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Entre nos
Claudia Pérez
El Universal

Lunes 08 de octubre de 2007



Faltarle el respeto a las palabras no es ‘legal’

Con palabras hemos construido la historia y destruido a muchos seres humanos. Su resonancia funciona como un elemento transformador de la conciencia individual o colectiva. La Torah, la Biblia y El Corán contienen oraciones tan poderosas que dictan el rumbo del mundo independientemente de su comprensión.

La lengua es el arma más agresiva que tenemos para conseguir nuestros objetivos. Las palabras pueden estar cargadas de energía positiva y negativa, según la intención con la que se emiten.

A veces hemos dicho cosas que en realidad no queríamos decir y perdimos la oportunidad de transmitir lo que otro necesitaba escuchar. ¿Cómo remediarlo? Hay que volver al escenario a dar una buena función sin garantías de pago.

Medita lo que deseas para que puedas expresarte con claridad. Piensa en algo que te hayan negado anteriormente, recuerda el modo que empleaste para solicitarlo, ¿de qué otra forma lo hubieras podido pedir? Inténtalo nuevamente con menos palabras, elige las más amables pero contundentes.

Dicen que somos lo que comemos, creo que también somos lo que decimos. Las palabras encubren mensajes que nos describen aunque el oído no los perciba.

El oído y la vista son la vía que usamos para interpretar su parte oculta. Con el intelecto asociamos cada mensaje que recibimos con la información registrada en nuestra memoria y así generamos infinidad de construcciones mentales, dependiendo del contexto en el que nos encontremos. Cabe mencionar que además del intelecto, tenemos el mal llamado “sexto sentido” o intuición para descifrar lo que por lógica no tiene sentido.

lahojaenblanco@gmail.com



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