Agenda del debate
José Carreño Carlón
El Universal

Jueves 03 de abril de 2008



Una no propuesta energética, a consensuar o reventar

¿Ejemplo de sinsentido o estrategia para reducir las curvas de discrepancia?

La reforma petrolera pasa por el debate de democracia funcional o caudillismo

Una “feliz no propuesta” se le podría desear al presidente Felipe Calderón, a la manera en que esa cumbre del género literario del sinsentido que es Lewis Carroll nos ha contado cómo —en el País de las Maravillas— Alicia no tenía por qué limitarse a dedicar un día al año a celebrar un feliz cumpleaños, sino que todos los demás se pueden celebrar un feliz no cumpleaños.

Y así como este género del nonsense vino a proponer una literatura abierta a significados inagotables, la no propuesta energética de Calderón se ha prestado a interpretaciones inagotables.

Quizás haya que centrar la atención en primer lugar en el hecho de que una no propuesta haya pasado a ocupar el centro de la agenda del debate público de esta semana. Acaso es porque en este País de las Maravillas, como en el de Alicia, lo irreal es lo real y lo racional aparece como lo absurdo.

Y si en la semanas anteriores se le reprochó a Andrés Manuel López Obrador el despliegue de una campaña a muerte para reventar una reforma energética desconocida, no materializada en propuesta o iniciativa, esta semana se completó el círculo con el llamado del gobierno de Calderón a debatir y a generar consensos en favor de una reforma igualmente desconocida, no materializada, tampoco, en una iniciativa o al menos en una propuesta.

Pasamos así del país de las maravillas al país de las percepciones.

Por ejemplo, entre los seguidores de AMLO, la no propuesta gubernamental fue percibida (y celebrada) como el anuncio apenas embozado de una supuesta rendición final a la vista, por parte de Calderón, ante los simples amagos y amenazas de violentar la vida pública por parte de López Obrador. La estrategia de éste aparecería así como victoriosa en toda la línea, antes de lanzar siquiera una primera escuadra contra el palacio legislativo y otros blancos.

Del lado de los detractores de AMLO, los efectos de la no propuesta fueron descifrados como una victoria de Calderón, quien no sólo habría eludido las provocaciones de AMLO, sino que además habría obligado a las huestes obradoristas —en los medios, el Congreso y el mundo intelectual— a desoír la orden del caudillo de ni siquiera debatir el tema de la reforma energética.

El PRI en el centro del ruedo

En lenguaje taurino, el hecho de que los seguidores de AMLO aparezcan ahora discutiendo —o dispuestos a discutir— el diagnóstico gubernamental y las alternativas para hacerle frente equivaldría a que el toro más reacio a las reglas institucionales de las decisiones públicas estaría entrando —o al menos dispuesto a entrar— al capote del debate mediático y parlamentario.

En su turno, el PRI ha decodificado la no propuesta de Calderón como la oportunidad de destronarlo, en la percepción pública, del sitial del torero, por renunciar —le dice— a ejercer el derecho de iniciativa y, así, a una parte del ejercicio del gobierno. Hábil, calculadoramente, el líder priísta en el Senado se erigió enseguida en el matador estelar de la jornada y pretendió convertir a Calderón en un toro manso al que desafió con la frase: “Hay gobiernos a los que desgasta el poder y hay otros a los que desgasta el no poder”.

Desde el centro del ruedo, Manlio Fabio Beltrones aparecería así retando a Calderón a dejar de lado su no propuesta y desafiándolo a embestir de inmediato con una iniciativa de reforma energética. Y aquí, el escenario no podría ser más previsible. Porque una vez revolcado Calderón con todo y su iniciativa, aparecería el capote salvador del diestro priísta para robustecer la percepción de por sí eficazmente extendida de que es el temple de éste el que les resuelve todas las situaciones críticas a los novilleros que aparecen como sus cogobernantes.

Finalmente, ayer, frente a estos manejos de las percepciones públicas, Calderón pareció volver al ruedo —en la reunión con el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios— para sugerir que no renuncia al ejercicio del gobierno por poner en el debate una no propuesta. Explícitamente, para asegurar que no elude los problemas a fin de evitar los costos políticos. Pero, definitivamente, para hacer ver que su colocación en la agenda pública de un diagnóstico, menos que una propuesta acabada en materia petrolera, se debe a su convicción de que sólo se podrá enfrentar este reto discutiendo con objetividad, con base en datos reales, las alternativas al alcance del país.

Y es en este punto en que vale la pregunta de si la feliz no propuesta de Calderón es una mala e involuntaria muestra del libérrimo, revolucionario género literario del sinsentido, o forma parte de una deliberada —y cada vez más eficaz— estrategia de comunicación política.

Pemex, democracia y caudillismo

A la vista de la apuesta presidencial —renovada esta semana— contra el paternalismo y el caudillismo y a la vista de los resultados de la campaña de televisión sobre el “gran tesoro” que constituye el petróleo mexicano en aguas profundas —visto ya por 91% de la población— la estrategia parecería basada —directa o indirectamente— en la teoría del juicio público o del juicio social de Daniel Yankelovich, el autor de un trabajo tan sugerente como el título que lleva y que alude a la forma de hacer funcionar la democracia en un mundo complejo, a través de propiciar lo que llama el juicio social: Coming to social judgment: Making democracy work in a complex world.

El diagnóstico presentado el domingo por la secretaria de Energía y el director de Pemex apuntaría en la misma dirección: la de desatar una serie de actividades comunicativas encaminadas a reducir las curvas de discrepancia sobre el asunto a debate, antes de pasar a la negociación concreta de los cambios requeridos. Sobre todo cuando se trata de asuntos a debate como éste, que entrañan valores en conflicto y que tienden a polarizar y a paralizar a las sociedades, por urgidas que estén de transformarse.

La primera etapa de una estrategia de esta naturaleza va encaminada a despertar la capacidad del público de aprender de la realidad de estos asuntos por encima de prejuicios y tabúes.

Y a juzgar por los estudios de opinión más recientes parecería iniciada ya, en paralelo, una segunda etapa, en la que el público empieza a confrontar la necesidad de cambios en actitudes y comportamientos, como lo muestra el acuerdo creciente con el proyecto de que Pemex haga alianzas con quienes cuentan con tecnología y experiencia para explorar en aguas profundas.

El tema del petróleo aparece así necesariamente acompañado del dilema no resuelto en nuestro país entre la vía de la construcción de una democracia que funcione y la vía de su liquidación —por infuncional— y de su sustitución por liderazgos providenciales que en su reedición México y Latinoamérica se abren paso a través de acciones de prácticas antiparlamentarias que no descartan la violencia.

jose.carreno@uia.mx



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