a los amarillos, en los 19 días pasados el PRD se jodió. Y al parecer les asiste la razón a quienes suponen que lo que vimos a partir del domingo 16 de marzo no es más que la “punta de la madeja” de un problema viejo. Bueno, en realidad existen otros que incluso ven la génesis de la crisis del PRD como la confirmación de un “mal congénito”, de una tara genética con la que nació el partido que dice representar a la izquierda mexicana. Es decir, que el verdadero problema del PRD es su origen: el qué, quién y cómo se dio la gestación. Se confirma, si el asunto se quiere ver desde otro ángulo, que “origen es destino”. Para explicarnos, acaso valga la pena un recurso memorioso. ¿Quiénes dieron forma al PRD? Todos sabemos que coincidieron dos fenómenos celulares que se juntaron en el tiempo y el espacio. Por un lado, un desprendimiento inédito del sector que reclamaba el nacionalismo revolucionario del PRI y, por el otro, un amasijo de distintas tendencias con parentescos de las distintas expresiones de esa nebulosa izquierda mexicana: ex comunistas, marxistas, socialistas, trotskistas, socialdemócratas, liberales y, sobre todo, ex paraestatales del PRI. Curiosa mezcla. Y en efecto, en el huevo fundacional del PRD —que nació al fragor de la batalla por el poder— predominaban los genes de la antidemocracia, el control vertical, autoritario, el caudillismo y toda la herencia del viejo PRI, del viejo PCM, de los oportunistas herederos de Aguilar Talamantes y de Jorge Cruishank, y los no menos delirantes herederos del trotskismo, entre otras tendencias. Y se le debe agregar la influencia de los movimientos urbanos, clientelas formadas a golpe de precarismo. Pues sí, les asiste la razón. ¿Cómo se nos ocurre pedirle peras al olmo? Es probable que el problema se localice en un penoso autoengaño colectivo. Todos sabíamos que esa nave construida en los astilleros de la antidemocracia, con tablones de viejos naufragios del poder vertical, autoritario, irrespetuoso de derechos y libertades básicas, nunca llegaría al puerto de la democracia. ¡Ah!, pero resulta que para calmar a las buenas conciencias, los fundadores del partido amarillo se aventaron la puntada de prometer que se convertirían en los revolucionarios de la democracia. Y el hijo llevó ese nombre. El revolucionario de la democracia. No sabemos si nos engañaron, si nos dejamos engañar, o si a gritos pedíamos ser engañados. Pero todos nos tragamos el cuento. ¡Sí, señor! El Partido de la Revolución Democrática nació para eso, para impulsar esa revolución, la transición democrática. Y claro, para eso debía echar al PRI del poder, para eso debía cultivar la democracia en todo el territorio. Para eso debía sembrar los postulados de la izquierda, la cultura de la congruencia entre la doctrina y la práctica política. Pero entre los perredistas, la democracia es un maquillaje que hace lucir el rostro de esa izquierda mediática, pero que debajo oculta el feo rostro de la realidad política. Y es que, en efecto, tanto el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas, idéntico al de Andrés Manuel López Obrador, no fueron más que groseras copias de lo que por décadas fue el PRI —a pesar de la opinión de los santones, que en su delirio añoso sólo culpan al padre, sin reparar que el hijo es resultado del proceder del padre—; feudos de poder que no toleraban y no toleran que el aire pudiera ser respirado por otros. Y claro que existen diferencias entre los liderazgos de Cárdenas y Obrador. El primero se mueve por el talento, el segundo por el olfato; al primero le interesa construir, al segundo destruir… Al final de cuentas, el PRD terminó en lo que debía haber terminado. Desapareció el maquillaje de izquierda, la máscara de la democracia, el ropaje de revolucionarios y demócratas, y vimos al verdadero PRD en toda su desnudez. No vemos al rey desnudo caminar por las calles creyendo que luce un traje de gala; vemos al PRD exhibiendo sus verdades: las de un puñado de vividores de la política, agrupados en una franquicia que vale por el dinero público y el poder político, y a los que nada importa la democracia ni los ciudadanos. ¿Qué va a pasar en el PRD?, es la pregunta más socorrida en los comederos políticos. Y parece una mala pregunta, porque lo grave ya pasó en el partido amarillo. El PRD ya se jodió. Mejor peguntemos: ¿cómo van a repartir el botín? La anulación del proceso para seleccionar al nuevo presidente del PRD ya está dada, tanto en los hechos como en el terreno del derecho electoral. Con un militante que acuda al Tribunal Electoral para reclamar el respeto de sus derechos es suficiente para que la autoridad electoral declare la anulación. Pero eso tampoco importa a estas alturas. Hoy se trabaja en la búsqueda del afortunado que recibirá la encomienda de velar el cadáver amarillo. No va Ricardo Monreal, porque lo vetan Los Chuchos; no va Lázaro Cárdenas Batel, porque lo veta el “legítimo”… ¿Y entonces quién será, cuál debe ser el perfil? La respuesta está a los ojos de todos. Bueno, el PRD ya vivió la experiencia de tener un dirigente botarga. ¿Se acuerdan la forma en que fue impuesto Leonel Cota? Su mérito para ser presidente del PRD fue su papel de incondicional y que en los años escolares era el niño rico que invitaba al niño pobre al pueblo familiar. Si, Chuchos y Encinos acordarán designar a un bulto como dirigente nacional del PRD. Sólo por el qué dirán. Se jodió. aleman2@prodigy.net.mx
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