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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Miércoles 21 de noviembre de 2007



Teatro, venganza y vergüenza

Pareciera que el objetivo central del “gobierno legítimo” sería la venganza

Los jerarcas católicos capitalizaron la pifia perredista para cobrar facturas

La política, dicen experimentados po- líticos, suele recurrir a una de las bellas artes como vehículo privilegiado de expresión: el teatro. El arte de la política, dicen otros, es el arte de llevar a la escena política todo lo imaginable, sea real o fantástico. Pero no sólo los políticos profesionales son experimentados actores de teatro; también los hay entre los jerarcas de la Iglesia católica, la institución política más antigua en la historia de la humanidad.

Y viene a cuento el tema porque el espectáculo que vimos el pasado domingo en el Zócalo capitalino y el asalto a la Catedral metropolitana por un piquete de simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador —así como la reacción exaltada y sobreactuada de la jerarquía de la Iglesia católica— no parecen más que una farsa teatral en la que los dos bandos en disputa pretendieron llevarse el aplauso del respetable.

Por un lado, la farsa del primer informe del “gobierno legítimo” del tabasqueño —que de informe, de gobierno y de legítimo no tiene nada, aunque se enojen sus fieles—, y el montaje de la toma violenta de la Catedral, cuyos promotores están bien identificados. Y por el otro lado la no menos teatral reacción de la Iglesia católica, que en una sobreactuación de su papel acusó de “terroristas” a los invasores de la Catedral y hasta se aventó la puntada de cerrar el templo, en un afán por repetir la historia: la Guerra Cristera.

En todo caso lo cuestionable —y que todos debiéramos lamentar— es que de nueva cuenta el cuerpo social en su conjunto se vio atrapado por las peleas de poder de dos grupos políticos, enfrentados y con insaciable sed de venganza, que aprovechan sus respectivas debilidades y errores para su personalísimo cobro de facturas. Más que una supuesta o real provocación por el doblar de las campanas de Catedral; más que un asalto espontáneo o deliberado de la Catedral por parte de los fanáticos de AMLO, lo cierto es que se reabrieron las heridas de la polarización, del odio, la intolerancia y el fanatismo que nubla la razón y sólo responde al instinto de la pasión.

A nadie le resulta ajeno que luego de coquetear con el cardenal Norberto Rivera para ganarse su apoyo político en la contienda electoral de julio de 2006 —a quien le regaló terrenos propiedad de la ciudad y le encomendó la inauguración de algunas de sus fastuosas obras viales—, el señor López Obrador colocó al purpurado en la lista de los “traidores a su causa”. ¿Por qué? Porque Norberto Rivera cometió el pecado político de apoyar electoralmente a la derecha de Felipe Calderón. Suponer que el cardenal apoyaría a AMLO resultaba, por decir lo menos, ingenuo.

Por eso desde hace muchos meses del núcleo duro del lopezobradorismo salió una campaña de hostigamiento y agresión contra Norberto Rivera, que había llegado a su límite el 5 de noviembre pasado y que motivó advertencias de la jerarquía católica de que si continuaban las agresiones, la Catedral sería cerrada al culto. Pero el cardenal no es el único perseguido por la supuesta o real traición a AMLO. Entre las víctimas de la sed de venganza están el presidente el IFE, Luis Carlos Ugalde, y el Consejo General de esa institución, el ex presidente Fox, los periodistas que no piensan como AMLO, los medios electrónicos de comunicación y, por supuesto, “el espurio”, Felipe Calderón. Pareciera que el objetivo central del “gobierno legítimo” —más que hacer propuestas realistas para resolver los grandes problemas nacionales— sería la venganza contra todos aquellos que no se plegaron a los delirios del tabasqueño.

Ayer dijimos en este espacio que la agresión a la Catedral fue un acto deliberado porque los porros a sueldo que asaltaron el templo —y que ya se han identificado— se encontraban precisamente frente a la Catedral en espera de entrar en acción, ante la complacencia absoluta de la policía del DF. Esta versión —que hoy ratificamos porque fue confirmada intramuros del PRD— señala que, en efecto, el grupo organizado de simpatizantes de AMLO debía protestar frente a la Catedral, pero que no estaba previsto que entraran de manera violenta y menos que actuaran como lo hicieron. ¿Alguien puede creer que los señores Ebrard y AMLO —que por años despacharon en el Zócalo— no sabían del repiqueteo de las campanas de Catedral en la misa dominical del mediodía? Lo cierto es que el asunto se les fue de control.

Lo curioso del caso es que debido a lo caprichoso de los efectos mediáticos —el asalto a la Catedral se realizó frente a casi todos los medios de información, de manera especial los electrónicos, y el hecho alcanzó los titulares porque era lo más relevante del día—, el escándalo se transformó en un intento suicida del PRD y del señor “legítimo”. Y cuando vieron el tamaño mediático del escándalo se asustaron, ofrecieron declaraciones contradictorias, acusaron de provocación y provocadores y, al final y luego de muchas horas, se deslindaron.

Pero en el otro extremo, el de la política negra —por el color de las sotanas y la truculencia para la política—, no se chupan el dedo y menos juegan a la matatena. Por eso, de inmediato los jerarcas católicos capitalizaron la pifia de los perredistas y escalaron el escándalo para cobrar las facturas respectivas. “Terrorismo” fue lo primero que dijeron, para luego sacar una escopeta política de alto impacto: cerrar la Catedral en espera de garantías. El mensaje es muy claro: en el México de la democracia, la alternancia y de la libertad de expresión se ataca a la Iglesia católica.

El escándalo le dio la vuelta al mundo y la jerarquía católica mexicana engordó su imagen de víctima de la izquierda radical. Ahora cuenta con elementos para reclamar “más libertades, más prebendas, más canonjías”, en detrimento de un Estado laico que es bombardeado por la derecha, pero también por la izquierda. Y frente a esta realidad se impone una pegunta cuya respuesta es vergonzosa: ¿quién contribuye al fortalecimiento de la derecha?

aleman2@prodigy.net.mx



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