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Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
El Universal

Jueves 10 de enero de 2008



‘Mariví’

También le llamaban ‘La Llamas’. Con ese grado de admiración que otorga el artículo en mayúsculas y que reconoce en quien lo recibe a alguien particularmente destacado en las tareas públicas y que no requiere del primer nombre para su identificación. Todo el mundo sabía que, al decirlo así, uno se refería a una comunicadora tan excepcional como María Victoria Llamas.

Sin embargo, había esta otra forma de llamarla, en su familia, con sus íntimos, entre quienes gozamos el privilegio enorme de su amistad siempre fraterna: Mariví. Así nada más. Como cuando preguntaba por ella en la entrañable redacción de noticiarios —ya con el guión terminado y a la espera del inicio de nuestro programa— para enfrascarnos en épicas batallas de scrabble y reclamarnos palabras inventadas con Ernesto Villanueva que se quedó ahí desde aquella mañana del 85. O en alegatos interminables de juegos semánticos al definir significados de palabras imposibles escogidas al azar en el Real Diccionario.

Fueron años de madrugadas intensas a veces terribles y a veces deliciosas en aquel Contacto Directo-Nuevo Día tan católico, porque entraba cuando Dios quería, al mero final de la programación.

Ahí aprendí a quererla y a respetarla. Lo primero por su esplendente calidad humana que la llevó a compartirme temores, angustias, alegrías y los desgarramientos personales que suelen acompañar a quienes abrazamos este oficio. Y a abrirme también la puerta de su casa para ser avasallado una y otra vez por el ping pong magistral de su marido, Richard Seid, tan gringuísimo como bueno de la palabra bueno, y sus queridos hijos María Victoria y Alan, y a veces también su hermana María Eugenia, la inolvidable Tucita de Pedro Infante en Los tres huastecos. E incluso en el recuerdo de su tío, el cuasimítico actor que fue Rafael Llamas.

Pero que valga este recuerdo personal como ejemplo de congruencia para referirnos a esos mismos valores que Mariví imprimió en el ejercicio periodístico con el mismo amor con que se prodigó como esposa, madre, amiga y hermana. Porque, por más vueltas que diera el corazón, no sería justo quedarnos nada más con el ser humano extraordinario sin destacar a la profesional de una sólida y destacada pieza que fue María Victoria Llamas.

Una trayectoria fraguada en sus compromisos desde adolescente en la Facultad de Economía de nuestra UNAM y su involucramiento con el movimiento magisterial disidente que encabezó Othón Salazar. Luego, el sueño ejercido de que a través de los medios se puede cambiar al mundo o por lo menos este pedazo de mundo llamado México. Sus primeras batallas en Guadalajara. Su tarea infatigable como guionista y escritora. Luego, el reto de la pantalla en programas que entretenían, pero también cultivaban y sensibilizaban sobre las cosas más sobresalientes de la vida: desde las grandes obras clásicas hasta las más profundas raíces populares.

Fue también una gran innovadora. En esa búsqueda incesante por mantener vivas sus capacidades de asombro advirtió temáticas nada comunes en su tiempo y que hoy están en el centro de la tormenta: la reivindicación de los derechos de las mujeres y la preservación del medio ambiente.

En el primer caso, Mariví era una feminista no a ultranza, sí encantadora: femenina —que no es lo mismo—, inteligente, tolerante y feliz de ser, desempeñar y asumir su género sin complejo alguno, lo que reflejó en innumerables reportajes y entrevistas lo mismo en la televisión que en sus Llamas en la radio. En los terrenos y los aires de lo ecológico fue una visionaria precursora de catástrofes que entonces apenas asomaban y que ahora han hecho crisis.

Pero en una visión más amplia su contribución tal vez más notable fue esa conmovedora obsesión por darles voz a quienes no la tenían en los medios de comunicación. Por eso nunca coleccionó entrevistas con los poderosos, sino que ofreció cámaras y micrófonos a los de abajo. Por eso nunca pretendió ser, ni fue, una estrella rutilante de la televisión. Pero fue, en cambio, María Victoria Llamas, una periodista sin adjetivos. Y fue también Mariví, por supuesto.

ddn_rocha@hotmail.com



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