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| Artes Visuales |
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Mónica Mayer El Universal Viernes 30 de noviembre de 2007 |
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Del 13 al 20 de noviembre participé en un coloquio de arte en Los Ángeles del que podría escribir un libro, pero debo resumir en dos cuartillas. La única opción ante el reto es centrarme en la forma en lugar del contenido, a sabiendas de que a veces, como en este caso, la forma es el contenido. El encuentro se llamó Transitory público / Public Transitorio, apuntalado por la leyenda “Arte político refrescantemente amoral”. Prometía conferencias, mesas de trabajo y performances con participación de artistas, colectivos de investigación militante y grupos de arte intervencionista. Pero dio más. La coordinadora del proyecto fue Jennifer Flores Sternad, especialista en arte latinoamericano actual de corte político. Trabajó con un amplio equipo de coorganizadores, entre ellos Elena Shtromberg y Sandra de la Loza. La característica más notoria del coloquio es que fue nómada. Empezó en LA, viajó hasta Tijuana y de regreso. A medio camino transmutó, convirtiéndose en The Political Equator II, un proyecto transfronterizo convocado, entre otros, por Teddy Cruz y Carmen Cuenca. De regreso a LA retomó su personalidad original. Desde su inicio en LA, esta “instalación migratoria de artistas y activistas” mostró su carácter vagabundo transitando por diversos espacios, lo que marcó el tono de la discusión. Nunca había notado tan claramente la influencia del espacio en la interacción entre ponentes y públicos. El coloquio empezó con una conferencia de la performancera Regina José Galindo (Guatemala) en la Universidad de California en Los Ángeles y recorrió galerías no comerciales como LACE y FARMLAB, el Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) y el Downtown Labor Center, que es un centro comunitario. Entre menos imponente era el foro, más profundo el diálogo. El encuentro adquirió tonos. Otro aspecto interesante es que se organizó de manera muy horizontal, por lo que pudieron reunir voces desde la más exquisita academia y el coleccionismo chic, hasta las de proyectos artísticos radicales y organizaciones comunitarias. Es raro encontrar una visión tan incluyente en los foros de arte. La mayoría de los participantes en LA fuimos latinoamericanos. Entre otros, estuvo el Frente 3 de Fevreiro (Brasil), la Internacional Errorista (Argentina), La Lleca (México) o los ecuatorianos Jenny Jaramillo y Ulises Unda. También hubo una nutrida participación local, con ponencias del grupo Butchlalis de Panochtitlán, la revista The Journal of Aesthetics & Protest, Ultra-Red (el conocido colectivo de activismo/arte) y Suzanne Lacy, cuya obra y textos han sido fundamentales para el arte público actual. Después, el coloquio viajó en tren hacia San Diego y durante el trayecto Teddy Cruz dirigió una conversación colectiva. El recorrido nos llevó a La Joya al haudenschildGarage, un opulento espacio en la cochera de un coleccionista en el que nos reunimos más de 150 personas para escuchar a Raúl Cárdenas del grupo Torolab (Tijuana), a Ala Plástica (Argentina) y a Caracas Think Tank (Venezuela). Los contrastes empezaban a darle volumen al coloquio, pero faltaba más. El encuentro continuó en Casa Familiar, un espacio comunitario en San Ysidro, cruzó la frontera a pie, recorrió colonias pobres y ricas de Tijuana a bordo de autobuses guiados por un conferencista y, antes de regresar a LA, cerró con dos pláticas en el Centro Cultural Tijuana, una de ellas de Gilles Clément. El encuentro me mostró que la relación entre arte, política y espacio público es rica y diversa como cualquier Babel. Me enseñó que el arte ha contagiado los coloquios. www.pintomiraya.com.mx
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