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Periodistas EL UNIVERSAL
El Universal Lunes 31 de diciembre de 2007 |
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Sólo entre sus más cercanos se le reconoce como un hombre de buen humor, que tiene siempre la broma dispuesta para quitar tensión a los momentos difíciles. Es un hombre que come sano y libre de grasas, que lo mismo disfruta de un baile o de correr a diario cinco kilómetros. Asiduo lector de William Shakespeare y un empedernido seguidor de Stanley Kubrick y Federico Fellini. Apasionado del futbol, como universitario no puede más que irle a los Pumas. Su afición es tal que ante la dis- yuntiva de liderar la porra universitaria en el estadio de CU y sostener un primer encuentro con los rectores del país, prefiere el palco principal del Estadio Olímpico, nos comentan. Al asumir el cargo como rector de la UNAM, es la primera vez que en la fotografía de la vida universitaria José Narro Robles aparece en primer plano. Desde su incorporación como profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1974, pudo incrustarse en la clase política unamita que lo colocó siempre tras la huella de proyectos de renovación, pero también en medio de conflicto estudiantiles, con los trabajadores o en la estructura burocrática de los científicos, académicos e investigadores de la institución. En todos los casos, siempre se le otorgó el papel de operador tras el escritorio para encontrar salidas, entre otros, a dos huelgas estudiantiles (1988-1999). El rector de la UNAM ganó desde su pupitre, en los inicios de la década de los 70, la confianza de sus maestros: Ramón de la Fuente Muñiz y Guillermo Soberón Acevedo. A partir de entonces ha ocupado cargos administrativos al lado de cinco de los seis rectores que ha tenido la UNAM, salvo en la administración del rector Francisco Barnés de Castro (1996-1999). Se ha desempeñado como jefe del departamento de Medicina General, Familiar y Comunitaria en su facultad; en el área de Extensión Académica, con el entonces rector Octavio Rivero Serrano; responsable de la reorganización administrativa de la Universidad a principios de los 80; director de Planeación durante la gestión de Jorge Carpizo, con quien fue responsable del único documento en la historia de la UNAM que hace una evaluación y autorreflexión crítica de sus funciones: Fortalezas y debilidades. En la administración de José Sarukhán, y luego de haber tenido su primera experiencia como candidato a la Rectoría, fue designado responsable para organizar el Congreso Universitario que diera a la institución una ruta no sólo para salir de la crisis, sino restablecer el papel de la Universidad. Durante los largos e intensos debates que se protagonizaron en auditorios repletos de jóvenes, académicos, trabajadores e investigadores —muchos de los cuales forman hoy parte de la clase política de diversas corrientes—, Narro Robles pudo hacer valer la postura institucional, siempre bajo un principio: “reconocer al adversario”. En la UNAM se conoce de un acuerdo entre Narro Robles y el ex rector Juan Ramón de la Fuente: grupos afines a Sarukhán Kermez plantearon en 1999, ante la Junta de Gobierno de la UNAM, la frase “todos, menos Narro” en la Rectoría, en el momento de la mayor crisis institucional. Al enterarse, Narro declinó su participación en el proceso, pero otorgó su respaldo a De la Fuente. El máximo cargo universitario le llegó al cumplirse la mayoría de edad. Pasaron 18 años exactos desde que por primera vez Narro Robles buscó ocupar el cargo de rector. La primera meta se cumplió. Falta recorrer un maratón de cuatro años...
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