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Usos del poder
Alfonso Zárate
El Universal

Miércoles 24 de octubre de 2007



Exaltación de ineptitudes

El sábado 13 de septiembre, cuando apenas tenía unas horas de ocupar su pedestal en el municipio de Boca del Río, Veracruz, la estatua de Vicente Fox —una obra de tres metros de altura y 750 kilogramos de peso, de mediocre factura— fue derribada por vándalos identificados como priístas, una reacción porril a una imprudencia política, para decir lo menos, del cabildo de Boca del Río, que apenas pudo reinstalar la imagen para su inauguración formal para enseguida retirarla en forma indefinida.

Las autoridades municipales escogieron el peor momento para rendirle homenaje al ex presidente: justo cuando aparecen más y más evidencias de los abusos que desde el poder cometió la pareja ex presidencial: su repentino enriquecimiento, el uso de bienes ajenos a través de la figura del comodato, el tráfico de influencias para beneficiar a sus amigos y a su parentela…

Lo ocurrido en Boca del Río, lo mismo en lo que toca a la autoridad municipal que a los pandilleros del PRI, parece remitirnos a tiempos que creíamos superados. ¿Quiénes son más patéticos, los que erigen una estatua a un prócer de la ineptitud o quienes la derriban?

Pero la decisión de rendir tributo a embaucadores no es excepcional. En todo el país calles, plazas, bulevares, parques y colonias llevan nombres de antihéroes, personajes que abusaron del poder, que hicieron fortunas desde los cargos públicos y lastimaron al país. Muchas avenidas y colonias llevan los nombres de ex presidentes severamente cuestionados: Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo...

El nombre de Carlos Hank González, quizás el caso más emblemático del abuso del poder político en beneficio propio, prolifera por el país y tiene también, faltaba más, su estatua a la entrada de Toluca; por cierto, poco después de su inauguración alguien la pintarrajeó y dejó esta frase en el pedestal: “¡Ratero!”.

A toro pasado, el alcalde de Boca del Río, Francisco Gutiérrez de Velasco, ha anunciado que antes de desvelar de nuevo la estatua hará una consulta entre la ciudadanía y los actores políticos sobre la pertinencia de rendir ese homenaje a Fox. Pero no sería remoto que la estatua del bato con botas tuviera similar destino a la escultura ecuestre de José López Portillo, vendida como chatarra en 1998 por el gobierno panista de Nuevo León.

¿Qué se necesita para nombrar una calle o erigir un monumento? Deberíamos exigir que para nombrar una calle o para levantar un monumento a un personaje en vida se requiriera una consulta pública, que no baste un acuerdo del cabildo.

En 1986 Rafael Ruiz Harrell publicó un libro intitulado Exaltación de ineptitudes. Una visión crítica del presidencialismo mexicano. Por su actualidad y elocuencia tomé prestado el título para esta columna. Muchos monumentos, como este de Fox, son una verdadera exaltación de ineptitudes. A Belisario Domínguez, héroe cívico, le cortaron la lengua; a Vicente Fox, héroe cínico, deberían amarrársela.

Pero Fox no se cansa, aunque sus mentiras y omisiones, su frivolidad e ignorancia causen pena ajena. Y no sólo eso, pues hay quien ni la burla perdona: su todavía vocero, Rubén Aguilar, sostiene que alrededor de 95% de sus dislates a lo largo del sexenio fueron intencionales, parte de “una estrategia comunicacional” para ganar popularidad.

No favorece al presidente Felipe Calderón que cada día sigan apareciendo nuevas evidencias de los abusos del poder de Fox, Marta y su parentela, sin que tome cartas en el asunto. De no actuar judicialmente, los costos políticos y sociales para el gobierno de la República crecerán en las próximas semanas y meses. Para no ir más lejos, lo mismo en las contiendas estatales que en la elección federal intermedia, PRI y PRD tendrán en los excesos de la ex familia presidencial una gran cantidad de “municiones” para golpear la imagen de Calderón y minar la credibilidad de su partido.

Es imperativo hacer algo con Vicente Fox y Marta Sahagún, familiares y socios. Pero la respuesta debe ser institucional: no convertirlos en corderos pascuales, sino en un caso ejemplar, de gran valor simbólico, que ponga en claro que no habrá impunidad para quienes defraudaron la confianza de millones de mexicanos.



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