Economía Informal
Macario Schettino
El Universal

Jueves 07 de febrero de 2008



Solitos

Quisiera ya no dedicar esta columna al tema de la recesión, pero parece que no hay manera de evitarlo. El martes, las bolsas de valores tuvieron grandes caídas, y por la tarde Merrill Lynch sostuvo que ya estamos en una recesión, y que es peor que la de 2001. Las dos cosas, con base en un indicador al que nunca nadie le hizo caso… hasta ahora

El martes se publicó el indicador de actividad no manufacturera del Institute for Supply Management. Como usted recuerda, este instituto publica desde hace 60 años un indicador de la industria manufacturera que aparece un par de semanas antes del dato oficial. Este indicador ha resultado muy bueno para señalar la dirección que tendrá el dato oficial, y por ello tiene mucha aceptación. Hace 10 años, este instituto construyó un indicador similar para los servicios, que consiste en la percepción de cerca de cuatrocientos ejecutivos de compras en servicios financieros, inmobiliarios, de comunicaciones y otras actividades de servicios.

En enero, 42% de estos funcionarios percibió menor actividad que en el mes anterior, mientras que sólo 17% vio mejores las cosas. Como resultado, el índice tuvo una gran caída, y eso fue lo que provocó espanto en las bolsas de valores. Por otra parte, el boletín de Merrill Lynch cita explícitamente este índice, y hace énfasis en que la caída en su valor de diciembre a enero es mayor que la ocurrida en 2001 entre septiembre y octubre, como resultado del ataque a las torres gemelas. De ahí que se diga que la situación es peor que la de 2001.

Esta declaración de Merril Lynch y la respuesta de las bolsas se suma a lo que hemos venido escuchando desde fines del año pasado, que la recesión ya está aquí y es gravísima. Prácticamente no queda nadie en contra, salvo esta columna y, afortunadamente, la National Bureau of Economic Research, (NBER) que es el organismo que oficialmente anuncia inicios y fines de recesión. En estos días posiblemente harán un anuncio al respecto, y habrá que hacerles caso.

Mientras tanto, esta columna seguirá insistiendo, con base en la información disponible, que la recesión no ha iniciado, y que probablemente no lo haga. Es evidente que hay una caída en la actividad de los servicios en Estados Unidos, y no podía ser diferente si tenemos una crisis inmobiliaria y financiera desde hace varios meses. Sería sorprendente que el indicador de esas actividades creciera. Pero que caiga la actividad en servicios no es señal de una contracción general. De hecho, la actividad industrial no está cayendo en este momento. Aún evaluada mes a mes, como muchos sugieren, el dato de diciembre es positivo y el indicador adelantado de enero apunta en la misma dirección. Ya sabremos bien esto la próxima semana.

El empleo y el ingreso siguen creciendo (a pesar de que hay contracción en el número de empleos, hay más horas trabajadas), y sólo las ventas han mostrado una caída en un par de meses, todo esto en comparación mensual.

Es posible que estemos viendo un ciclo desfasado entre la industria y los servicios, que llevaría a una situación poco común. Mientras la industria tuvo malos meses en 2007, los servicios iban bien. Ahora que los servicios están sufriendo, parece que la industria ha mejorado. En consecuencia, la caída de uno se compensaría con la caída del otro para dar como resultado un estancamiento de la actividad general de la economía. Al menos así ha sido hasta ahora.

Vuelvo a mencionar dos puntos muy relevantes. Primero, lo que determinará el comportamiento de la economía estadounidense en este año será la inflación, que si crece obligará a la Reserva Federal a subir sus tasas y con ello abrirle la puerta a la recesión. El segundo, que la economía del país vecino sí necesita una recesión, porque los estadounidenses han consumido en exceso por ya muchos años. El ahorro personal es prácticamente negativo, el déficit fiscal y el de cuenta corriente son inmanejables, y los consumidores están endeudados en exceso. Requieren cerca del 15% de su ingreso para darle servicio a su deuda, y eso no puede ser sano para nadie. Necesitan pagar por sus excesos.

Sin embargo, si la inflación no presiona a la Fed, es posible que la recesión se posponga. Y para México, si la industria vecina crece, la recesión no existe, por cierto.

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