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Objeciones de la memoria
Martí Batres Guadarrama
El Universal

Martes 13 de noviembre de 2007



Las inundaciones y los deseos de Calderón

Desde el principio de este sexenio, Felipe Calderón advirtió, señaló, casi amenazó: “El Distrito Federal se va a inundar de aguas negras por la falta de obras hidráulicas”.

Más adelante, poco antes del inicio formal de la temporada, volvió a vaticinar: “Ahora que vienen las lluvias, la ciudad de México se va a anegar”. Sin embargo, la inundación ocurrió en Guadalajara.

Este fenómeno dejó un buen número de damnificados. Incluso hubo personas que perdieron la vida y hasta algunos vehículos se fueron por el drenaje, arrastrados por la fuerza de la corriente. Entonces Calderón no dijo nada.

Días después insistió en el tema: “El Distrito Federal podría padecer la peor inundación de su historia”, pero terminó la temporada sin que aquello ocurriera. La capital del país no tuvo desastres como los vaticinados ni nada por el estilo. Pero Tabasco sí se inundó, y de qué forma. Aún en plena tragedia, Calderón porfió en el tema que según él dejaría saldos trágicos al Distrito Federal.

Eso sí, nada advirtió a los habitantes de Tabasco ni a sus autoridades locales. No urgió al gobernador de esa entidad para que su administración realizara a la brevedad las obras hidráulicas que todos sabían eran necesarias para evitar desastres como el actual. Ni un solo llamado de atención hizo a Andrés Granier.

Tampoco alertó al gobierno de Jalisco sobre tal posibilidad. No lo exhortó a inicio de este año para que realizara obras de drenaje profundo. No los regañó por la ausencia de obras preventivas sobre el particular.

En el Distrito Federal no se ha presentado un desastre hidráulico durante todo 2007. Pese a que cayeron las lluvias más torrenciales de las últimas décadas, en la ciudad de México, por fortuna, no ha habido desgracias que lamentar como sí las hay en las entidades ya señaladas.

Pero la obsesión de Felipe Calderón es el Distrito Federal. No le importa no prevenir a otros aunque les ocurran desgracias más tarde. Exige que no se politice el desastre ahí donde hay inundaciones severísimas, pero él todos los días lo hace mediante sus advertencias, justamente en la entidad donde no las ha habido.

Parece que reza todos los días para que haya un desastre en la capital de la República.



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