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Entre nos
Claudia Pérez
El Universal

Lunes 01 de octubre de 2007



La vida, sin derechos de autor

La casualidad es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar su obra, dijo el poeta Anatole France. Según la fe, el universo es obra de Dios, quien se manifiesta en todas las cosas.

Creemos en él aunque desconozcamos su rostro. Desde la creación sólo tenemos pruebas científicas de la existencia del mundo y muchas dudas sobre la teoría del Big Bang o de si el hombre realmente proviene del mono.

La vida puede considerarse un milagro o mera casualidad. Mi madre quería ser monja y mi papá estaba en un seminario Marista para convertirse en sacerdote. Soy la tercera hija de su matrimonio y todavía siento que nací por accidente.

No recuerdo que Dios me haya preguntado si quería nacer pero aquí estoy. Todos los días hago oración, creo en algo superior que tiene el control inherente de lo que contiene el globo terráqueo, aunque nosotros nos pensemos independientes.

Somos incapaces de planear nuestros sueños, entonces ¿quién es el autor? Somos responsables del cuidado de nuestro cuerpo y mente, a través del cual se muestra el espíritu de Dios, pero tiene por seudónimo el nombre propio de cada persona.

Cuando llueve y sale el sol, al mismo tiempo he visto cómo se dibuja un arco iris y cómo se desvanece en algún punto del cielo. ¿Quién es el pintor que da esos brochazos de colores fugaces? Puedo sentir la permanencia del aire invisible que respiro. El hombre descubrió que es capaz de admirar la profundidad del océano con un tanque de oxígeno.

Después de la tierra, el agua, el aire y el fuego podríamos considerarnos el quinto elemento, seres incompletos conmovidos por sus pasiones. Estamos incluidos en la “gran obra” para curar el arte de su autor, quien librado de vanidad no ha firmado su trabajo porque quizá le falte algo para terminarlo.

Jesucristo se presentó ante su pueblo como el hijo de Dios, tan convencido estaba del artista que lo trajo al mundo que murió en manos de los hebreos y según las escrituras, resucitó. Los cristianos creemos que así fue, lo evidente es que modificó el calendario mundial y marcó el inicio de una nueva era.

La historia cambió nuevamente el 11 de septiembre de 2001. En nombre de Alá, Al Qaeda hizo estrellar dos aviones en las torres gemelas de Nueva York, el suceso causó terror ante los ojos de las persona que instantáneamente pudimos ver el impacto a través del televisor, una imagen que sigue transformando el curso del planeta.

Aunque me esfuerce en interpretar las señales que se presenten en el camino, no sé lo que nos depara el destino. La única certeza que tengo es que todos jugamos un papel en este drama inexplicable y es opcional para cada quien buscar su objetivo.

lahojaenblanco@gmail.com



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