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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Jueves 15 de noviembre de 2007



IFE: ¡fuera máscaras!

En los próximos días veremos el repartode cuotas para renovar a los consejeros

Jorge Alcocer es la propuesta de ManlioFabio Beltrones para presidir el instituto

Acaso en un arrebato de honestidad —luego de meses de simulación y de promover un vergonzoso engaño colectivo—, los tres grandes partidos políticos mexicanos se despojaron de la máscara de piadosos reformistas electorales y debieron aceptar lo que todos sabían pero que los deshonestos legisladores del PAN, PRD y PRI siempre negaron: que las reformas al IFE no eran más que un engaño para dejar en manos de la “partidocracia” los procesos electorales.

El 5 de septiembre pasado, en medio del enojo de tirios y troyanos, dijimos en este espacio que el fondo de la reforma al IFE que proponían PRI y PRD, y a la que se sumó el PAN, era “dejar al IFE en calidad de subordinado del Congreso, que es lo mismo que dejar el control del árbitro electoral en manos de los partidos, de los jugadores… porque la reforma no ataca el problema de origen, que es la fórmula para designar a los consejeros electorales mediante el reparto de cuotas, sino que la deja intacta”.

Siempre negaron lo que estaba claro para todos, que para los tres grandes partidos la independencia del IFE se había convertido en un estorbo y que por ello se proponían acabar con esa autonomía. Pero hoy —en realidad el pasado martes—, diputados y senadores del “grupo de los tres” —PAN, PRD y PRI— mostraron su verdadero rostro y acordaron que todo seguirá igual que antes: los consejeros del IFE serán seleccionados de las propuestas partidistas de cuota en la Cámara de Diputados —y de manera velada la de Senadores—, y los nombres de los aspirantes sólo serán recomendados por los líderes parlamentarios del G-3. Bonita cosa.

El método es idéntico, de reparto de cuotas, al que de manera rabiosa se cuestionó luego de julio de 2006 y que dio origen al griterío de “fraude”, con el agravante de que el nuevo IFE pierde su autonomía financiera y de gestión, pilares que le daban el blindaje necesario para garantizar certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad en los procesos electorales. Se confirma que se trató no sólo de una venganza política contra el IFE, sino un grosero golpe de Estado al árbitro electoral, otrora organismo autónomo que a partir de la reforma estará sometido a los humores de los partidos.

En los próximos días veremos el reparto de cuotas para renovar a los consejeros del IFE —proceso que pretenderán vender en una envoltura de consulta ciudadana—, que dará al PRD dos consejeros y uno al PRI, de los tres que serán relevados en la primera parte del proceso. Veremos las señales del intercambio político que hizo posible la “tersura” con la que los tres grandes partidos decidieron el reparto de cuotas del nuevo IFE. Y es que todos saben que en política nada es gratuito, y que si un partido cede en favor de la propuesta de uno de sus pares y/o adversarios, siempre es a cambio de otra carta.

Y esa carta, en el plazo inmediato se llama “consejero presidente del IFE”. Así, la primera gran pregunta es obligada: ¿quién del G-3 se quedará con la presidencia del IFE en ese insultante reparto de cuotas? Esa podría ser la siguiente escaramuza. Pero son muchas las señales que dejan ver que también ese obstáculo ya habría sido superado, porque en las nuevas reglas que aprobó el Congreso para la integración del nuevo IFE existen normas que llevan nombre y apellido.

Y es que entre el articulado se aprobó un requisito a modo para ser consejero del IFE, que permite a los ex dirigentes de un partido ocupar ese cargo. ¿Qué quiere decir esa regla a modo? Que personalidades de la política y especialistas en materia electoral podrán aspirar no sólo a ser consejeros del IFE, sino a alcanzar el cargo de consejero presidente. ¿Y quién es una personalidad política que ha dirigido un partido y es uno de los más reconocidos especialistas de la materia? Su nombre es Jorge Alcocer Villanueva.

La baraja de los nombres para presidir el IFE es extensa, cada uno de los integrantes del G-3 ha deslizado a sus posibles candidatos. Pero pocos saben que existe un principio de acuerdo para que el nuevo presidente sea precisamente el experimentado político y especialista electoral Jorge Alcocer. La segunda pregunta que brinca no es menor. ¿Y a quién se le deberá acreditar la paternidad de esa propuesta, en momentos en que las cuotas serán una parte fundamental en la ecuación para integrar el nuevo IFE?

Vale la interrogante, porque Alcocer Villanueva es un político que surgió de lo más profundo de la izquierda, del viejo y desaparecido Partido Comunista, que jugó un importante papel en la integración del Frente Democrático Nacional —y en la denuncia del fraude electoral de 1988—, en la fundación del PRD, partido del que salió para sumarse a la campaña electoral de Francisco Labastida en 2000, y que luego fue un operador político del candidato Felipe Calderón, del PAN, y recientemente fue pieza clave para la reforma electoral. ¿A cuál de los tres partidos para los que ha trabajado responderá como presidente del IFE? ¿No se trata de un caso en donde el juez se convierte en parte de la cosa electoral?

Cuando revelamos aquí las maniobras que realizaba el PRI para llevar a Alcocer a la presidencia del nuevo IFE, el PAN reaccionó en contra de esa posibilidad, especialmente el senador Santiago Creel, pero todo indica que en Acción Nacional se convencieron de que Alcocer no es una mala carta para ese cargo. En el PRD se sabe que Alcocer no es “santo de la devoción” de AMLO, aunque sí es bien visto por el grupo hegemónico de Los Chuchos. ¿Qué pasó entonces?

Le podemos confirmar que Jorge Alcocer es la propuesta del senador del PRI Manlio Fabio Beltrones para ser presidente del nuevo IFE, que el PAN y el PRI ya aceptaron esa eventualidad. De confirmarse dicha versión, la última interrogante también resulta importante. ¿Qué ganarían el PAN y el PRD a cambio de dejar pasar a Jorge Alcocer? Eso lo veremos muy pronto.

En el camino

Y por si hiciera falta, los diputados nos dieron otra muestra de que nadie puede confiar en su palabra. Prometieron que no habría incrementos a sus salarios, pero otra vez engañaron a todos. La mentira como forma de hacer política.

aleman2@prodigy.net.mx



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