![]() | |||
| Itinerario Político |
|
Ricardo Alemán El Universal Domingo 24 de febrero de 2008 |
|
|
|
Unanimidad sospechosa; niegan a Octavio Paz un muro en San Lázaro El inmoral negocio familiar que se mueve en la Lotería Nacional Fechado el 12 de junio de 1997 —y publicado como texto de presentación del número 248 de la revista Vuelta—, Octavio Paz publicó un pequeño ensayo sobre el histórico proceso electoral federal que se llevó a cabo en las semanas previas —el 6 de julio de ese 1997—, y que marcó el principio del fin de la hegemonía del viejo PRI en el poder. En esa elección, como todos saben —en la que se renovó la Cámara de Diputados, y que arrancó en la segunda mitad del gobierno de Ernesto Zedillo, luego de la gran reforma electoral de 1996—, el PRI perdió la mayoría y el control político de San Lázaro, en una batalla política histórica que marcó el inicio de la pluralidad partidista en el Congreso mexicano. Por primera ocasión, y gracias a las nuevas reglas del juego pactadas en buena medida gracias al entonces presidente Ernesto Zedillo —quien fuera el último presidente del PRI—, los partidos opositores consiguieron una mayoría en la llamada “casa del pueblo”, en la representación popular de San Lázaro, en tanto que el gobierno del Distrito Federal dejó de ser una regencia en manos del presidente en turno, y su primer gobierno electo fue entregado a la llamada izquierda mexicana, al PRD de Cuauhtémoc Cárdenas. La visión de Paz Para Octavio Paz, las elecciones de ese 6 de julio fueron “la culminación de un proceso político que comenzó en 1968”, año “de la primera gran crisis del sistema mexicano”, y que coincidió, según el poeta, con dos fenómenos de extraordinaria importancia, uno internacional y otro nacional. “El primero, la rebelión en las sociedades liberales capitalistas de Europa y Estados Unidos. El segundo, la entrada en acción de una clase media desconocida en México… los contingentes juveniles que formaron el núcleo del movimiento de 1968 pertenecían a esa clase”. Según Octavio Paz, los dirigentes del movimiento estudiantil de 1968 “ignoraron el verdadero sentido del movimiento que encabezaban y tardaron 20 años en desorganizarse. Su encuentro con la democracia fue tardío. Lo mismo puede decirse de casi toda la izquierda… la reacción de los partidos fue igualmente incomprensiva. El Partido Comunista vio con desconfianza a un movimiento que no se ajustaba ni a sus ideas ni a sus previsiones acerca de lo que era o podía ser una revolución social… la clase obrera los vio con indiferencia. El PAN, muy debilitado entonces, los ignoró; el PRI procuró destruirlos”. Líneas adelante, Octavio Paz dice que “más allá de la represión o de la violencia terrorista o guerrillera, paralela a la violencia gubernamental, permaneció viva y tenaz la aspiración democrática… aspiración poderosa, pero confusa… y sólo un pequeño grupo declaró que la única solución viable era una evolución pacífica y gradual hacia el pluralismo democrático”. Ese pequeño grupo era, por supuesto, el que se aglutinó en torno a Paz. Luego, el poeta recuerda la publicación, en 1970, de su libro Posdata, en el que se pronunciaba precisamente por una solución de esa naturaleza a la crisis que vivía el país. No tardaron las críticas severas provenientes de la izquierda, que motejó la salida propuesta como “gradualismo”, al tiempo que Paz fue identificado entonces como un intelectual de derecha. Pero luego los cuestionamientos vinieron también del PRI y hasta del PAN, cuando en las revistas Plural y Vuelta, Octavio Paz insistió —en 1985, en esta última, reunió un conjunto de ensayos con el título de “PRI: hora cumplida”— en la tesis de la evolución gradual y pacífica hacia el pluralismo democrático. En el ensayo al que nos referimos —el del 12 de junio de 1997—, el poeta dice que el proceso electoral federal de ese año “confirmó nuestras previsiones”. Pero no se queda ahí, sino que líneas adelante lanza su mirada al futuro. Y dice del PRD, que en ese 1997 fue el partido revelación, y de su hermano mayor, el PRI: “La izquierda era una minoría que jamás se habría convertido en lo que hoy es sin una escisión del PRI. Como todos sabemos, el PRD nació de una coalición entre la extrema izquierda y un grupo de destacados dirigentes del PRI —Cárdenas, Muñoz Ledo y otros—, que decidieron separarse del partido gubernamental. Ahora mismo sorprende el número de antiguos e importantes miembros del PRI que son candidatos del PRD. No es exagerado decir que el PRD es un PRI reconstruido y dueño de una remozada terminología democrática”. Más adelante, Octavio Paz reconoce el valor y la trascendencia del papel que jugaba entonces el presidente Zedillo en la transición democrática, y advertía que “no reconocerlo, aparte de ser una obcecación, es un grave error político y moral”. Por eso, dice en seguida que la vida política mexicana “rica en los últimos meses en riñas salpicadas de vulgaridades, requiere un poco de generosidad y de grandeza. La creación de una democracia sana exige el reconocimiento del otro y de los otros”. Y termina con la siguiente reflexión: “La respuesta a las preguntas que muchos nos hacemos acerca de la situación de México después del 6 de julio incumben en primer término a los dirigentes de los partidos políticos. “Una política de venganzas o la imposición de reformas que encontrarían un repudio en vastos sectores de la opinión pública —pienso sobre todo en algunas de las que propone el PRD—, nos conducirían a lo más temible; a las disputas, las agitaciones, los desórdenes y, en fin, a la inestabilidad, madre de dos gemelas, la anarquía y la fuerza. “Lo que necesitamos es una política de reconciliación nacional. Lo piden no sólo la moral sino la sensatez. Tan mala como la impunidad es la intolerancia. Lo que necesitamos para asegurar nuestro futuro es moderación, es decir, prudencia, la más alta de las virtudes de la política, según los filósofos de la Antigüedad. “México ha vivido siempre entre los extremos, la dictadura y la anarquía, la derecha y la izquierda, el clericalismo y el jacobinismo. Nos ha faltado casi siempre un centro y por eso nuestra historia ha sido un largo fracaso. La prudencia, natural enemiga de los extremos, es el puente del tránsito pacífico del autoritarismo a la democracia.” Estupidez por unanimidad Quisimos recordar el anterior ensayo de Octavio Paz (Octavio Paz. Miscelánea II. Obras completas. Círculo de Lectura. Fondo de Cultura Económica), porque nos parece que se trata de un pronóstico certero de lo que hoy —poco más de una década después— vive entre la vergüenza y la estupidez la clase política mexicana. Y, por supuesto, a propósito de que el pasado miércoles la Comisión de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias de la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad rechazar una solicitud para que el nombre del Nobel mexicano de Literatura fuera inscrito en letras de oro en el frontispicio del salón plenario de la Cámara de Diputados. Y en efecto, queda claro a los ojos de todos que la generosidad y la grandeza que Paz reclamaba para la vida política mexicana sigue siendo una de las grandes deudas de esa clase política de miopes y obtusos, que más que por la “prudencia” —que Paz define como “la más alta de las virtudes de la política”— y la sensatez, parece iluminada por el rencor y la venganza. Y dígalo si no el texto del citado dictamen… “La obra del premio Nobel de Literatura corresponde al ámbito cultural y de las letras, pero no al perfil histórico que ha sido fundamental para el reconocimiento de otros personajes por parte del Congreso y, en particular, de la Cámara de Diputados”. Pero ahí no termina el asunto. Dicen más las y los señores diputados. “La tradición de la inscripción en el muro de honor del salón de sesiones ha sido exaltar el valor de quienes han dejado huella en la historia, y contribuido a la dignidad de la patria y al heroísmo, que generan una necesidad de justicia histórica para honrar su memoria”. ¿Se habrán enterado las y los diputados de las barbaridades que dice el dictamen y de la monumental contradicción entre ese texto y los argumentos por los que una buena parte de quienes ya ocupan un lugar con letras de oro en los muros del salón plenario de San Lázaro? No sabemos quién, pero sí sabemos que existió una mano interesada en que el nombre de Octavio Paz no ocupara un lugar en los muros de la “Casa del Pueblo”. Y la estupidez se podría entender en el PRI, partido cuyos dirigentes y presidentes de la república pretendían regañar a Paz con alguna frecuencia. También se podría entender que los amarillos del PRD recibieran uno de los tradicionales lineazos contra el que consideraron por muchos años el “intelectual de la derecha”, y uno de los más lúcidos críticos de la izquierda. Pero lo que sorprende es que el PAN se haya sumado a esa postura, a una sospechosa unanimidad —que de suyo confirma que el filósofo quedó atrapado en uno de esos rincones malolientes de la política—, que deja ver a los partidos como mezquinas máquinas del poder y a sus legisladores como estúpidos levantadedos incapaces de una explicación coherente sobre las razones que los llevaron a negarse a que el Nobel de Literatura estuviera en San Lázaro. ¿Por qué sorprende esa actitud del PAN? Porque el gobierno de Felipe Calderón se ha nutrido, en una buena medida, por políticos surgidos del “establo de Carlos Castillo Peraza”, uno de los políticos formados, a su vez, muy cerca del pensamiento de Octavio Paz. ¿Entonces, qué fue lo que pasó? Todos saben que en política los pleitos más severos son los más secretos. Y también todos saben que grupos políticos e intelectuales suelen identificarse con personajes de la cultura, como es el caso de Octavio Paz. Y por el momento no es el tiempo para Paz en San Lázaro. Ya vendrán los buenos tiempos. Lotería y vergüenza Y a propósito de los lineazos, de los excesos y las pillerías de la clase política y de los gobernantes, resulta que quedó al descubierto la forma inmoral en que los partidos políticos y sus dirigentes, así como los líderes vitalicios, han convertido el ejercicio del poder en una ofensiva transferencia de recursos públicos a las arcas privadas, de los políticos y sus partidos. Una mano interesada, de esas que en política nunca faltan, dio a conocer que el director de la Lotería Nacional, el señor Francisco Yáñez Herrera —que es uno de los operadores políticos más cercanos a la profesora Elba Esther Gordillo—, autorizó un contrato por servicios médicos de muchos millones de pesos al hospital Médica Londres, que es propiedad del señor Jorge Kahwagi. Como todos recuerdan, el señor Kahwagi no sólo es un farsante del “deporte de los puños”, sino un bufón de televisión y un vividor de la política, en donde llegó al cargo de diputado federal por el Partido Verde, gracias a su amistad con el Niño Verde, y que ahora es el gerente del Partido Nueva Alianza, propiedad de la señora Gordillo. Lo que queda al descubierto no es sólo una inmoral y ofensiva transferencia de recursos públicos hacia bolsas privadas, como la del señor Kahwagi, sino el tráfico de influencias al más puro estilo del viejo PRI. Y es que todos saben que en el gobierno de Felipe Calderón, la profesora Gordillo fue una aliada fundamental, y que en pago a los beneficios recibidos por esa alianza, el gobierno de Calderón le escrituró a la señora Gordillo y a su grupo —escritura sexenal, por supuesto—, centros de poder político y económico como, entre otros, la Lotería Nacional y el ISSSTE. Bueno, pues ahora queda claro que por lo menos desde la Lotería Nacional la señora Gordillo, su grupo político, su claque en general, se despachan con la cuchara grande. Y por supuesto que pudieran surgir voces que se pregunten sobre la importancia de la Lotería Nacional, sobre todo si sus presupuestos no son siquiera cercanos a las grandes bolsas de otras instituciones. El secreto está en que la Lotería es una de las fuentes más importantes en la generación de pautas publicitarias. Y el dinero de la publicidad en los medios es una herramienta política de privilegio. Pero hay más en el tema. Recientemente ha quedado al descubierto un presunto desfalco millonario en el Fideicomiso de Vivienda Magisterial, que es manejado por la profesora Gordillo prácticamente a su antojo. Bueno, pues resulta que el actual director de la Lotería, el señor Francisco Yáñez Herrera, se desempeñaba precisamente como director de ese fideicomiso, en los tiempos en que habría ocurrido el desfalco. La pregunta, la gran pregunta, es por qué desde la casa presidencial se tolera esa corrupción de escándalo en torno a la señora Gordillo, al bufón del señor Kahwagi, y a costillas del dinero público. Y según otros, la respuesta está en la “sacrosanta alianza”. El presidente Calderón, dicen los que saben, cumple siempre sus acuerdos y pactos políticos. Pero, ¿hasta cuándo va a seguir aguantando la alianza con la señora Gordillo, una alianza que ya es un lastre para el gobierno de Calderón? No se requiere mucha ciencia para saber lo que pasará en el futuro. Esa alianza se romperá, con toda seguridad, luego de 2009, y sólo si el PAN requiere de la chiquillería para sobrevivir.
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |