Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Miércoles 30 de enero de 2008



Miedos y milagrosde la reforma

Para PAN, PRD y PRI lo que menos importa son los ciudadanos

AMLO sueña con pasar a la historia como ‘El salvador de la patria’ a través del petróleo

Algo debe tener la idea de que una mano casi sobrenatural prepara una reforma energética que, como todos saben, trae de cabeza a la clase política y a buena parte de la comentocracia. ¿Qué hay de fondo en ese debate? La discusión puede ser larga, pero por lo pronto se confirma el peso de las ideas, y que suelen generar miedos, mitos y milagros.

Por eso valdría la pena empezar por el principio. Es decir, definir la materia de la discusión. ¿Alguien sabe dónde está la reforma energética? ¿Por qué es reforma energética? ¿Qué contiene? ¿Cuáles son sus alcances? ¿Quién la preparó? ¿Qué propone para Pemex? No, nadie tiene respuesta a las anteriores interrogantes. ¿Por qué? Porque no hay una propuesta acabada. Y es que si bien son muchas las voces que sostienen que es urgente una reforma energética, que haga eficientes a empresas como Pemex, entre otras, lo cierto es que se trata sólo de una idea genérica, de la que cada grupo político o centro de poder entiende, digiere y difunde lo que quiere entender, digerir y difundir, según sus muy particulares intereses y sus peculiares estrategias mediáticas.

De esa manera, la reforma ha producido milagros que dejan en calidad de juego infantil la multiplicación de los panes: como el de generar un debate que ya alcanza nivel nacional, a pesar de que se trata de un intangible. Y es que —en rigor— nadie sabe, del partido que se quiera y del grupo de poder que se antoje, de qué tamaño es la debatida reforma, cuáles son sus alcances, sus prioridades, sus aspectos negativos, según unos, y positivos, según los otros. Lo único cierto es que el tema de la energía en general, y del petróleo en especial —sobre todo en el caso mexicano—, es uno de los temas de mayor interés social. Es un tema candente, que cala hondo.

Acaso por eso, otro de los milagros que ha generado el debate en cuestión es que a pesar de que nadie conoce la iniciativa ni sus alcances, ya son muchos los políticos, los ciudadanos, los gobernantes y los líderes de partidos que hablan de privatizar Pemex. A ese respecto primero habría que definir el significado de privatización; es decir, si se pretende vender toda la paraestatal o si se abrirá la participación privada sólo en algunos aspectos del proceso de investigación, extracción y transporte…

Lo interesante, en todo caso, es que si escuchamos a una de las partes en disputa, por ejemplo a los señores del PRD, su percepción es que esa mano sobrenatural que prepara la iniciativa pretende la peor de las traiciones a la patria. Si escuchamos a los señores del PRI, hablan de no privatizar Pemex, pero de abrir espacios al capital externo, para impulsar a la paraestatal a niveles de las mejores empresas petroleras del mundo. Y si la versión que se escucha es la del PAN, se nos dice que es prioritario detonar la industrialización del país, y que para ello se requiere de más inversión pública y privada en todo el sector energético. ¿Quién tiene razón?

La verdad es que las tres posturas tienen una buena parte de razón —y si existen dudas, basta con revisar las minutas de reuniones que PAN, PRD y PRI han llevado a cabo en el Congreso, y en donde se llegó a un consenso inédito que fue reventado por AMLO—, sólo que a las preocupaciones e intereses de cada líder en el tema se le debe agregar el interés de grupo, del partido y, sobre todo, la ganancia político-electoral que se desprende de la discusión de un asunto como ese. De esa manera, el señor Andrés Manuel López Obrador sabe que una parte de los argumentos del PAN y del PRI son correctos para la modernización de Pemex, pero el tabasqueño sueña convertirse en el moderno Lázaro Cárdenas.

Es decir, AMLO sueña con pasar a la historia como el salvador de la patria a través del petróleo. Y no se trata de una hipótesis descabellada, sino de un deseo que el propio López Obrador ha expresado a sus leales. Recio y quedito les ha dicho que no toquen Pemex —hay que insistir, a pesar de que a nivel parlamentario, PAN, PRI y PRD desarrollaron una ingeniosa reforma que reventó AMLO— porque él hará lo correcto cuando llegue a ser Presidente. Acaso por eso, diputados y senadores del PRD han protagonizado otro milagro. Han dicho que no participarán en el debate sobre el tema y, peor aún, que no presentarán iniciativa alguna. ¿Qué quiere decir eso? Por decir lo menos, que ellos sí traicionan a la patria. ¿Por qué? Porque fueron electos por los ciudadanos, para velar por los intereses de los ciudadanos, y no de un grupo, un partido o un líder.

Y si las preocupaciones de Obrador y de los legisladores amarillos desprenden un fuerte tufo a mezquindad política, revanchismo y hasta de traición a los electores, el caso del PRI no se queda atrás, ya que los jefes del partido tricolor han llegado a la sabia conclusión de que la reforma energética es un jugoso panal de miel del que pueden obtener no beneficios para los ciudadanos, sino para su causa personal y partidista. ¿Qué significa eso? Bueno, pues que queda claro que la política también es el arte del trueque. Es decir, que el PRI pretende hacer con la política social —Sedesol y Sagarpa— lo mismo que promovió y consiguió con el IFE: dejarlo bajo el control de los partidos políticos a través del Congreso. En pocas palabras, quitarle al presidencialismo los instrumentos de control político electoral, para que esos instrumentos pasen a manos de los partidos. Sí, si el presidente Calderón entrega esa pieza, el PRI votaría la reforma energética.

¿Y cuál es el papel del gobierno del presidente Calderón? Está claro que no habrá reforma constitucional para privatizar Pemex. Pero también es cierto que pretende hacer lo que sea necesario —con todo lo que eso pueda significar— para que el suyo sea un gobierno ganador. ¿Pero importa que gane el gobierno o que ganen los ciudadanos? Esa es la cuestión. El Presidente, los gobernadores, senadores y diputados son los mandatarios. Los ciudadanos somos los mandantes, los que mandamos. Y en los tres casos, respecto a la reforma electoral, para PAN, PRD y PRI lo que menos importa son los ciudadanos.

En el camino

Curioso el debate sobre las piernas de Ruth Zavaleta. Y no, que nadie piense mal... Dizque todo fue un malentendido. ¡Claro, siempre la prensa!

aleman2@prodigy.net.mx



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