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Periodistas de EL UNIVERSAL
El Universal Domingo 30 de diciembre de 2007 |
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Andrés Manuel López Obrador, candidato perdedor en las elecciones presidenciales de 2006, no quiere ser derrotado en su propia casa. Por eso, antes de concluir el año, dio un manotazo para dejar en claro ante sus correligionarios que Alejandro Encinas es su carta fuerte para dirigir al PRD, cuyo proceso de elección será en marzo próximo. Los “moderados”, ha dicho el tabasqueño, no son otra cosa que conservadores más despiertos. “Modositos”, apretó el propio Encinas en respaldo a su mentor. Alejandro Encinas es, por así decirlo, el sendero de López Obrador. Si no es Encinas el próximo presidente del PRD, López Obrador no estará a gusto en las filas perredistas. La historia no es nueva. Cuando se eligió a Leonel Cota Montaño presidente nacional de ese partido en 2005, López Obrador estaba en la cúspide. No había poder que se le opusiera. Nueva Izquierda, que lideran Jesús Ortega y Jesús Zambrano, se plegó. Y aunque Ortega buscó con ahínco la candidatura a jefe de Gobierno del Distrito Federal, apoyado por Cuauhtémoc Cárdenas, de nuevo López Obrador se interpuso para imponer a Marcelo Ebrard. El ex senador otra vez volvió a plegarse. Pero hoy la historia ha cambiado. López Obrador, personaje polémico y fuente de controversia en la política nacional, ya no es el mismo precandidato o candidato poderoso. Sus directrices son reprochadas por un sector del partido encabezado por Nueva Izquierda. “Cero negociación”, clamaba López Obrador. Sin embargo, el 29 de marzo de 2007 este diario documentó cómo Carlos Navarrete, coordinador de los senadores del PRD y brazo derecho de Ortega, comió con Francisco Ramírez Acuña, secretario de Gobernación, el 19 de febrero en el restaurante Champs Elysees. Ese detalle hizo ver cómo López Obrador ya no las tenía todas consigo, y que en la corriente Nueva Izquierda no tenía precisamente un aliado. No fue otro que Guadalupe Acosta Naranjo, de Nueva Izquierda, quien endilgó a López Obrador el calificativo de “santo patrono” en la sesión del Consejo Nacional en la que dieron marcha atrás al apoyo comprometido a Ana Rosa Payán para la gubernatura de Yucatán. René Bejarano y sus bejaranos, Amalia García, Martí Batres, Marcelo Ebrard, Mario Saucedo, José Antonio Rueda y Armando Quintero, están con Encinas. Ellos representan a la mayoría de las corrientes perredistas. En el otro frente de batalla están las más numerosas y mejor organizadas: Nueva Izquierda y Alternativa Democrática Nacional, esta última dirigida por el senador Héctor Bautista, quien, por cierto, fue el primero que se tomó la foto con el presidente Felipe Calderón en una reunión privada en la residencia oficial de Los Pinos. En altas esferas del gobierno federal creen que Jesús Ortega será el ganador en la contienda perredista. Y quizá López Obrador algo sepa, como para lanzarse a encabezar un acto proselitista de Alejandro Encinas y arremeter contra la izquierda moderada. Y quizá López Obrador también sepa que si ganara Encinas Rodríguez la presidencia nacional del PRD, eso le permitiría tener una vez más el control del partido, por qué no, para el lejano, pero tan cercano a la vez, 2012. Por ello, Encinas es hoy el sendero de López Obrador hacia la reconquista del PRD.
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