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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Martes 25 de septiembre de 2007 |
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Las minorías privilegiadas, según el Presidente, no han asumido su liderazgo Hacer frente a esos poderes fácticos no habría sido posible sin la suma de las partes Algunos de los 300 “líderes” que el pasado viernes se reunieron para escuchar al Presidente salieron molestos luego del encuentro y de escuchar el contenido y la fuerza del discurso de Felipe Calderón. “Que mejor predique con el ejemplo”, soltó uno de ellos, acaso sin entender la causa y el efecto de lo que había escuchado. Y es que, en efecto, el del pasado viernes 21 de septiembre es el más claro posicionamiento que ha expresado Felipe Calderón, desde que tomó posesión como Presidente de los mexicanos respecto del papel que en su gobierno deberán asumir “las minorías selectas” y las “élites” —como él mismo las llamó— de todas las expresiones del poder: empresarios, intelectuales, políticos, ministros de culto, deportistas y artistas. Pero además, el Presidente dejó ver que entiende su responsabilidad al frente del gobierno y del Estado, no sólo como parte de la pluralidad y la transición democrática, sino como un momento generacional —un cambio en las generaciones gobernantes— capaz de romper inercias históricas, doctrinas y hasta tradiciones, para lograr los grandes cambios —a favor de los que menos tienen— que reclama el México actual. Y pudieran tener razón quienes dicen que no se trata más que de retórica o hasta demagogia. Pero más que el beneficio de la duda, acaso valdría la pena extender la mirada hacia los hechos recientes, que dejan ver las probables causas y el efecto del discurso de Calderón. ¿Por qué un discurso como ese, de severa crítica a la responsabilidad de las “minorías selectas” y las “élites” frente a los que menos tienen y para resolver los grandes problemas del país, a 10 meses de tomar posesión? ¿Por qué ese no fue el discurso del 1 de diciembre de 2006, del 1 de septiembre de 2007, en el primer informe, o en los tiempos de campaña? El discurso no se dio antes porque antes Calderón no conoció y menos vivió lo que a raíz de las recientes reformas electoral y fiscal conoció y vivió. Es decir, la exaltación de las “minorías selectas” y las “élites” en defensa de sus privilegios, de sus cotos de poder y ganancias fabulosas, a costa de amplios sectores sociales que reclaman de manera urgente un cambio no sólo en el edificio institucional, sino en el comportamiento y la responsabilidad generacional de esas “minorías” y “élites”. ¿Qué fue lo que pasó en los jaloneos políticos por esas reformas? Por un lado, los poderosos grupos empresariales —muchos de cuyos capitanes están entre los 300— son los mismos que dijeron entender el impensable apoyo popular que alcanzó Andrés Manuel López Obrador, que acuñaron el grosero “peligro para México” y que respiraron aliviados cuando confirmaron que “la bala pasó cerca”, pero también son los mismos que durante la reforma fiscal se resistieron a hacer su parte —mediante el impuesto original de la CETU— para contribuir con ello a una mejor distribución de la riqueza. Mostraron una clara incongruencia entre lo que piensan y lo que hacen, reclamo que hizo Calderón frente a los 300. No fue todo. En la reforma electoral, otro no menos poderoso grupo de “minorías selectas” y “élites” —las de la otrora intocable industria de la televisión y la radio, el duopolio de la imagen y el puñado de familias que detentan la radio— cerró filas y por todos los medios trató de desbarrancar uno de los aspectos más positivos de dicha reforma: la separación de los intereses mercantiles de los procesos electorales, con la pérdida para el poder mediático no sólo de jugosas ganancias, sino del control casi total de la clase política, la democracia y el ejercicio del poder público. Esas minorías privilegiadas, según Calderón —y no es casual que según las notas periodísticas no acudieron al encuentro del Presidente con los 300, los capitanes de Televisa y TV Azteca—, tampoco han asumido su liderazgo y responsabilidad reales con la historia y con la actual generación de mexicanos. El poder mediático sólo defiende su propio poder y sus privilegios, y por eso su enojo con el discurso de Calderón, con frases como esta: “Cuántas fortunas se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad (los pobres) de mexicanos”. Tampoco aquí termina la causa y el efecto. Mucho se cuestionó que el PAN y el Presidente aceptaran la caída de los consejeros del IFE —aquí lo cuestionamos y los seguimos cuestionando—, pero el Presidente y el PAN avalaron esa caída no sólo por conveniencias políticas —la reforma electoral a cambio de la fiscal—, sino porque significó un paso más en el debilitamiento de esos “liderazgos incongruentes”. Es decir, debilitar a la señora Elba Esther Gordillo, aliada de Calderón en los tiempos electorales y beneficiaria de buena parte de su gobierno, pero ahora aliada del poder mediático. ¿Quién se opone a la reforma electoral, en su periplo por los congresos estatales? La señora Gordillo y los gobernadores aliados a su causa. En las dos reformas referidas, la fiscal y la electoral, Felipe Calderón hizo frente a las “minorías selectas” y a las “élites” del dinero —y claro que fue un trabajo político en el que intervinieron todos los partidos representados en el Congreso, sobre todo los tres grandes—, pero hacer frente a esos poderes fácticos y haberlos sometido no habría sido posible sin la suma de las partes —sean partidos y/o gobierno—, las que al amparo del discurso de Calderón sí habrían entendido su responsabilidad generacional. ¿Y los intelectuales? También a esos les tocó en el discurso. Les pidió hacer un México distinto “al de la oruga docta que pontifica y se sube allá a su torre de marfil y que tarde o temprano queda convertida en pedestal de imbéciles”. Y por supuesto que también hubo lugar para los periodistas y sus liderazgos. Pero ese lugar se ganó a pulso y en los hechos. El discurso de Felipe Calderón fue mal reporteado y mal jerarquizado por la mayoría de los reporteros y las redacciones. Tan mal estuvo el asunto que el mensaje se conoció más por la “opinocracia” que por la radio, la televisión o la prensa. Y sí, puede ser un puñado de buenas intenciones, de ideas y sueños. Pero por lo menos ya hay eso. Al tiempo. aleman2@prodigy,net.mx
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