Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Miércoles 02 de abril de 2008



La reforma y los partidos

Una votación dividida sirve al PRI para lavarse la cara

Habrá acuerdo porque AN está en manos del tricolor

Jaloneos aparte, y más allá de gritos y sombrerazos, la mal llamada reforma energética podría ser aproba-da en el Congreso sin grandes pleitos en cuanto a la suma de votos, ya que de entre 15 y 18 leyes reglamentarias que serían enmendadas, sólo requieren del voto de la mitad más uno de los legisladores de todos los grupos parlamentarios, sean senadores, sean diputados. En reciente declaración, el presidente nacional del PAN, Germán Martínez, dijo que su partido no alcanzaba la mayoría para sacar por sí solo la etérea reforma energética. En realidad hablaba de una obviedad, ya que todos saben que desde las elecciones federales intermedias de 1997 en el Congreso mexicano se perdió la hegemonía de un solo partido y se dio paso a una impensable y en ocasiones intratable pluralidad.

Pero vamos a los números. ¿Cuántos votos requieren el gobierno de Calderón y el PAN para sacar adelante la reforma? En el caso del Senado, ese órgano legislativo tiene en total 128 representantes del pacto federal —los senadores, debemos recordar, representan a las entidades federativas, en tanto que los diputados representan a los ciudadanos— por lo que la mitad más uno del total de votos posibles es de 65. El número para alcanzar la mitad más uno puede variar, ya que la legislación del Congreso habla de “la mitad más uno de los presentes”, una vez verificado que existe quórum.

Ahora bien, en la casona de Xicoténcatl el PAN tiene 52 senadores, el PRI 33, el PRD 26, el PVEM seis, los partidos del Trabajo y Convergencia cinco escaños cada uno y el Panal sólo tiene uno. Una operación aritmética elemental nos muestra que al gobierno y a su partido sólo les haría falta el voto de 13 senadores de cualquier otro partido para sacar adelante su reforma. Los azules seguramente recurrirán a dos de sus aliados naturales: PVEM y Panal. Pero aun así no reúne los 13 que le faltan.

Salvo un caso extremo —que por supuesto no debe descartarse—, el valor de la chiquillería resultaría menos ya que el gobierno de Calderón y su partido se la jugarán, sobre todo, con el PRI de Manlio Fabio Beltrones. Y otra vez, salvo un caso de emergencia, el jefe real de los tricolores sólo tendría que negociar seis o siete votos de su partido para que la reforma fuera aprobada. Ese extremo está lejos de la realidad, porque el PRI en el fondo le jugará a dos cartas.

Primero, Manlio Fabio elevará lo más posible el costo de la negociación. Podría conseguir incluso lo que serían las últimas reformas de su fructífera ley de la reforma del Estado —que pronto terminará sus actividades—: las propuestas para cambiar el formato del informe presidencial y la que anula el fuero cuando existe flagrancia en un delito. Eso por un lado.

Pero, por el otro, aparece una estrategia que ya en el pasado utilizó el PAN en sus alianzas con los gobiernos del PRI. Es decir, salvar la posibilidad de una crisis interna si se deja correr el voto del priísmo conforme a los intereses de los grupos, pero siempre y cuando se garantice la votación suficiente para alcanzar la mitad más uno. Si se ve con atención el detalle, se apreciará que una votación dividida del PRI le sirve al tricolor para lavarse la cara.

Es decir, que al interior del PRI no se ve mal el voto dividido en torno a la reforma, sino que hasta les parece apropiado que una parte la apruebe y otra la rechace.

Pero, además, eso de que el PAN buscará alianzas con otros partidos, todos saben que es retórica pura de Germán Martínez. Ni modo que iba a decir “vamos a sacar la reforma sólo los cuates”. Pero también todos saben que ese “muégano” que se llama FAP no va a votar por ninguna iniciativa que presente el PAN, sea a través de sus grupos parlamentarios, sea a través del presidente Calderón, porque lo último que le importa es el petróleo o una reforma energética. En realidad, al dueño del FAP, al legítimo, no le importa nada con Pemex, y menos con la renta petrolera. Sólo le importa la renta electoral y de popularidad. Por eso, cuando el FAP se aísla del debate, cuando se niega de manera clara al debate, cuando planea un virtual golpe de Estado, y cuando se niega a todo lo que venga, sin saber qué es lo qué vendrá, en el fondo le entrega a la perversa derecha que dice combatir, la coartada perfecta.

Y el regalo será aprovechado por Martínez Cázares, quien podrá salir al reflector a declarar: “¡Ya ven, se los dije, les pedimos que debatieran, que hicieran propuestas, y nada les parece!”. Eso sí, los amarillos lanzarán su golpismo fascista contra el Congreso.

En la Cámara de Diputados las cosas no serán muy distintas.

Todos saben que en la llamada “casa del pueblo” existen 500 diputados; 207 del PAN, 127 del PRD, 106 del PRI, 18 de Convergencia, 17 del PVEM, 11 del PT, nueve del Panal y 11 de la ex Alternativa. Como se puede ver, para alcanzar los 251 votos que se requiere para enmendar las leyes secundarias que constituirán la reforma energética, el PAN necesita 44 votos.

En este caso tampoco los aliados naturales le darían los diputados para lograr la mitad más uno indispensable. Los partidos Verde y Panal sólo suman 20 votos. Y no, el tricolor tampoco requerirá de mucho esfuerzo si decide apoyar a sus aliados. Sólo la mitad de sus 106 diputados.

Pero el problema no parece estar en los ajustes numéricos, sino que el PRI saltó de última hora porque en el PAN y el gobierno de Calderón decidieron que la reforma la presentará la fracción parlamentaria en el Senado. ¿Cómo?, dijo Beltrones. El gobierno no quiere pagar los costos. Sacrificará a su partido. Al final habrá acuerdo, porque los azules están en manos del PRI. Y claro, sin el PRI están muertos. Al tiempo.

En el camino

Cinismo de Hermelinda, la dirigente del sindicato de la UAM: “No se desesperen, tómenlo con calma, trabajamos para resolver el conflicto”. Sesenta y dos días de huelga. Y, sí, todos como si nada.

aleman2@prodigy.net.mx



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