Agenda del debate
José Carreño Carlón
El Universal

Jueves 13 de marzo de 2008



Calderón frente a FARC,SME, AMLO y PRI

De la guillotina a Ugalde al juicio a Mouriño: ‘culpables’ del 2006. ¿Quién sigue?

Caso ‘mil usos’: desestabiliza el gobierno, bloquea reformas y tapa relaciones de alto riesgo

Son días de guardar: el presidente Felipe Calderón llegará mañana al segundo Viernes de Dolores de su gestión con nuevos frentes abiertos, dentro y fuera del país, que podrían anunciar también nuevos, intensos retos para su gestión, si acaso temporalmente bajo control por la inminente tregua de la Semana Santa.

En el plano interno, hay un terremoto anunciado para este Domingo de Ramos —dentro de 72 horas— con el estallido de la huelga del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y su epicentro en la capital de la República. A esa sacudida se pueden unir las bandas más radicalizadas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) —ligadas además al SME— ya sea en la euforia del triunfo o en las fiebres de la frustración: dependiendo de si su caudillo Andrés Manuel López Obrador conserva o pierde este mismo domingo el control del PRD, con su candidato Alejandro Encinas.

En el plano externo, hay que admitir que si el antecesor de Calderón, Vicente Fox, logró la antihazaña que parecería imposible de, al mismo tiempo, enfriar a punto de congelación las relaciones con Washington y prácticamente romper con La Habana, el actual Presidente, es cierto, acertó ya jugar un papel constructivo, sustancial, aunque discreto, en la tragicomedia sobreactuada el pasado fin de semana en Santo Domingo, con el choque y el reencuentro de tres presidentes latinoamericanos. Calderón pudo jugar ese papel gracias a su iniciativa previa de recomponer las relaciones de México con el bloque populista (e intervencionista) que encabeza el presidente venezolano Hugo Chávez. Y a la restauración de las relaciones con el gobierno de Cuba, que probablemente avanzará en el intercambio que hoy inicia en la isla la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa.

En buena hora se interrumpe así la tendencia al aislamiento mexicano con algunos de los países más próximos, países, además, inscritos en procesos de cambio de los que México no podría permanecer alejado, sino a altos costos y a mayores riesgos de los que puede atraerle el verse involucrado decididamente en las luchas políticas, las negociaciones económicas, la cooperación académica y cultural y el diálogo abierto en nuestra efervescente región.

Y es que los riesgos están allí y nos alcanzarán de cualquier manera, sólo que habría mayores costos, sin oportunidad de beneficios, si se hubiera insistido en la pretensión de aislarnos, ya sea bronqueándonos con unos hasta la virtual ruptura o simplemente volteando a otro lado al momento de las broncas entre los demás.

Las FARC y el Frente Progresista

Y allí está la bronca de Colombia con Ecuador y Venezuela en que la capital mexicana, bajo control del PRD, aparece —de acuerdo con la DEA (Drug Enforcement Administration)— como otra suerte de santuario, aparte del de Ecuador, de las narcoterroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Aparte de mantener secuestradas a centenares de víctimas en condiciones infrahumanas, que compiten con la prisión estadounidense de Guantánamo, las FARC —de acuerdo al procurador general de Justicia mexicano, Eduardo Medina Mora— constituyen una organización “activamente involucrada en el envío de drogas de Colombia a otros países, incluido México”. Pero además cuentan con agentes financieros y políticos que operan en nuestro país y que, entre otras actividades —según diversas evidencias de la semana investigadas por EL UNIVERSAL— reclutan a ciudadanos mexicanos, particularmente en nuestras universidades, para enrolarlos en actividades criminales disfrazadas de “revolucionarias” y trasladarlos bajo la cobertura de un movimiento “bolivariano” patrocinado con los petrodólares del presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Una vez que —tras el ataque colombiano al santuario de las FARC en Ecuador— se hicieron visibles estas evidencias en la agenda mexicana del debate público, aparte de que obligan al gobierno y a las autoridades universitarias de México a actuar en consecuencia, conducirán al brazo mexicano de las propias FARC a hacer más abierto también el frente de lucha contra el gobierno de Calderón, en alianza con otros grupos políticos locales.

Así lo apuntan ya algunas reacciones de allegados de las víctimas mexicanas en el campamento de Ecuador, así como la invitación del Partido del Trabajo (del Frente Amplio Progresista que comanda el mismo AMLO) a las FARC para que envíen a México una delegación a fin de discutir aquí —en los términos revelados también esta semana por EL UNIVERSAL— el “proyecto alternativo de nación” de López Obrador.

Como se sabe, éste es el lema del candidato presidencial perredista derrotado en 2006. Y como también se sabe, el prospecto de AMLO para conservar el control del PRD en la elección interna de este domingo, Alejandro Encinas, se ha comprometido a echar fuera, ¿derrocar?, al presidente Felipe Calderón.

Es aquí donde aparecen nuevos ángulos de la embestida de AMLO contra el secretario de Gobernación. La ruta parece clara: una vez arreglado con el PRI —encargado a su vez de engatusar al PAN y al propio Calderón— el plan de guillotinar al anterior presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, señalado por AMLO como “culpable” de su derrota electoral de 2006, éste dirige ahora la artillería contra otro “culpable” de la elección de ese año, el jefe de la campaña y hoy jefe de gabinete de Calderón, Juan Camilo Mouriño. Y la respuesta a la pregunta de quién seguirá, una vez caído Mouriño, es la que anticipó ya Encinas como ofrenda a su impulsor a la presidencia perredista.

PRI: una alianza inestable

El juicio mediático contra el secretario de Gobernación se ha erigido así en un caso mil usos en la estrategia de AMLO. Lo mismo le ha servido para desestabilizar el gabinete presidencial que como punta de lanza para bloquear la reforma energética. Y también para descalificar a la cabeza de la política interior, particularmente en materia de seguridad pública y combate al crimen organizado, en el que se incluye ahora a las narcoterroristas FARC, invitadas a decantar el proyecto alternativo de nación del propio AMLO.

Y aquí está una utilidad más del linchamiento a Mouriño. El caso ha logrado opacar o incluso tapar en la agenda del debate público el tema de estas relaciones de alto riesgo del frente obradorista.

Queda la pregunta sobre el papel del PRI en este episodio. Los zigzagueos de este partido muestran una vez más las vulnerabilidades de este tipo de dependencia del gobierno con el anterior partido gobernante. Su conducta confirma los riesgos de una relación que no es de aliados estables, sino de tratos particulares entre contrapartes, transacción por transacción, negocio por negocio. Tanto para ti, tanto para mí, lo mismo al repartirse el botín del IFE que el de la reforma fiscal y el presupuesto.

Y como el affaire Mouriño no formaba parte de las transacciones anteriores, hay que negociar ahora el precio de sostenerlo. Y en esas estamos.

jose.carreno@uia.mx



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL