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| Objeciones de la memoria |
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Martí Batres Guadarrama El Universal Martes 20 de noviembre de 2007 |
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Desde hace meses salieron a la luz pública diversos títulos sobre las elecciones presidenciales del 2006.
Entre otros, apareció el libro de Genaro Villamil y Julio Scherer Ibarra. Poco después el de Socorro Díaz y más tarde el de Elena Ponioatoswka. También, en esa misma línea, el propio Andrés Manuel López Obrador nos dio su versión de lo ocurrido. Entonces, uno de los periodistas más influyentes de México preguntaba en su columna ¿qué está pasando? Si la historia la escriben los vencedores, ¿por qué lo sucedido en los comicios del 2 de julio lo están escribiendo López Obrador y simpatizantes? En el mismo texto, casi casi exhortaba a la corte de Felipe Calderón a decir algo al respecto, a defender su versión de la historia.
Ahora, además de los libros citados ha entrado en cartelera la película de Luis Mandoki, Fraude 2006. En su primera parte, la cinta reproduce la historia previa a los comicios del año pasado, con aspectos y situaciones que ya conocemos. No obstante, la segunda parte es abundante en ejemplos donde es fácil para cualquiera detectar el fraude electoral: votos sin contar, boletas de más o de menos, resultados equívocos en las actas, cómputos erróneos en casillas, actas no contabilizadas, alteración cibernética del resultado en cientos de casillas, apertura ilegal de urnas y un listado enorme de irregularidades.
Después de ver esta película es lógico que el público concluya que las elecciones presidenciales de 2006 las ganó López Obrador y no Calderón.
Si la diferencia “oficial” fue de apenas 250 mil votos y el número de casillas de 130 mil, bastaba sólo contar dos votos de más en cada una de ellas en favor de Calderón para consumar el fraude. Ahora, quienes han visto dicha película han podido observar que la alteración no fue de dos sino de muchos más votos falsos que aparecieron por aquí y por allá para beneficiar a quien no ganó en las urnas.
Mandoki resalta también una inédita revelación según la cual el vicepresidente de una importante cadena televisiva llamó el 2 de julio al candidato de la coalición por el Bien de Todos poco antes del cierre de las casillas para decirle que en su empresa tenían información suficiente para afirmar que él había ganado la Presidencia. ¿Entonces, qué pasó?
Andrés Manuel López Obrador, Elena Poniatowska y otros ya han escrito la historia de ese 2 de julio. Del otro lado, por parte de la derecha, no han podido ni podrán hacerlo. ¿Qué podrían escribir? ¿Sobre cómo decidieron contratar asesores americanos y españoles para emprender una guerra sucia y polarizar a la sociedad? ¿Serían capaces de escribir sobre cómo influyeron en casas encuestadoras para alterar percepciones y resultados? ¿O acerca del financiamiento ilegal, o cómo le hicieron para mantener decenas de miles de spots televisivos fuera de la ley? ¿O de la intervención de gobernadores para alterar el resultado electoral o sobre cómo se metió de lleno la Presidencia de la República en favor de un candidato? Es cierto, la historia la escriben los vencedores. Por eso la del 2 de julio de 2006 la han escrito quienes verdaderamente ganaron la elección.
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