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Economía Informal
Macario Schettino
El Universal

Martes 16 de octubre de 2007



Aerolíneas

A pesar de que esta columna ha defendido siempre a la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), su decisión en el caso de las aerolíneas no parece correcta

Como usted sabe, Aeroméxico está en venta y Mexicana hizo una propuesta de compra. Parecía la mejor oferta, acompañada de cerca por el grupo liderado por José Luis Barraza y apoyado por Banamex, y un poco más lejos, la de los hermanos Saba. Sin embargo, la Cofeco decidió que Mexicana no puede comprar Aeroméxico, porque tendría dominancia en el mercado.

Esto quiere decir que una empresa que sumara las dos aerolíneas tradicionales controlaría una parte sustancial de los vuelos y, en consecuencia, podría promover prácticas monopólicas, reduciendo la cantidad ofrecida y elevando el precio. No cabe duda que este tipo de prácticas dañan al consumidor, y si hay una duda razonable de que podrían ocurrir, la Comisión hace bien en impedir la fusión, porque de eso se trataría.

Sin embargo, el análisis depende de lo que se defina como el mercado relevante. Si se considera como mercado sólo a los vuelos nacionales, no cabe duda de que Aeroméxico y Mexicana tienen una presencia muy marcada que puede llevar a la concentración indeseable. Pero si el mercado no es sólo ése, sino también los vuelos que conectan a México con otras partes del mundo, la combinación de las dos aerolíneas ya no es un asunto tan grave.

En esto, la llegada de aerolíneas de bajo costo ha cambiado el mercado de manera significativa. Hace unos pocos años, las dos tradicionales tenían prácticamente todo el mercado y aplicaban prácticas monopólicas, sin importarles la existencia de la Comisión. No tiene ni un lustro que resultaba más caro viajar al interior del país que a los estados sureños de Estados Unidos. La competencia, como sabemos, siempre beneficia a los consumidores, y así ha ocurrido con estas aerolíneas que cuestan poco, pero dan buen servicio.

Dicho de otra manera, si esta fusión de Aeroméxico y Mexicana ocurriera en los años 90, esta columna se opondría, porque resultaría en un claro daño a los consumidores. Pero en las condiciones actuales, el asunto ya no es tan claro. Es conocido de todos que en la mayor parte de los países existe una sola aerolínea grande, en muchas ocasiones acompañada de otras de menor costo. Esto es así porque mantener los mercados internacionales no es nada sencillo, y resulta mejor que sea una sola aerolínea nacional la que los cubra. No se me ocurre por qué podría ser preferible tener dos aerolíneas medianas a tener una grande, en ambos casos acompañadas de otras menores.

Si la preocupación es que el mercado nacional pueda quedar en manos de esta gran aerolínea, siempre existe la posibilidad de regular adecuadamente dicho mercado. Si hay un precio excesivo de esta gran aerolínea, habrá una renta disponible para las pequeñas, que no dudarán en aprovecharlo. Si hay la preocupación de que la grande pueda iniciar una guerra de precios, basta con ver la estructura de costos que cargan para ver la imposibilidad de ello. Aeroméxico y Mexicana tienen ya muchos años en esto, y por lo mismo arrastran contratos colectivos mucho más pesados que las nuevas aerolíneas, de manera que no pueden sostener una guerra de precios por mucho tiempo.

Como es natural, esta columna puede equivocarse. Sin embargo, no encuentro una razón de peso para negar la posible fusión y sí percibo ventajas con ella. No parece posible que esa gran aerolínea obtenga ventajas por su tamaño frente a su competencia nacional, que es lo importante para la Cofeco. Sí parece que puedan obtener ventajas frente a la competencia internacional, lo que a la Cofeco le debe tener sin cuidado, y me parece que nos beneficia a nivel nacional.

La competencia es una gran virtud, pero hay que analizarla con respecto al mercado relevante. Pedir competencia en fracciones del mercado no es razonable. Impedir la competencia en otros, tampoco. Por eso no nos gusta la decisión de la Cofeco.



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