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Juan Domingo Argüelles El Universal Domingo 30 de marzo de 2008 |
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Edimat Libros, con sede en España, ha incursionado desde hace varios años en mercado hispanoamericano con recopilaciones o antologías de grandes autores. Ahora, añade a éstas una sobria y económica colección de libros clásicos bien prologados, en formato pequeño, con pasta dura, pequeña pero legible tipografía y buena impresión. Se trata de clásicos españoles y universales de todos los géneros que van desde Romeo y Julieta, de Shakespeare, hasta Fanny Hill, de John Cleland, desde las Fábulas morales, de Félix María de Samaniego, hasta las Fábulas completas de Esopo. La colección lleva por título Letras Mayúsculas (Madrid, 2007) y se trata de ediciones no sólo dignas, sino incluso atractivas para el coleccionista y el relector de libros que están entre lo mejor de las letras hispánicas y universales. Una de las falsas ideas en torno del libro clásico es que ya no tiene sentido publicar nuevas colecciones de ellos, puesto que hay muchas en el mercado. La realidad es que los libros clásicos son eso precisamente, por todo aquello que argumentaba Italo Calvino en su también ya clásico Por qué leer los clásicos (Tusquets, 1992). Porque los clásicos, entre otras razones que ofrece Calvino, “son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual”, y porque, además, “toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera”. Estas y otras muchas razones son las que justifican la aparición de nuevas colecciones de clásicos. En el caso de Letras Mayúsculas lo que da gusto es que sean libros bien hechos, muy lejos de la edición desechable y con una muy buena distribución en tiendas de autoservicio. Es cada vez más frecuente que las colecciones, para este mercado específico, sean tan descuidadas como efímeras por las características materiales que se utilizan en su confección: pésimo papel, mala impresión, encuadernaciones en rústica únicamente pegadas y no cosidas, con prólogos reciclados o absolutamente inútiles de tan anodinos. No es el caso de Letras Mayúsculas. Por lo demás, en cuanto al valor de un libro clásico, éste nunca será poca cosa si puede servir para, algún día, ser hojeado por alguien, en un hogar, por los milagros del azar y, dar, por ejemplo, con la apasionante obra de Shakespeare o —esto es mucho más probable— con la pecaminosa y no menos apasionante Fanny Hill de John Cleland. Lo espléndido de la colección que comentamos es que quienes la diseñaron carecen de una visión miope sobre el término clásico, y no deja de ser extraordinario que incluyan Fanny Hill y otras obras de la denominada “literatura galante” o, como se decía antes, “para amplios criterios”, que muchas veces son las que realmente inician a un lector adolescente en la lectura de libros. Graciela Guido, la prologuista de esta edición de Fanny Hill, dice, por ejemplo: “Fanny Hill puede leerse como una novela erótica e incluso como una novela histórica sobre los placeres y gustos sexuales de la Inglaterra de entonces. El autor asume la voz de una mujer y cuenta en primera persona los hechos libertinos que ha vivido antes de su retirada a una vida familiar burguesa al uso”. No se puede hacer mejor síntesis de este libro tan deliciosamente atractivo, tan provocativo y gozoso, publicado por vez primera en 1749. En conclusión Letras Mayúsculas es la enésima colección de clásicos universales y españoles, pero para nada una colección más, sino también una muy buena y recomendable colección.
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