![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| ¿Sabe o no sabe? |
|
El Duende Preguntón
El Universal Martes 11 de diciembre de 2007 |
|
|
|
Ay, pajarracos, nunca pensé que tuviera que contarles esta historia. Hoy no voy a hablarles de políticos transas ni de sus sucias maniobras. Voy a hablarles de otras maniobras no menos sucias que las de los políticos y quizás igual de arteras, porque traicionan la confianza e intentan pisotear la dignidad.
Se enteraron ustedes que me fui de El Weso, ese maravilloso programa de radio donde salté a la fama después de 600 años de vagar por el mundo, de presenciar los más increíbles pasajes de la historia, y de conocer a los personajes más disímbolos de distintas épocas con los que he tenido que tratar.
Pues bien, mis queridos pajaritos, pocas veces me tocó presenciar pasajes tan turbios como el que acabo de vivir. A ustedes les consta que durante dos años trabajé en W Radio con toda mi pasión, mi entrega, y con todas las ganas de darle voz a la gente. De pronto, sin mediar razón lógica ni profesional, un directivo de la empresa decidió que mi participación en ese espacio debía cortarse. Me pidieron que abandonara yo mi esencia, que renunciara a mi integridad y a la mente con la que todas las tardes denunciaba para ustedes suciedades y trapacerías de los políticos.
Cuando me dijeron que si estaba dispuesto a traicionar al señor periodista, al que por envidias e intereses mezquinos habían decidido cortar de El Weso, intentaron comprarme con dinero. ¡Ah!, el viejo truco del dinero, pajaritos. “Renuncia a tu esencia; traiciónate a ti mismo y acepta el dinero”, me dijeron. Para decirlo claro: me pidieron traicionar a mi compañero, traicionarlos a ustedes y traicionarme a mí mismo. Todo por dinero.
Tengo que confesarles, pajarracos, que en algún momento me tentó la idea de cambiar mi esencia para satisfacer los apetitos de protagonismo que se escondían tras el dinero. Pero estos pobres ingenuos no sabían con quién trataban.
¿Qué pensaron?, ¿qué con mi experiencia de 600 años me iban a deslumbrar con unos cuantos pesos? ¡No, pajaritos!, no sólo no quise ser parte de la traición, sino que además me opuse a lo que consideré una injusticia. Porque, ¿saben qué?, la decisión que habían tomado los directivos de partirme en dos, no era porque hubiera yo cometido error o hubiera faltado a mi profesionalismo, ni siquiera porque, como dijo un conductor que me comparó con los futbolistas, quisiera yo “ganar más lana”.
La verdad, pajaritos, es que la decisión de la que me pedían ser parte no obedecía a criterios profesionales. Por alguna razón, que aún no entiendo, la empresa había decidido privilegiar a quienes con total falta de profesionalismo, antepusieron sus pasiones personales al trabajo en equipo.
Por eso me fui de El Weso, pajarillos. Me duele despedirme de los amigos leales que deje ahí, aunque no de los traidores. Y, ¿saben qué?, no estoy muerto, como también dijeron por allá. Aunque ellos quisieran matarme; hoy, mis queridos pajarracos, desde aquí les digo que estoy más vivo que nunca. Que hay Duende para rato y que no van a poder callarme.
Voy a seguir haciendo mis denuncias, mis preguntas incómodas, molestando al señor periodista para exhibir las incongruencias de nuestros malos políticos, para decir lo que muchos de ustedes quieren gritar en este país de injusticias, de pobreza y de impunidades rampantes, que ofenden y lastiman, sobre todo cuando las avalan los ministros, que debieran darnos justicia.
No soy un mercenario, pajaritos, para abandonar un espacio que yo quería tanto por dinero, como han querido ensuciarme. Esta es mi verdad sobre el rompimiento con El Weso. Lo demás, pajarracos, son falsedades y calumnias.
Es la única y última vez que hablaré de este tema. Les ofrezco disculpas por usar este espacio para defenderme de los ataques injustos que lanzaron contra mí. Para mí, pajaritos, es historia cerrada. Como diría el cinicazo de Echeverría, ¡arriba y adelante! Pronto me volverán a escuchar con mi voz enigmática y mis preguntas incómodas.
Y aquí, en esta casa editorial que me abrió las puertas y me ha dado su apoyo, seguiremos leyéndonos.
Me despido con una frase que les dedico a todos ustedes: “Los héroes son recordados; las leyendas nunca mueren” ¡Regresaré! Ja, ja, ja, ja, ja. duendepregunton@gmail.com |
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |