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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Martes 16 de octubre de 2007 |
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De golpe y porrazo el sueño de que el estado se sumaría a los gobernados por AN se convirtió en una pesadilla Todo indica que asistimos al regreso del PRI, que se ha propuesto tener la mayor bancada en el Congreso en 2009 Si bien el gobierno estatal de Sinaloa nunca ha estado en poder del PAN, lo cierto es que desde los tiempos en que Manuel J. Clouthier construyó su liderazgo político —1982-1988—, esa entidad se convirtió en un fuerte bastión de los azules —que llegaron a tener el control de gobiernos municipales como Culiacán y Mazatlán, entre otros—, al grado que en las elecciones presidenciales de 2006, Acción Nacional ganó la mayoría de votos, seguido por el PRD y por un lejano tercer lugar del PRI. Por su crecimiento y fortaleza organizativa, el panismo sinaloense llegó a equipararse con la fuerza que en su momento mostraron bastiones como Jalisco y Nuevo León, y no eran pocos los que auguraban que luego del éxito electoral de 2006 —en donde Felipe Calderón arrasó al PRD y al PRI—, en 2010 Sinaloa se convertiría en una más de las entidades gobernadas por el PAN. Pero el panismo sinaloense no contaba con dos factores políticos que catalizaron la tragedia que vivió el pasado domingo el PAN de Sinaloa —perdió sus bastiones electorales y prácticamente fue barrido por el PRI en alcaldías y el Congreso local—: una guerra abierta que contra la familia Clouthier desató el señor Manuel Espino, presidente nacional del PAN, y un gobierno estatal del PRI que se propuso recuperar a su militancia mediante un agresivo programa de obras públicas en las zonas urbanas, otrora germen electoral de los azules. Así, en poco más de 14 meses, un partido político que se había llevado por mucho las preferencias electorales en una contienda presidencial como la de julio de 2006, fue borrado del mapa electoral en una contienda local en la que se eligieron alcaldes y diputados al Congreso local. Pero igual de significativo, pero en sentido contrario, un PRI que fue enviado al tercer lugar en julio de 2006, regresó en poco más de un año para llevarse casi el carro completo en las elecciones locales. ¿Qué fue lo que pasó? No hay mucha ciencia. Resulta que la llegada de Manuel Espino al PAN y su guerra contra la familia Clouthier focalizó al panismo en torno de Felipe Calderón. Pero al mismo tiempo la llegada de Roberto Madrazo como candidato presidencial del PRI —y gracias a las guerras del gobierno estatal con el tabasqueño—, enfocó al PRI sinaloense hacia la misma candidatura de Felipe Calderón. El PRI de Sinaloa votó por el candidato del PAN en 2006. El error del panismo fue no haber entendido que la de julio de 2006 había sido una elección coyuntural. Así, con una dirigencia nacional en contra, frente a un impensable triunfo en las elecciones presidenciales, y creyentes de que había llegado la hora de convertir a Sinaloa al color azul, los liderazgos del PAN pelearon por un “pastel” que no les correspondía, presentaron a candidatos ya quemados, muchos de ellos reciclados, y sólo confiaron en que arrastrarían el mismo voto que Calderón había alcanzado 14 meses antes. Error fatal. Perdieron todo, o casi todo, incluyendo el bastión histórico de Mazatlán, mientras que en la capital del estado, Culiacán, la derrota fue de escándalo: tres a uno a favor del PRI. De golpe y porrazo el sueño de que Sinaloa se sumaría a los estados gobernados por el PAN se convirtió en una amarga pesadilla, cuando la realidad política los colocó no en las lista de los ganadores, sino de los estados, municipios y congresos en los que el partido azul resulta derrotado: Yucatán, Aguascalientes, Zacatecas, Oaxaca, Chiapas, Durango y Chihuahua; paradójicamente, entidades donde el PRI se ha llevado el triunfo, y en donde el PRD también ha retrocedido de manera notable. Y viene a cuento el contraste entre la derrota electoral del PAN en Sinaloa, y los retrocesos que ha sufrido ese partido en los últimos 14 meses, para tratar de explicar el tamaño y la trascendencia del cambio que vivirá Acción Nacional en su dirigencia en las semanas por venir. Es decir, a la luz de las elecciones locales que se han llevado a cabo en los más recientes 14 meses, se puede concluir que el entonces candidato presidencial Felipe Calderón logró el triunfo el 2 de julio, a pesar de su partido y de su presidente, el señor Manuel Espino, incluso a pesar del entonces presidente Fox. Pero además, y en sentido contrario, que la candidatura presidencial de Roberto Madrazo fue para el PRI una suerte de anticampaña, o campaña contra muchos de los PRI estatales, que movieron todas sus estructuras partidistas a favor del PAN. Y por último, que el fenómeno López Obrador simplemente desapareció. Salvo contadas excepciones, el PAN en todo el país está hecho pedazos, en buena medida gracias a la confrontación que provocó la imposición de Manuel Espino por parte de la “pareja presidencial”. Y es que en Acción Nacional se llegó al ridículo de tener a un candidato presidencial que era antagónico al dirigente nacional de su partido, al gobierno federal emanado de su partido y que a final de cuentas ganó gracias, en buena medida, al voto del PRI, no del panismo. Frente a ese galimatías, frente a un partido azul que “tocó fondo” —y de cuya crisis en realidad Sinaloa no es más que un eslabón más—, salta la pregunta obligada: ¿tendrá algo que hacer el señor Manuel Espino en sus afanes por reelegirse al frente del PAN? La verdad es que Manuel Espino no tiene nada que hacer, y acaso por eso intenta una salida decorosa. Pero siguen las interrogantes. ¿Frente al tamaño de la crisis que vive el PAN, Germán Martínez es el hombre adecuado? Está claro que nadie lo sabe, pero lo que es cierto es que las elecciones federales intermedias —para renovar la Cámara de Diputados federal— están a la vuelta de la esquina y si el panismo se atiene a los resultados de los más recientes 14 meses, sus posibilidades de acrecentar su bandada en San Lázaro son muy reducidas. Más bien todo indica que asistimos al regreso del PRI, partido cuyos dirigentes se han propuesto tener la mayor bancada en 2009 y en dar la pelea para 2012. Ese es el tamaño del reto de Germán Martínez. Y es que el PAN tiene el poder, pero perdió al partido.
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