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| Economía Informal |
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Macario Schettino El Universal Martes 12 de febrero de 2008 |
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Posiblemente usted recuerde que el año pasado dedicamos varias colaboraciones a analizar los factores que ayudan a que un país se desarrolle En aquella ocasión concluíamos que hay tres elementos fundamentales en esta dirección: infraestructura, capital humano y reglas. No hay manera de que un país se desarrolle, o para el caso, una empresa, si no cuenta con buenas herramientas, buenas personas, y buenas reglas. México tiene un grave déficit en los tres factores, y ésa es la razón de que sigamos siendo un país mediocre, pudiendo ser una economía desarrollada. No se puede ser competitivo internacionalmente cuando la electricidad no es confiable, cuando el gas es caro, cuando no hay seguridad en el transporte, cuando las telecomunicaciones fallan. Tampoco se puede ser competitivo cuando dos terceras partes de la población no pueden hacer más que seguir instrucciones simples, como lo han mostrado los exámenes internacionales que se han aplicado a los estudiantes mexicanos, pero también como lo muestra la experiencia cotidiana. Finalmente, no hay manera de ser competitivo cuando las reglas no son claras, o cuando están hechas precisamente para que no se pueda competir, como es nuestro caso. La semana pasada se anunció la creación de un fondo nacional para infraestructura, que contará con 40 mil millones de pesos este año. Entiendo que ese dinero se destinará, principalmente, a la construcción de infraestructura para el transporte. Sin duda, es una buena noticia, sobre todo cuando hay señales claras de que el mercado externo será débil este año. Esta inversión puede detonar crecimiento interno que compense esa debilidad en Estados Unidos. Sin embargo, esta buena noticia es insuficiente. Lo es por varias razones. Primero, porque no es tanto dinero como parece. Cuarenta mil millones de pesos es mucho si lo pensamos como personas, porque muy pocas pueden pensar en tener esa cantidad de dinero, pero es poco si lo pensamos desde la economía completa. Se trata de medio punto del PIB, y no es posible esperar un gran impacto con esa inversión. Segundo, porque el déficit que tenemos en infraestructura, como decíamos al principio, no ocurre sólo en transporte. Más todavía, el punto más serio en este momento no es ése, sino la energía. Y esto nos lleva al tercer problema, la falla más seria en infraestructura proviene de las reglas. Si no hemos tenido inversión suficiente por décadas, debe existir una razón para ello. Es absurdo pensar en que los empresarios, que se dedican a ganar dinero, no hayan aprovechado una oportunidad tan grande, a menos que haya razones muy poderosas que conviertan a la inversión en infraestructura en un mal negocio. Como usted sabe, porque lo hemos comentado muchas veces, los inversionistas deciden en dónde poner su dinero con base en la comparación del rendimiento que pueden obtener y el riesgo que corren. Si el rendimiento parece elevado, pero el riesgo también, entonces el negocio no lo es tanto. Si no hemos tenido inversión por tantos años, tiene que ser porque el riesgo es muy elevado o porque hay barreras que impiden que ocurra. Y no se requiere mucho esfuerzo para encontrar ambas cosas. Por ejemplo, invertir en la producción de electricidad es un problema porque la Constitución sigue impidiendo su venta, aunque la ley sí lo permita. En consecuencia, se vive bajo el riesgo de que, un día, la ley sea declarada inconstitucional y la inversión se pierda. En el caso del petróleo, de su refinación e incluso de la producción de petroquímicos, el problema es todavía mayor. Las reglas, en México, son de un absurdo incomparable. Provienen de un régimen que creyó que era posible construir una economía fuera del capitalismo. Como es evidente, eso no se podía hacer, y la economía empezó a tener problemas muy serios desde mediados de los 60, fracasó rotundamente al inicio de los 80, y por los siguientes 25 años hemos ido dando lástimas, sin avanzar pero sin decidir, con buena parte de la sociedad creyendo todavía en que es posible ser ricos sin trabajar, sin arriesgar, sin ser capitalistas. Esas reglas pueden acabar con cualquier inversión que se quiera hacer en infraestructura. Y esas reglas son las que impiden un cambio profundo en el sistema educativo, que es la base del otro factor que impulsa al desarrollo, el capital humano. Por eso, con todo lo agradecible que es el fondo recién creado, hay que reiterar que no es por ahí. El trabajo del gobierno, más que invertir, es construir reglas. Y ésas son las que están fallando más. www.macario.com.mx
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