Bucareli
Jacobo Zabludovsky
El Universal

Lunes 04 de febrero de 2008



Tamaliza

Lunes turbulento, al garete de una semana huracanada y un aniversario más o menos festivo, encajado con calzador entre presagios ominosos, tumultos callejeros, promesas de primaveras tibias y declaraciones de pasmo,como la de Jesús Reyes Heroles.

Con ella quiero empezar un recuento de daños y premios, pues de todo hay en este bote de tamales, inspirado en el que vaciamos antier, día señalado de la Candelaria para acabar con los de chile, dulce o manteca y tantos derivados y variaciones como temas ofrece la vida diaria para comentarlos hoy.

El director general de Pemex declaró que la empresa “...no tiene proyectos acabados... no tiene un inventario de proyectos que tengan un grado de avance suficiente para emitir licitaciones de manera responsable... intentó ... un Programa de Desarrollo de Proyectos, a cinco años, pero dadas las condiciones de la empresa y la falta de capacidad para desarrollar las licitaciones, tuvo que reducirse a tres años... se dejaron de generar proyectos en áreas como refinación y petroquímica... lo cual es paradójico porque están los recursos y se necesita... echarlos a andar”.

Conocíamos muchos de sus pecados, pero la carencia de proyectos en Pemex es nuevo, recién sacado del clóset, equivalente a confesar que a un novelista le falta imaginación o a un buzo el oxígeno.

Lo bueno es que la medicina para esa enfermedad se ofrecía, como remedio y trapito, en el mismo periódico gracias a la nueva clasificación de la Universidad Nacional Autónoma de México en el lugar 59 entre 4 mil examinadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, primer lugar de Iberoamérica, por encima de la Complutense, la mejor de las españolas, lugar 173 en el mundo. Pues ahí está la solución, mi estimado don Jesús. La UNAM tiene entre sus numerosas y respetadas especialidades una llamada Ingeniería de la Tierra, como mandada a hacer para alegrarle sus tristezas. Encárguele a ella todos los proyectos que se le ocurran y échese a dormir. Al despertar encontrará, como en sus épocas de chamaco, los zapatos sumergidos en un mar de proyectos en el que usted navegará como pez en el agua, mediante pago del servicio conforme a las tarifas de Halliburton, sería lo justo, porque buena falta le hace esa lana a la UNAM.

Hablando de lana, dicen que ese fue el motivo de la gran marcha que el jueves desmadró a la ciudad de México. Es decir, fue un día como cualquier otro en nuestra capital, con agregados novedosos y coloridos, como pancartas y tractores que arrimaron más estorbos a lo que el reportero del helicóptero llama con alarde técnico “la carga vehicular”. Pasaron frente al sitio donde estuvo el cine Roble y en el que los senadores, para mantener la tradición teatral del lugar, construyen su palacio con un presupuesto de cientos de millones de pesos que se duplicará, triplicará o multiplicará hasta donde el cuerpo aguante, para orgullo de los miles de agricultores empobrecidos que desfilaron enfrente mientras en Chiapas y Tabasco se alargaban kilómetros las colas de damnificados que, después de tres meses de posar a fuerza con los funcionarios que fueron a tomarse la foto, esperaban recibir comida.

La construcción del mausoleo de los senadores avanza como las colas del hambre, con la seguridad de lo irremediable en un país donde simbolismos como ese prueban que el “importamadrismo” puede ser plan de gobierno. La única ventaja del adefesio en el cruce de Reforma e Insurgentes será señalar sin necesidad de avisos hacia donde deben lanzar sus piedras los manifestantes.

Coincide el alegre despilfarro con el anuncio de más penurias dado por Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, ejemplar raro de una especie en extinción, la de mexicanos que conservan algún grado de credibilidad. Dijo que este año el crecimiento será de 2.8%, casi un punto menos que lo estimado, y se generarán 620 mil empleos formales, 130 mil menos de los creados en 2007, que cubren apenas la mitad del incremento en la demanda. Agregue una caída de 10 mil millones de pesos en la tributación y la declinación de las remesas. Nadie encuentra razón en el optimismo previo de Felipe Calderón, manifestado en medio de aumentos en todo, especialmente en el agua, la luz y hasta de 1,000% en el predial que no aumentó, nomás sufrió ligero ajuste, verbo empleado por gobernantes como los que disfrutamos para poner sobre el abuso la burla.

En fin. Transitamos del primer mes al segundo del año para divertirnos en otros circos. Un domingo casero o tabernero, según, el de ayer con dos encuentros deportivos, uno de soccer entre América y Pumas y otro de futbol americano, el Súper Tazón entre Phoenix y Arizona. Cinco o seis horas cuando menos frente a las pantallitas.

A falta de calidad la empresa dio cantidad para celebrar el aniversario de la Plaza México. Tres corridas diarias de las que sólo interesa la de mañana. Es la buena por la presencia de José Tomás, quien hará regresar a los tendidos a los aficionados decepcionados y aburridos, cuénteme entre ellos, por la falta del Juli y Ponce en la temporada que agoniza.

Se anunciaron el jueves los premios de Periodismo Rey de España. Dos veces los he recibido de manos regias. La primera por la narración radiofónica de los efectos del terremoto del 19 de septiembre de 1985. Conservo diploma y escultura de Miró. La parte económica, algunos miles de dólares, la entregué íntegra al rector Jorge Carpizo para becar a estudiantes de buenas calificaciones y mala situación financiera. La segunda fue por un programa de televisión, dentro de la serie Contrapunto, llamado Hernán Cortés, héroe o villano. Participo por eso de la emoción de Raúl Alejandro Estrella, fotógrafo de EL UNIVERSAL, y Germán Dehesa, columnista del Reforma. Felicidades a los dos.

Tiempo de releer a Salvador Novo en sus inolvidables “La semana pasada”, a ver qué le aprendo al maestro “Padre de este rebaño de palabras”.

Nunca es tarde.

No sé usted, yo mañana me voy a ver a José Tomás.



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